Mis clasicos: 1997. Rescate en Nueva York.

Publicado 18 enero 10 08:16 | adolvafer 

Hay películas que marcan de por vida, pocas por fortuna. En mi mente, así a bote pronto, podría decir unas quince o veinte. Películas especiales o películas de momentos especiales que no significan lo mismo. No es lo mismo “Solaris” con mi novia en el cine o “20.000 leguas de viaje submarino” en el cine del barrio en una época de verano.

Y Solaris es una joya y “20.000…” es otra joya. La primera de carácter cuasi filosófico y de amor a raudales, de mi a mi actualmente mujer; la segunda fue una experiencia vital, llena de sueños y de despertar a la vida.

Está en mi mente como una de las grandes, de las tópicas, de las recordables. Pocas veces entado en la butaca de un cine de sesión continua, me lo pase tan bien como viendo a esta película; un bizarra puesta al día de las típicas y clásicas películas del oeste americano, el de siempre, el de Hawkas, el de Ford, el de Huston. Aquí este pequeño genio de Carpenter hace un batiburrillo y con tintes de Ciencia Ficción futurista, de apocalipsis sociales y mundiales, de aventuras bizarras, de decadencia, de crítica social y sobre todo critica policial o al sistema,…CON UN PUÑADO DE VIEJAS GLORIAS QUE ES UNA GOZADA VERLAS EN la gran PANTALLA CON UN Lee Van Cleef como contrapunto de Kurt, Leonard Pleasence dando vida a un presidente miedoso y cagon y cutre; Ernest Bornigne en el papel grande y entrañable, la gorra amarilla le quedo muy bien.
Pues volverla a ver, la televisión digital, me ha hecho pasar unos momentos geniales, de nuevo chico, más joven, de nuevo soñando con aventuras sin fin, con la inocencia de una vida por delante que será más gris de los que uno quisiera y más tranquila de lo que debiera.

Esta, de la que quisiera hablaros fue una de esas películas impactantes. Cine aventura. Cine con crítica dura y sorda, ironía luces en la pantalla. Cien hechos humores negrísimos que te calaba hasta los huesos. Y dejabas al capitán Nemo o al profesor…. y te querías transformar en “Serpiente”, el anti héroe y, encima, molón, guasón y capaz de todo lo bueno y lo malo. Todos podrían morir pero el siempre se saldría con la suya.

¡Sí!, Serpiente. Con un solo ojo, con un parche como John Wayne en “Valor de ley”, el único óscar de su carrera (espero que no haya sido por el parche solamente); con ecos de la mal por antonomasia del cine y esa gran actriz que fue Bette Davis, capaz de hipnotizar a una serpiente con la sola mirada en “El aniversario”.

Y era de ese director, recién descubierto, de esa genial re visitación del lejano oeste en “Asalto a la comisaría del distrito 13-1976), de esa creación de todo un nuevo género cinematográfico que fue “la noche de Halleween-1978) y esa peli de terror total de “la niebla-1980”. Era el director John Carpenter, una especie de marginado y que marcaria su ruta y los ritmos de la misma. Nada convencional iría haciendo lo que más le gustase y que, por norma general, siempre nos gustaba a nosotros, la panda. (Después haría esa joya de “La cosa”, esa visita al universo King con “Christine”, esa comedia fantástica “Golpe en la pequeña china”, terror puro y duro con distintas variantes en “El príncipe de la tinieblas, Están vivos, Bolsa de cadáveres”. Visito, nos hizo temblar y ver el universo de Lovecraft en, “En la boca del miedo”. Recreó de nuevo “El pueblo de los malditos”, superando, ya es difícil, al original. Toco, como no, el mundo de los vampiros en “Vampiros” y se atrevió con osadas propuestas televisivas como “El fin del mundo en35 mm” y el horror absoluto en “pro-vida”…Es Carpenter. Es John Carpenter. El que nunca ganara el óscar pero está en nuestras neuronas y  retinas.

Se rodeo de su equipo habitual (es decir de el y unos pocos mas pues el se metió en el guion, la música, etc…) y con Kurt Russell, Lee Van Cleef, Ernert Borgnine, Donald Pleasance, Isaac Hayes, Harry Dean Stanton, Adrienne Barbeau,  Tom Atkins, Season Hubley.

El antihéroe es un pasota, todo le importa un comino, se esconde tras una máscara medio irónica y medio cruel, solo para el y su supervivencia y, con el, el actor perfecto para el papel, un Kurt Russell genial y perfecto.

Y Van Cleef como homenaje de nuevo al cine del western, en concreto a su maestro Howard Hawks y al europeo Sergio Leone, a los espaguetis y al cine de segunda categoría pero imaginativo y con pulso.

Para presidente encontró la joya de Pleasance, un actor de medio pelo que significo mucho para el cine americano y muy desaprovechado por desgracia para nosotros, poco antes había rodado con el la de Halloween, que, aquí,  recreó un presi muy cobardica, que se mea en sus pantalones y que, más tarde, al final de la cinta, con la metralleta en la mano se vengara de sus captores a su manera. Donald se crea y se recrea en este personajillo que es la más poderosa persona sobre la tierra enseñándonos a un hombre real, ente pusilánime, cobarde, temeroso y sin dignidad. Todo un retrato de más de uno en ambos lados del atlántico.

Y por si nos faltaba algo nos rescata del olvido a Borgnine, el inolvidable Marty, el carnicero, aquí en un papel a su mediada, bonachón, simpático, valiente a su manera, siempre dispuesto y capaz; el perfecto taxista para esa ciudad, por supuesto.

Y para el otro malo, pero el malo de verdad, hasta tontorrón, que son los buenos, pues que menos que Isaac. Una buena sorpresa, un encuentro se lo debió de pasar pipa rodándola, haciéndose pasar por ese jefe de la zona que quiere ser el amo del mundo y que tiene al presi en su poder, en sus manos pero no cuenta con el amigo “Serpiente” incluso lo minusvalora y eso será su perdición.

Sin embargo la lucha de personajes será entre Kurtz y Van Cleef, no sé quién gana, los dos quizás.

Una gran fotografía y una música, marca de la casa, dentro de una producción con un encanto muy especial, tanto, que algunos la consideran la mejor del director y otros la tienen en sus altares si bien la secuela, que la tuvo, fue un fiasco para todos.

La broma de que sea Nueva York una ciudad cerrada al exterior por altos muros, una ciudad llena de bandoleros y convictos, una gigantesca cárcel regida por el más fuerte apodado “El duque”.

El concepto de tiempo que le queda de vida al protagonista para resolver la situación  es inteligente, se abusara y mucho de ella posteriormente, sobre todo en producciones televisivas, pero aquí crea una situación límite, marca casi el ritmo y la tensión va creciendo por cada hora que va pasando. Al final, en esa falta de tiempo, los secundarios de lujo irán feneciendo de forma tan rápida como inútil.

Una de la mejores de Carpenter, una imborrable en mi memoria. Y un final digno de mejor suerte…como ese coche del duque que debió ir al desguace del mal gusto.

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