Un cine: la niebla de Stephen King, perdon, de Frank Darabont.

LA NIEBLA de Stephen King, perdón de Frank Darabont.
2008. Terror. P: 9/10.
Director: Frank Darabont.
Interpretes: Thomas Jane, Marcia Gay Harden, Laurie Holden, Andre Braugher, Toby Jones, Willian Sadler, Jeffrey Demunn, Frances Sternhagen, Alexa Davalos y Nathan Gamble.
Musica: Mark Isham y Death can dance
Fotografia: Ronn Schmith.
Efectos especiales: Howard Berger y Greg Nicotero.
Según novela del mismo título de Stephen King.

Sinopsis: Una familia típica medio americana: el padre (pintor comercial), la madre y un niño pequeño en su chalecito al lado de un hermoso lago; un vecino con el que no se llevan muy bien. La tormenta, de las más duras de los últimos años. Se refugian en el sótano y al salir se encuentran con que el viejo árbol familiar se ha empotrado en el ventanal principal, el de la gran y bella perspectiva del paisaje. La niebla al fondo va invadiendo todo.
Con el vecino, tita y afloja, van al supero r varia cosas allí los envuelve la niebla y con ella cosas terribles. No pueden salir, están atrapados pero dentro las cosas tampoco son muy buenas, pronto, espoleados por la Srta. Carmody un histerismo religioso y malsano empieza a hacer campo de cultivo entre los asustados parroquianos…

Comentario: Bueno, un relato de King llevado al cine y van más de cien. No es malo pero tampoco significa, en principio, nada bueno. Pero esta Darabont, el de la varita mágica y le da la vuelta a la novelita (poco mas de 200 páginas), lo retoca aquí y allá, se esmera en la confección de las bicho, la alarga hasta las dos horas y ¡tralara! Se saca una película más gamberra, mas histriónicamente de serie B, divertida, absorbente, sensacional. ¡A disfrutar!
El meollo es el mismo del libro, todo King esta allí, los retoques están en el uso de los tres soldados, la explicación abierta y clara que se da al problema y, sobre todo, el final más que nada, al que el cambio de música para meter la canción de los “Death can dance” es inconmensurable acompañado a la fotografía densa y rica, difícil por el espejismo de la niebla y las sombras fugaces.
Darabont da en pinceladas gruesas lo que puede ser el terror colectivo, un grupo numeroso y variopinto atrapados en un recinto cerrado frente a la amenaza desconocida que los mantiene cautivos. Hay miedo, hay terror y la pregunta que nos vamos haciendo es que son mas monstruos los de fuera o los de dentro. Es ese otra lectura, muy negra y desasoguedora, la que por debajo nos deja un toque acido, inmediatamente tomamos partido pero vemos al vecino, al amigo y nos preguntamos en cuál de esas pieles estarían, o ese vecino de butaca que nos ha tocado hoy…y eso es lo que realmente nos da miedo, dudamos de nosotros y de los demás preguntándonos si no despertara el m0nstruo que todos tenemos dentro, por ahora, dormido esperando al niebla para salir y dominarnos.
Los personajes típico y humanos: el sentido común del protagonista y artistas, los lideres sin capacidad, las sorpresas de gente como el cajero que resulta ser un héroe, y la loca seudo-religiosa que los llevara hasta la petición de sacrificios humanos, la mujer que tiene que afrontar sola la búsqueda de sus hijos solos, etc.…Muy todo en la línea de “El señor de las moscas” solo que aquí nos preguntamos que donde están los auténticos monstruos, dentro o fuera de la paredes del supermercado.
¿Los monstruos? tienen algo común en todos ellos que les da una uniformidad natural y creíble, del otro lado, el que retrato Lovecraft, y que, hacia el final, nos deslumbran con uno de esos dioses antiguos caminando por la tierra, el hermano de Chuluth, Hastur o….
Oscura, arriesgada, atrevida, parábola sobre el hombre y el concepto del bien y el mal, no deja indiferente, incluso divertida, de esas de las de comer palomita mientras la boca está abierta y el corazón en un puño.
Una curiosidad: En la primera escena se ve al protagonista pintando carteles de cine, concretamente la imagen del pistolero de “La torre oscura”, con dicha torre al fondo como inalcanzable y la rosa a la derecha, por lo que muchos están viendo la posibilidad de que, al fin, sus aventuras sean llevadas al cine. Un poco más al fondo está el cartel de “La cosa” de John Carpenter, que lo hizo el mismo pintor, que desmiente un poco eso pero ya veremos, siempre queda la esperanza.
Aparte de la canción final, ya un poco antigua y recordada en otras pelis y spots, la banda sonora es excepcional, me maravillo y oída luego, sin las imágenes, es tan estremecedora como sugerente.
No hay que perdérsela, a verla y en cine, perderá bastante en la televisión, no os arrepentiréis.