La letra con sangre entra.
La letra con sangre entra.
Viejo refrán, muy utilizado como excusa en tiempos pasados, que quiere decir que suele ser necesario el castigo, físico o moral, para que el alumno se aplique a las enseñanzas del maestro o padre o tutor. Sin unas dosis de temor no suele a veces ponerse la atención necesaria o adecuada en el tiempo del estudio.
El cachete, la bofetada, las palmadas en el culo, la colleja, los tirones de oreja, los varazos en las manos o en los nudillos eran los más que frecuentes castigos físicos. Los morales eran peores o mas sádicos, desde el ponerse las orejas de burro delante de la clase o, en algunas zonas, el capirote, al ponerte de rodillas durante más de una hora a veces cara a la pared agravada muchas veces por cargar en la manos libros bastantes pesados. O el enviarte a las clases de los peques durante una mañana o, peor aún, a la clase de la niñas ¡qué vergüenza!, o el quedarte en clase de los recreos mientras todos corrían a por los bocatas o con la pelota jugaban al futbol.
Eran mil tipos de suplicios institucionalizados para hacerte un hombre o mujer de provecho pero a los que se le aplicaba de forma continua e incesante, cada día, no lo aprovecharon muy bien por lo que se vio y los que, al final, aprovecharon las clases y salieron bien adelante no les hizo falta. Es decir, en la práctica no dio los resultados que se preveían y no los va a dar nunca.
Es cierto que hace falta un poco de presión con los escolares, presión bien comprendida, no violencia continua, menos aun violencia oficializada. Presión en el hacer día a día, en la costumbre, sana, de estudiar, de leer, de estar con ellos en la mesa y verlos avanzar y felicitarlos cuando las cosas les salen bien. De estudiar con ellos cuando son pequeños, que cojan el entrenamiento adecuado y se vean respaldados por los padres. He ahí la gran cuestión y el meollo del triunfo.
No a la violencia y, lo reconozco, más de un azote he dado a mis críos, si, no lo discuto, no lo pongo en duda. Un azote en un momento determinado, un cachete a tiempo, también, pero como último recurso y no por norma, la excepción a la regla.
La letra con sangre no entra.