Poesía y micro-relatos

De tu corazón al mío

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ALDEA PERDIDA






      Desde hacía mucho tiempo me venía rondando la cabeza la idea de perderme en algún sitio apartado de la mal llamada -en mi opinión- civilización y, hace un par de años tuve la oportunidad de conocer una aldea que yo creo que no figura ni en los mapas; la llaman “Aldea perdida” y no me extraña; muy pocos son quienes han tenido ocasión de visitarla porque, casi nadie ha oído hablar de ella.

      Es un lugar al que se accede a través de un camino de cabras y con un maravilloso paisaje a lo largo de todo el recorrido. Mi sorpresa fue cuando, al llegar al lugar de mis anhelos, descubrí un marco incomparable de belleza y fraternidad. Me recibieron como si yo fuera alguien importante; observé que las casas tenían las puertas abiertas y sin cerradura, me extrañó y así se lo hice saber a mi amigo; el alcalde -que iba a mi derecha- al escuchar mi apreciación, me dijo:

      -¡Aquí todo es de todos! robar a un vecino sería como robarnos a nosotros mismos y eso no tendría mucho sentido ¿no cree?. Somos una familia, lo que hay se comparte y cuando no hay … nos apretamos el cinturón todos.

      He de confesar que dicho así queda muy bien pero a mí, sinceramente, me parece una utopía, claro que, como “Aldea perdida” ya daba, de por sí, una imagen que distaba mucho de la realidad pues también pudiera ser -pensé- que lo que decía el alcalde fuera, allí, realmente un hecho.

      Como había ido con la intención de quedarme un mes, todos y cada uno de los vecinos querían acogerme en su casa: ¡venga usted a la mía! -me decía uno- mi esposa cocina muy bien. No, no, mi casa es más fresquita porque está orientada al norte -me decía otro-. El alcalde me susurró al oído que en la suya iba a tener todo cuanto necesitara … entonces yo dije: ¿No hay una posada …? Es que no quisiera molestar a nadie.

     Todos se echaron a reír, los vecinos que iban saliendo de sus casas y sumándose a la comitiva se rieron de mi pregunta. ¿Una posada? -repitió el alcalde- ¿para qué? -añadió-. Aquí como ya le he dicho somos una familia.

      Siempre me ha gustado la gente hospitalaria pero aquello ya me estaba resultando sospechoso … al final y por unanimidad decidieron que me quedara en la alcaldía; allí me instalé los cuatro primeros días ¡a cuerpo de rey, eso sí!. Al cuarto día llegó otro visitante a la aldea; le recibieron con los mismos honores que a mí y, entonces, decidieron “por unanimidad” que me trasladara a casa de Venancio “el panadero” para que el recién llegado ocupara mi lugar en casa del alcalde y así, este hecho se sucedía cada cuatro días con lo que al cabo de un mes éramos unos cuantos los que andábamos repartidos por todo el pueblo. A mí me producía cierta desazón el hecho de que ni por un momento nos dejaran cruzar palabra a solas, siempre nos interrumpía alguien y cuando paseaba por el pueblo o sus alrededores me sentía en perpetua vigilancia; era como si todos los ojos de los habitantes de la aldea estuvieran clavados en mi cogote.

      No me dejaban pagar nada: ¡su dinero aquí no vale -decían con una amplia sonrisa-.

      Recuerdo a un joven, de unos veinte años, “el tonto del pueblo”, vivía a las afueras pero todas las tardes se acercaba a la plaza del lugar; los parroquianos le decían: “¡Eh tú, ven!. Si me haces un trabajo te doy una moneda de oro o seis kilos de paja”. El chaval decía: ¡quiero la paja!. Lo mismo cortaba leña que arreglaba un tejado o acarreaba agua y todos los días se iba con la paja a cuestas. Una tarde que me lo encontré a solas se me ocurrió decirle que le estaban engañando porque, si bien, la paja abulta más, el oro tiene mayor valor.

      Me miró sin parpadear y me respondió: Este invierno cuando vengan las nieves y no haya paja para dar de comer al ganado ni para hacer adoquines … tendrán que pagarme a precio de oro todo lo que me han pagado a precio de paja y si les pidiera la moneda no me encargarían trabajos más de dos días seguidos.

      Decidí que era muy listo el “tonto del pueblo”

      En cuanto a mí ¡qué puedo decir! Pasé un mes muy tranquilo si me refiero a que no se oía ni el zumbido de una mosca ni de día ni de noche pero, incluso, cuando me iba a dormir lo hacía con un ojo abierto y, sin embargo, ni con ese ojo pude ver la estrategia de todo un pueblo para con los forasteros. El día que me marché salieron todos a despedirme con la banda de música tocando sin parar y el alcalde me hizo entrega de un cencerro al tiempo que me decía: “como estoy seguro de que no volveremos a vernos, conserve este recuerdo”.

      -Bueno, nunca se sabe -contesté yo-.

      -Si le diera por volver -me respondió- que no creo, traiga con usted este cencerro y desde cualquier parte de la montaña sabremos de su llegada … me tendió la mano y el resto del pueblo cruzó los brazos sobre el pecho como fundiéndose en un abrazo comunitario.

      Según el plan previsto, cuando bajaba por el camino de cabras, iba pensando en la semanita que me esperaba en París y puesto que no me habían dejado pagar nada tenía más que suficiente para disfrutar del viaje. Mi sorpresa fue cuando descubrí que me habían robado hasta el último céntimo, no me habían dejado dinero ni para tomar un café; entonces comprendí por qué no me dejaban pagar, si hubiera echado mano de la cartera en algún momento me hubiera dado cuenta …

      Efectivamente, no he vuelto por allí, a partir de entonces mi dinero me lo gasto como quiero y con quien quiero, prefiero que no me inviten, sale demasiado caro.




Publicado martes, 17 de julio de 2007 15:53 por poesiaactual_23C24

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Comentarios

# Cálida Brisa @ martes, 17 de julio de 2007 23:26

No sé si es fantasia o realidad, pero me ha parecido soberbio el relato.
Tanta amabilidad a veces es engañosa y agobia, en este caso más.

Un saludo

# Consuelo @ miércoles, 18 de julio de 2007 10:23

No os he dicho que la fotografía que he puesto para ilustrar el relato es del pueblo de Frías (Burgos) como podeis comprobar es un lugar de ensueño ¿o no?. Gracias Cálida Brisa por tu visita, vuelvo a decirte lo mismo déjame tu URL para acceder directamente a tu blog. Un beso a tod@s.

# Joselyn @ jueves, 19 de julio de 2007 4:35

Hola consuelo Amiga mía, tu relato como dice Cálida Brisa , añadiendo suena algo familiar en los entornos de la sociedad, es muy encantador leerte, te admiro mucho, tanto como a Malena son dos personas que admiro!!! en sus formas de escribir, me inspiran mucho a seguir trabajando en mi forma de crecer en escribir. Un abrazo de amistad Hasta pronto!!!

# Wongduang @ jueves, 19 de julio de 2007 8:06

Consuelo,
A medida que iba entrando en tu fantástica Arcadia de leche y miel iba buscanda la pega... Con maestría nos la guardaste para el final. Muy buen relato. Tienes mucha imaginación. Cambio un poco de tu imaginación por algo de mi experiencias viajeras.

wongduang

# Mi Chica @ jueves, 19 de julio de 2007 11:10

Que chasco!!,jejeje.

Buen relato.

Un beso.

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