La Niña Que Estaba Apasionada
Estaba yo en un autobús indo para la universidad, cuando de pronto, llega una niña que debería estar entre los 14 y 16 años. Ella venía muy sonriente y había sentado a algunas sillas cerca de mí. De repente la escucho charlando con un hombre, que estaba muy apasionada. Aquello me había dejado sorprendido: no el hecho de estar amando alguien, pero el coraje que tuvo en decir eso para un desconocido. Sin embargo, ella tenía síndrome de Down, y eso me impresionó muchísimo, pues otra persona jamás diría a uno desconocido sobre sus sentimientos. Al mismo tiempo, me encantó mucho la actitud de la niña, que volvía muy feliz de su escuela.
Sólo estoy escribiendo este texto, porque la actitud de la niña me ha echo a pensar, pues muchas veces se pierde un amor por miedo en confesarlo o simplemente decir a nosotros mismos que nuestro corazón nos ha traicionado y aparentemente nos dejado más vulnerable a otra persona. Es claro que el amor no nos deja débiles delante de los otros, empero muchas personas se sienten de este modo, aunque no admitan ello.
Yo pude comprender que la niña es tan o más normal que nosotros, que aparentemente no tenemos ninguna diferencia entre otras personas, pero lo que distingue un individuo de lo otro es su capacidad de vivir y enfrentar las realidades de su cotidiano. Pude entender que somos nosotros que creamos preconceptos entre lo normal y lo anormal, pues todo que está lejos de nuestras costumbres o que no se ve a diario en la naturaleza, que no debe ser considerado como normal, pero todo está en la mente del individuo que procura distinguirse de los demás y no hacer parte del mismo mundo que los otros. Por eso, yo pensé que no es vergüenza decir que ama u odia alguien, que lo vergonzoso es fingir para nosotros mismos, cuando queremos algo y no tenemos coraje para luchar.
El hecho de la niña estar amando solamente muestra que todos somos humanos y vamos a vivir todas o casi las mismas cosas: cada uno a su modo y voluntad, pero no se puede fugarse de todas las reglas impuestas por la vida a nosotros.
Salí del autobús y me fui para la facultad, y me eché a pensar y pensar y después de reflejar mucho sobre el tema, yo percibí que estaba interiormente feliz, pues yo no estaba asustado por ella tener síndrome de Down, pero, porque tal vez yo no tuviese la misma espontaneidad que tuvo en decir al mundo que ella es humana. Pues, así comprendí que lo que marca una persona no es su enfermedad, empero sus actos, y por eso ella debería aprovechar lo que la naturaleza le daba: un buen sentimiento.
¿Te has gustado el texto o creas que alguien necesita leerlo? Entonces envíalo, poniendo la dirección del Blog, la categoría y el título del texto.
http://planetadimasiado.blogs.terra.es