Las Personas: Una Visión de Dios y otra del Diablo
Si hoy Dios se decidiese otra vez acabar con el mundo, no tendría razones para no hacerlo, porque en cierto no habría ninguna persona que mereciese ser salva. Pero, como la propia Biblia cuenta, Él hizo una alianza con Noé de que no destrozaría el mundo nuevamente, sin embargo, maldiciendo a su propia creación: que ésta tendría el poder de se destrozar sola, no siendo necesario ningún tipo de fuerza externa o sobrenatural.
En una concepción Divina, el hombre aún tiene mucho a aprender con sus errores, aunque parezca que ni toda la adversidad le ha sido suficiente para ello. El ser humano necesita tener más amor al prójimo y no apenas el amor propio. Si es que realmente tiene amor propio, pues si lo tuviese no cometería tantos errores por descuido o por falta de amor a si mismo. En fin, todos poseen la misma chance de ir para el Cielo.
En una concepción diabólica, el hombre ya tuvo todas las oportunidades del mundo para se corregir y no las aprovechó. Siendo así, su veredicto sería un pasaje sólo de ida para el infierno con el HellCard. El ser humano es egoísta, pero también no está errado a pensar solamente en él, porque nadie piensa en los demás hoy.
El hecho del ser humano tornarse cruel con su prójimo no se está apenas en las grandes cosas como matar, robar y agredir, pero principalmente en las pequeñas. Varias actitudes, las cuales no se tiene importancia son las más fáciles de se condenar a alguien.
Es muy común, por ejemplo, en un ómnibus llegar un viejo y nadie ofrecerle el asiento, porque todos se miran no sabiendo qué cara poner, esperando que otra persona haga ello, o entonces, fingiendo que no lo había mirado. Lo mismo se sucede a los discapacitados y mujeres embarazadas. Otra prueba del descuido o falta de gentileza es el hecho de se estar en un ómnibus lleno, y nadie cargar la bolsa o la mochila de quien estuviere en pie.
Otra situación es la de un ciego en la calle, caminando solo, y muchas veces no aparece siquiera un alma buena para ayudarlo a atravesar en el semáforo o conducirlo a determinado lugar.
Cuando se pasa por determinadas calles, hay siempre alguien pidiendo un dinerito o que se pague una merienda, y la mayoría de las personas simplemente dicen que están sin dinero y continúan a caminar como se aquella situación de ver alguien limosnando no tuviese ningún significado en sus vidas. Para decir la verdad, desde que cada uno esté con la barriga llena, la de los demás parece no tener ninguna importancia. Quizás se esté realmente sin plata. Puede ser que aquel pordiosero allá fuera esté fingiendo y sus actos ya tengan se tornado en una profesión. ¿Pero, Cómo saber de ello?
Se está en una tienda, por ejemplo, el cajero te da la vuelta más allá de lo que debería, y difícilmente alguien devuelve la diferencia para el funcionario. Es claro que si lo dio errado es problema de él, hasta porque tú no robaste nada. Sin embargo, el valor que faltar en el final del día tendrá que ser pago del salario de aquel empleado, ya que estaba en su responsabilidad. El peor de todo es que muchas veces se hace ese tipo de cosa hasta con un conocido o amigo.
Un amigo te cuenta un secreto y es lógico, tú no puedes decir a nadie. Pero, tu lengua habla más alto que su cerebro y en fin, cuenta para otra persona, aunque ha sido con la mejor de las intenciones. Empero, hay el riesgo de ésa otra persona llegar hasta tu amigo y decir que ya sabe del secreto o todavía peor, contar para otras personas.
En fin, existen muchas otras actitudes que, aparentemente, no son capaces de llevar alguien para el Cielo o condenarlo para el infierno. Pero, no es una sólo que va cambiar todo, pero su sumatoria, pues cada acto se acumula, así como una pila llena de platos y tazas o una basura en alguno lugar que va se amontonando. Puede parecer que no, pero hacer cosas como ésas no es pecado, pues no se está escrito en ningún lugar, empero tener conciencia de un error y no corregirlo, lo es.
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