La joven de la perla.
La joven de la perla de Peter Webber.
El cine, como espectáculo visual, entra por los ojos y, unas pocas veces, muy pocas por desgracia, se mete en nuestro interior con fuerza. Es la fuerza de la imagen, la composición de formas y masas, la luz y las sombras, la luz como juego de colores, la perspectiva. Es la fotografía en movimiento y por el camino a esas acciones algunas veces se pierde.
Pero el cine es algo volitivo. Hay que desear ir y ponerse en camino, acto de voluntad, realización de un mini proyecto. La televisión no, esta ahí en un segundo plano, como una voz, muchas veces mientras tomas un café o charlas con la mujer o simplemente lees el periódico del día. No deseas nada que te ofrece, alguien, medio aburrido la encendió y así la dejó, incluso es posible que ya no esté en el salón, otros lugares, otros quehaceres. La televisión ese gran medio cultural como decía nuestro genial amigo Groucho: “La televisión da mucha cultura, cuando alguien la enciende yo me voy a la biblioteca”. Pero, alguna veces, algo te atrapa, normalmente es alguna noticia feroz o intranquilizadora; algo del sonido, no la ves, no la quieres ver, pero las palabras llegan a ti como con sordina, mal sucedáneo de la radio…muchas menos veces levantas la vista y ves reflejado algo interesante en la pantalla, ¡aleluya!, algo que vale la pena...y así dejas lo que estás haciendo y ves lo que, de pronto, te llamo la atención. Son pocas cosas, pocas…pero un día, de noche, ayer mismo, estás leyendo “La princesa de hielo”, absorto en su trama decimonónica y, entre nosotros, un poco pueril y absurda disfrazada de novela negra con toques góticos, y contemplas a una hermosa joven como salida de un cuadro de Vermeer. Debo confesar mi especial interés por esos cuadros, pocos, una treintena, cada uno una lectura visual sorprendente y alucinada en los juegos de luz, en las miradas, en las composiciones. Así, allí, en la pantalla de 32” una joven preciosa y sensual en una fotografía soberbia y la atmosfera total del pintor y, claro, el libro se pone al lado con su marcador, a ponerse las gafas, bien valía la pena, y a ver la película…
Una maravilla visual, una casi perfección fotográfica, una ambientación perfecta para un profano como yo pero inspirada en los cuadros del autor holandés, esos vestidos, todos esos objetos que salidos de sus cuadros, recreados ex profeso. Esos personajes perfectamente trazados, ideales para ser contemplados, esos canales y sus barcos….todo un gran homenaje a los cuadros de Vermeer. Una película para ser degustada, paladeada con ganas y a pequeñas dosis, contempladas con ese especial placer que da el arte con mayúsculas. Son como los cuadros del propio pintor pero con movimiento, como si pudieran hablarnos, que ya lo hacen pero de otra forma.
La joven, una maravillosa Scarlett Johansson; la película realmente es ella y la luz, el color, el encuadre. Da vida a la joven Griet que entra a servir de criada en la casa del pintor Johannes Vermeer con el que, pronto, entabla una especial relación basada en intuiciones, en saber algo mas de la belleza y de la composición. La mujer de Vermeer se pone furiosa y celosa a pesar de que le va dando hijo tras hijo (cuenta que tuvo 15). Al final el comerciante local Van Ruijven le pide que pinte, para el, a Griet, lo que hace recreando el cuadro de “La joven de la perla” con consecuencias para la joven que se presta a posar para el dueño y señor.
Esta historia, que nace de ese cuadro, está escrita por Tracy Chevalier, una notable y sencilla novela de gran éxito en su momento en la que se inventa a la mujer del cuadro creando una historia en torno a ella y la relación con el pintor. Incide de forma clara la división de la sociedad en aquellos tiempos que se dividían entre católicos y protestante, sus problemas de relación, esa cierta antipatía y lucha por ser más y poder más y, sin embargo, convivir plenamente en todo. Y la burguesía floreciente y pujante en el comercio.
“La joven de la perla” se pinto hacia 1665, es el momento cumbre de su pintura. Un cuadro que alcanza cotas de sencillez inusuales, sobre ese fondo oscuro, con la luz que viene de la izquierda, todo se centra en esa mirada entre sorprendida y amorosa, en esos labios rojos, ligeramente abiertos, y, contrastando, esa perla inusual que brilla con luz propia, todo enmarcado en ese turbante azul como algo exótico y lejano. Parece está volviendo la cabeza ante la llamada de un novio o de un viejo amigo de forma deliberadamente lenta. (Yo, personalmente prefiero “La encajera”.)
El pintor es aquí Colin Firth, y están en el reparto Tom Wilkinson, Cillian Murphy (aprendiz de carnicero), Judy Parfitt (la suegra de Vermeer), Easie Davis (la mujer del pintor).
La maravillosa fotografía, todo un decálogo de buen hacer, es de Eduardo Serra, atrapante, desbordante de color patinado por el tiempo, luz y luz y sombras…maravillosa, increíble lo conseguido. Ya lo dije y lo repito, la película es Scarlett y la luz.
La música, en cambio, no logra dar con la tecla adecuada, no es mala, pero es para otro film, no este, tan lleno de paz y serenidad.
El director es Peter Webber. Toda sensibilidad y buen gusto, hace una película redonda sin caer en el aburrimiento y eso que solo habla de sentimientos, de ideas, de pasiones, de arte, apenas grandes diálogos, apenas acciones o aventuras. Todo más bien comedido como no podía ser menos en una sociedad más bien puritana. Un siete muy comedido.
Ya tiene la peli sus seis añitos, no pasa el tiempo, vuela. Se mantiene la calidad.
Hay momentos especialmente interesantes en la película, cuando sube por primera vez al cuarto de la preparación de los colores y este le enseña cómo se hacen; la escena que recrea el cuadro de “Mujer con aguamanil”; las escenas previas al gran cuadro que da nombre , como le pide que s équite la cofia a lo que ella se niega, mas tarde al ponerse el turbante como su melena rojiza y bella, brillante como una nube de estrellas, es contemplada con arrobamiento por el pintos medio escondido, como le pide que se ponga el pendiente y, más tarde, le perfora la oreja, como un acto de desposa miento, de desvirgamiento o de amor total entre dos seres que pertenecen a mundos distintos-es esta una escena intima y fugaz, sencilla y difícil, llena de silencios y miradas y música- y cuando el pintor le pide se humedezca los labios….con ellas esas otras dos, plenas de energía y casi violentas. La mujer del pintor quiere ver el cuadro y se queda casi muda viendo lo que pinto su marido y le dice que porque no la pinta a ella. La segunda el deseo negro y sucio del mecenas que arrincona a la joven mientras tiende la ropa al sol.
Ver la peli, leer el libro, buscar algún cuadro de Vermeer y degustarlo, es lo mejor que podéis hacer. Es un buen consejo.
Y no dejéis de visitar la página del pintor en:
http://www.artehistoria.jcyl.es/genios/pintores/3661.htm
Con una larga lista de cuadros en:
http://www.artefamoso.com/obras-artel/vr/Vermeer.html?gclid=COySv4ejhZ8CFVtn4wodyD8pIw