-

Es un lugar común afirmar que Degas es un pintor impresionista, y nada más alejado de la realidad. Fue amigo de los impresionistas y cronológicamente coincidió con ellos, pero eso no le hace impresionista. Compartió exposiciones con Monet, Renoir, Pisarro o Berthe Morisot, y, también fue amigo de Manet, pero no esto no lo convierte en un pintor impresionista.
Bien es cierto que, esta etiqueta también se usa inadecuadamente para pintores como Cézanne, Van Gogh o Gauguin. Es más, si hubiera que etiquetar a Degas sería más acertado hacerlo como un pintor “realista”, aunque tal y como apunta la profesora Fernández Polanco siempre que entendamos que el pintor francés no registra la realidad sin más “si es que es posible registrar sin más en arte como si se estuviera haciendo un informe”.
Degas. El proceso de creación tiene como objetivo destacar los aspectos formales: línea, volumen, expresión, movimiento, perspectiva. Recopila la colección de esculturas del pintor compuesta por 73 piezas en bronce, que se fundieron años después de su muerte con los moldes de arcilla encontrados en su taller, pues para el autor una vez que esculpía la pieza ya estaban terminadas.
Un enfoque totalmente diferente al habitual que puede disfrutarse en el Metropolitan de Nueva York en donde estas piezas se muestran, de forma más cercana a como debían mostrarse en el XIX, apiladas, en unas urnas de cristal, en una habitación con una escasa iluminación, y, que recuerda un interior burgués. Sin embargo, esa forma de mostrarlas abruma, abotarga, casi agobia, sobre todo si se ven después de un día en el museo, mucho más didáctico es el enfoque que nos presenta la Fundación Mapfre
-

El 2 de julio El País titulaba ¿hacia dónde corre el arte? Me encantan estas obras que hace que hasta los periodistas y los expertos en arte contemporáneo se hagan preguntas.
Hace muchos meses que no escribía en el blog, pero creo que esta ocasión merece la pena puesto que he encontrado un titular que revierte el título del último post que pubiqué, aunque el título no explica la obra tal y como ha sido concebida. Vuelvo a adentrarme en la Tate Britain y en el Premio Turner, Martin Creed se alzó con el premio en el 2001.
La "performance" consiste en convertir la galería Duveen -86 metros de longitud flanqueados por esculturas neoclásicas- hasta el mes de noviembre de 2008 en la pista de carreras de un grupo de corredores amateurs, que van relevándose en intervalos de 30 segundos. Los 50 corredores contratados para mantener 'viva' la performance cobrarán 10 libras por hora.
El significado y el atractivo de la obra nos lo ofrece su creador quien ha afirmado recientemente: "si se piensa sobre la muerte como estar completamente quieto, entonces el mayor movimiento posible, correr, es lo contrario a la muerte y un signo de vida".
A diferencia de mi post anterior, en este caso no he visto la obra, pero me parece de una vitalidad sorprendente la propuesta del británico que me dejo sin palabras -quizás se pueda argumentar que soy fácilmente impresionable- y se carga de contenido para mantener vivo uno de los museos más "encantadores" de Londres con propuestas, incluso más radicales e interesantes, de las que pueden verse en su hermano mayor la Modern Tate.
Según el periódico español esta obra pone en jaque los cimientos del arte conceptual. No sé si será así, probablemente el "conceptual" es un arte "sin límites" y por lo tanto no se sustenta sobre ningún fundamento inamovible, pero si esta obra sirve para que los espectadores cuestionen y hablen de arte, los expertos se enfrenten en sesudos o vanales discursos, bienvenido sea, sin diálogo no podemos avanzar y el arte no puede sino seguir avanzando.
-
Hace una eternidad que no escribo. Al final me he decidido a hablar de Premio Turner de 2007. Tuve la inmensa suerte de ver la obra "State Britain" en la Tate el pasado mes de abril, antes de que su autor estuviera propuesto para el galardón. Me encantó, la calle había entrado con toda su furia, con toda su fealdad, con su fuerza, con su capacidad de protesta, en el museo.
Situada en el mejor espacio de este "señorial" edificio, un hall que se transforma con cada obra, en este caso no fue una excepción.
La pieza reproduce el campamento que el activista Brian Haw había montado en Parlamaint Square para protestar por la presencia británica en la guerra de Irak. Quizás no haya nada más que decir, la vida cotidiana en el museo, inside/outside , in&out son ideas que con un lenguaje radical nos permiten eliminar los límites, ausencia de límites ahí reside el éxito, el mensaje de la pieza, además del evidente rechazo a la política exterior de Occidente, donde sus ciudadanos cada vez más rechazan las acciones de sus gobiernos y los hacen retroceder y caer por sus errores.
El lenguaje es directo, brutal... como brutal es la matanza que se está produciendo en Irak.
-
Nuevamente tenemos que hablar de un cuadro y el precio que ha adquirido su venta. En este caso parece que dicha cifra desorbitada va a dedicarse a una buena causa: financiar obras de caridad. Esto parece la nueva moda entre los estadounidenses y parece haberse desatado una auténtica fiebre entre ellos. Sin duda, mucho asesor se ha dado cuenta que hay que realizar estos gestos. Si finalmente se consigue mejorar la situación de algunas personas, sin duda bienvenido. Mejor dedicar ese dinero a cambiar la situación de los desfavorecidos. Además como decía uno de los comentarios del post de Pollock, quizás así se consiga evitar que el estado te cruja a impuestos de sucesión. Gracias a ellos hoy los ciudadanos del mundo pueden disfrutar de varios museos con la obra de Picasso.
El 15 de mayo de 2007 se vendía White Center, uno de las mejores obras del estadounidense. Creada en 1950 fue adquirida por David Rockefeller en 1960, por sugerencia de Dorothy Miller, la primera directora del Museo de Arte Moderno de Nueva York (MOMA). Anteriormente el cuadro había pertenecido a Elizabeth Bliss Parkinson, sobrina de Miss Lillie P. Bliss, una de las tres fundadoras del MOMA en 1929 junto con Mrs. Cornelius J. Sullivan y Mrs. John D. Rockefeller.
Buscando información sobre el cuadro he encontrado dos espléndidos artículos. Uno de ellos escrito por Calvo Serraller, titulado Claridad mortal en el que nos recuerda los últimos días de Rothko. Curiosamente, o no, tenía planes de trabajo para los días posteriores, en concreto para la mañana del 25 de febrero. Calvo Serraller nos invita a que indaguemos en su obra para explicarnos la causa que le llevan al suicidio y que según el pintor Sean Scully no es otra que la incapacidad “de soportar más tiempo la tensión dramática entre esperanza y tragedia”.
El segundo artículo al que me refiero es el titulado En el tabernáculo de la modernidad. En este caso Rafael Argullol nos acerca a la que quizás fue su obra cumbre: la capilla octogonal en Houston realizada para la familia Menil por el arquitecto Philip Jonson y para la que Rothko pintó entre 1964 y 1967 ocho paneles, uno para cada una de sus paredes. Estas pinturas negras son un viaje hacia la oscuridad de un pintor que como su admirado Turner vivió obsesionado por la luz (quizás nunca pudo olvidar aquel viaje en tren en el que atravesó las inmensas planicies del país).
-
La X edición. Una década llenando Madrid de fotografías. Imágenes, autores, actividades, ningún detalle se ha olvidado en PhotoEspaña. Felicidades a sus organizadores.
El dedo en la llaga

Oliva María Rubio, comisaría de la exposición, nos presenta a Andrés Serrano como un artista rodeado de la polémica por los temas tabú que muestran sus fotografías. Tras ver la exposición esta afirmación me parece grandilocuente. La controversia en su obra sólo aparece si se lee el título de sus piezas, por otra parte diminutos en comparación con el tamaño de las fotografías.
Entiendo que en Estados Unidos su obra funcione. En una sociedad sobresaturada de imágenes , en las que la mirada tiene un trabajo arduo para que se detenga en algo/alguien. Las figuras de Andrés Serrano funcionan pues hacen que la mirada se pose en ellas. La exagerada saturación del color hace que en su exposición la retina quede exhausta.
La mejor pieza es La Iglesia 1991, perteneciente a la colección de Telefónica. La mejor serie: Budapest. En ella retrata la cruel imagen de la vejez, mostrándonos un cuerpo desnudo, envejecido, que contrasta con la pose desafiante de la protagonista y que hace que la imagen se cargue de una gran ambigüedad.
Lo mejor de la exposición es el gran acierto de situar la serie La Morgue en la sala Minerva del magnífico Círculo de Bellas Artes. El espectador escenifica un descenso a los infiernos donde se esconde la muerte, en este caso una imagen contradictoria de la muerte aunque sobre todo una imagen escenificada de la muerte, en las que algunas de las obras muestran una gran falta de respeto por el fallecido y en otras, sin embargo, si no es porque conocemos lo que nos está contando, a priori, la fotografía sus protagonistas: hombres, mujeres o niños parecerían dormidos. La salida de este espacio, finalmente claustrofóbico, permite que el espectador se recupere del descenso a los infiernos de la cruda realidad de la muerte y pueda volver a recuperar el ánimo para volver a salir de la calle y seguir con su vida, al igual que los “supervivientes” acaban siguiendo hacia delante.
-
La segunda parte de esta exposición se ubica en la sede de la Fundación Caja Madrid sita en la Plaza de San Martín, 1 (muy cerca de la Puesta del Sol).
En este caso la exposición no sigue un recorrido cronológico sino que se centra en un conjunto de artistas, creando mini monográficos de autores que despliegan su actividad durante la segunda mitad del siglo, de ahí que los nombres que encontraremos sean: Warhol, Saura, Hockney, Kitaj. Ellos siguen creando mientras Picasso no cesa en su actividad.
Cinco nuevas temáticas presididas por un retrato de Françoise Gillot de Picasso que como anfitriona nos da la bienvenida (la reproducción que mostramos no es fiel a la intensidad de los colores del original). Obra de 1949, época de experimentación del malagueño sobre sus propios lenguajes. Este cuadro es uno de los cuatro de Picasso que hay en esta sección. Los otros tres están centrados en Dora Maar, fotógrafa, le acompañó durante la creación de El Guernica, los tres cuadros son tan dispares en estilo que parecen de diferentes artistas. El de la Tate nos la muestra con una pose muy clásica, con un colorido similar al de sus cuadros del Cubismo sintético, en el cuadro del Museo Picasso de Málaga, ha sometido su cuerpo a una deformación extrema, en colorido y pose recuerda a los cuadros del periodo del regreso al orden, de mediados de la década de los 20, pero inverte el formato, pasa del horizontal al vertical y la distorsión es aún mayor. La visión de los retratos realizados a Dora proyecta una mirada completamente dislocada, divergente. En este punto coincide con el cuadro de la Fundación Beyeler. El capítulo dedicado a la fotógrafa se cierra con un retrato realizado por Saura. Un cuadro del estilo más característico de Saura, en el que sorprende que haya elegido esta iconografía para Dora, los ecos de los retratos a personajes de la historia española es demasiado potente para que nos deje acercarnos a su personalidad.
Tras este inicio el visitante tiene que decidir el sentido por el que sigue su visita, puede dirigirse hacia las obras de Giacometti o volver a la entrada y comenzar el recorrido por las obras de Dubuffet que quedan insertadas magistralmente en la sala (separadas por columnas), en un espacio proporcional al tamaño del cuadro, hace que las figuras sean lo único que nuestra mirada perciba, figuras que más que retratos de tal o cual persona se convierten en retratos universales, cualquiera de nosotros podríamos ser el retratado. Tal y como reza el apartado que engloba estas piezas Identidades metafóricas el retratado se convierte en una metáfora del espectador. Esto mismo sucede con los retratos y escultura de Giacometti o los de Francis Bacon, auténticas deformaciones externas del interior atormentado que en algún momento todos hemos sentido.
Sombras. Es un acertadísimo subtítulo para el espacio (una habitación completa muy acorde a las piezas seleccionadas) dedicado a la obra de Andy Warhol. Una vez traspasamos la sala principal del palacio llegamos a unas pequeñas estancias, una de ellas es la dedicada al estadounidense la serie en la que en torno a su propia persona investiga en torno a un tema que el preocupa mucho: la sombra. Sin duda la generalización de la fotografía en la sociedad ha hecho consciente al individuo de su proyección, de su propia existencia gracias a la presencia de la luz, que se convierte en vacío e inexistencia si falta. Diferentes investigaciones formales para la misma pose , la serie define al arte del siglo de Picasso, ya desde los impresionistas surgió la necesidad de mostrar desde diferentes ángulos, visiones un único tema. Piezas que no suelen llegar a España del artista que de no haber existido Picasso se hubiera alzado con ser el artista omnipresente del XX, nadie como él manejo la idea del ídolo y megalomanía, propia también de la sociedad en la que vivió, donde los medios de comunicación, el cine hicieron habitual este fenómeno social.
En la sala que hay encima de ésta se encuentran los cuadros de los artistas del Expresionismo Abstracto. Centrado en la figura de Saura la sección Gestos acoge también la obra de Auerbach y Kossof. El denominador común de estos pintores es esconder la personalidad del retratado en un laberinto de pinceladas en las que la materia del pigmento y del gesto de la brocha al unirse con el lienzo deja su huella. Colores terrosos, estilos personales y diferentes en cada uno de los pintores presentes destaca el espacio casi claustrofóbico elegido por Saura para mostrarse (sus autorretratos), en un tamaño más reducido que sus retratos a personajes conocidos o históricos nos devuelven la figura de un monstruo, de un ser que no siempre es social.
Este retrato de Brigidte Bardot le acerca mucho a Picasso en la forma de retratar el cuerpo, no tanto en el rostro que ya lleva la impronta de rostros cuadriculados que vemos en los otros cuadros de esta sala.
Al otro lado de esta sala nos encontramos con Instatáneas. Sala dedicada principalmente a las dos figuras más importantes del Pop británico: Kitaj y Hockney. Si de Hockney nos encontramos con dos de sus obras maestras como son Retrato rodeado de artefactos artísticos de 1965 y Modelo con autorretrato inacabado de 1977. El resto de cuadros nos permite contemplar su evolución y, sobre todo su cambio estilístico en la forma de aplicar el color y la luz a los personajes retratados, una vuelta a una pincelada que queda presente en el cuadro de la década de los 70, frente al formato más acrílico de los 60. Los personajes retratados son pillados en una pose cualquiera, como si de una fotografía se tratara, posando, se congela su postura en un instante, sin embargo, estamos un cuadro, ante pintura en estado puro.
En el piso superior de la sala de las Alhajas está dedicado al desnudo, individuos que muestran su cuerpo desnudo desnudando así su alma. Arcilla humana moldeada en óleos o dibujos por Schiele, Dix, Lucian Freud , Arikha o Antonio López. Del español se han seleccionado 2 dibujos a tamaño natural de dos hombres y un desnudo, así como un magnífico autorretrato de su juventud. El común denominador (tal y como se lee en el folleto de la muestra) es que estas obras nos hablan de la soledad de la existencia humana y para ello recurren a la desnudez del retratado.
-
Sin duda el museo Thyssen sabe cómo organizar exposiciones, los años de experiencia le avalan.
En la exposición que bajo el título de El retrato en el siglo de Picasso y el subtítulo de El espejo y la máscara recopila algunas obras maestras de este género durante la primera mitad del siglo XX.
El recorrido empieza en la sección Ante el espejo con un conjunto de autorretratos de algunos de los pintores que empezaron a construir el cambio de la pintura que se vivió en el siglo XX , así un Picasso disfrazado de cortesano del XVIII casi irreconocible, Vincent van Gogh con una de las miradas más enigmáticas que nos dejó. Un cuadro de pequeño formato pero que trasmite una gran monumentalidad, se llega al atormentado mundo del holandés.
Su compañero de travesía Gauguin también en una pieza en la que su mirada se vierte sobre cada uno de nosotros, introduciendo al espectador en el cuadro, convirtiéndolo en protagonista de la obra. Edvard Munch en una imagen de tres cuartos se acerca a mirarnos, su cuerpo adelantado quiere descubrir a la persona que va a verle en su largo exilio. Con el estilo propio de su obra creada en el siglo XX, de menor intensidad que la realizada en los últimos años del XIX, mantiene una pincelada que llega al lienzo suelta, desordenada en múltiples colores.
Salimos de Ante el espejo con un cuadro de Picasso Arlequín con espejo, un cuadro de 1923 en el que Picasso aúna un tema antiguo: el mundo del circo, centrado en el figura del arlequín con el estilo de estos años de la década de 1920, años de regreso al orden. Tras el desorden sufrido durante la I Guerra Mundial y la conmoción de los istmos que se sucedieron con un ritmo frenético durante los 20 primeros años del siglo, los artistas europeos se encuentran exhaustos, hay un deseo de recuperar las raíces, de volver a sentirse seguros y para ello vuelven la mirada al mundo clásico grecorromano: figuras de rostro reconocible ocupan los lienzos, heredan la monumentalidad escultórica de la Antigüedad, además de unos colores planos, cálidos, centrados en el rosa, azul y blanco. Todos estos elementos están presentes en este Arlequín que siempre se puede disfrutar en el museo pues es uno de los cuadros de la colección.
Tras ese pequeño remanso volvemos a encontrarnos con un personaje que refleja un tiempo y un sentimiento marcado por la angustia y la incertidumbre. Nos referimos al vienés Egon Schiele de quien tenemos tres cuadros en esta sección El poeta, y 2 autorretratos, uno de ellos con farolillo chino. Todos los cuadros llevan impreso su estilo: la linealidad de sus personajes que luchan con el cuadro para encontrar un hueco en el que mostrarnos una mirada arrogante e inquietante, pero qie sobre todo, nos interroga por lo que cada uno de nosotros llevamos en nuestro interior.
La sección se completa con un conjunto de obras de Kokoschka en las que hay retratos femeninos, masculinos y retratos del pintor como caballero errante.
Colores modernos nos recopila unos cuadros de colorido salvaje, no en vano algunos de los pintores formaron parte del movimiento Fauve o son algunos de los miembros de El jinete azul. Destacare los dos cuadros de Krichner, en el casos de Artista, Marcella de 1910 porque me parece de una modernidad y cercanía apabullantes, por la forma en la que ha resuelto la convención espacial de la pintura, heredada de Matisse presente en la sala con La muchacha de los ojos verdes, obra en la que la alegría del color dejan constancia de la maestría del maestro.
Máscaras de lo primitivo concentra algunos de los mejores cuadros de la muestra con los Cézanne, el Retrato de una muchacha de Vaite (Jenne) de Gauguin, el Desnudo peinándose de Picasso antesala de Las señoritas de Avignon. Los cuadros de Modigliani nos acercan a la máscara, no a la del mundo africano, sino desde el mundo primitivo del Mediterráneo, las culturas cicládicas a partir de las que el italiano crea su propio e inconfundible estilo.
Las piezas seleccionadas transmiten un gran clasicismo roto por esa evocación primitiva, sobre todo Antonia, cuyo rostro se crea con elementos esquematizados: nariz, ojos almendrados, labios, todo dibujado sobre un fondo casi monocromo creado por un gran conjunto de pinceladas que se suceden.
El espejo roto es una inolvidable recorrido por algunos de los mejores cuadros que el Cubismo nos ha legado, no sólo de sus creadores Braque y Picasso, de este último la recopilación es de una altísima calidad: Hombre con clarinete, Hombre con pipa, Ma jolie o cabeza de mujer (Fernande), pasamos a la influencia que el Cubismo tuvo en otros movimientos como el Futurismo con el autorretrato de Severini o en la vanguardia que se producía dentro de la piel de toro, fruto de la cual contamos con autorretrato cubista de Dalí obra de 1923 o el retrato de Ramón Gómez de la Serna de Diego Rivera, fechado en 1915.
Retratos de la sociedad es la sección más grande de la muestra y en ella lo que menos encaja es el título elegido para recopilar uno cuadros magníficos. Los retratos de esa época clásica de Picasso que hemos comentado al principio de este post que alcanzan su culminación en Retrato de la mujer del artista, Olga o Olga con cuello de piel, ambos de 1923. La pose, la elegancia de la modelo, la monocromía utilizada, la variedad de lenguajes a los que era capaz de llegar y colocar en sus cotas más altas de calidad hacen de estos lienzos unas auténticas obras maestras por el clasicismo que rezuman, rasgo que se puede aplicar a la muestra en su conjunto: el clasicismo subyace en las piezas, a pesar, en ocasiones, de su aparente trasgresión, pero si hay algo clásico en el arte es el retrato, que junto con el paisaje han creado las mejores obras de la historia de la humanidad como recientemente nos recordaba Manuel Vicent.
Varios retratos de Christian Schad, retratos que marcan la personalidad del retratado en la atmósfera que transmite, como el cuadro del propio museo Retrato del Dr. Haustein, además un retrato de Miró y su hija realizado por Balthus, también muy desconcertante, pues nos muestra al pintor catalán de forma muy distinta a como nos han llegado sus imágenes fotográficas, un personaje más cercano de como lo retrata Balthus, podemos decir que la personalidad del pintor ha sobrepasado a los retratados. Una magnífica selección de los cuadros de Beckmann, en este caso también el cuadro elegido del museo destaca por su clasicismo, a pesar de lo rompedor de su lenguaje, en el retrato de Quappi con suéter rosa, la elegancia de la mujer sobrepasa la fuerza de los trazos.
La muestra concluye con la sección Sueño y pesadilla, la más floja bajo mi punto de vista, si exceptuamos los fantásticos Miró.
-
Hoy no hablaré de arte aunque tengo muchas cosas pendientes de contar, sino que voy a dedicar este post a Alias Lola el libro de Lola Canales en el que relata su año de permanencia en la cárcel entre 1968 y 1969.El libro es optimista, cercano. La prosa de Lola ágil, sencilla, precisa, sencillamente envidiable. Un libro sin un ápice de rencor, una historia que demuestra que las heridas están cerradas y han cicatrizado ¡por fin!. Y eso me llena de la alegría contagiosa de estas más de 300 páginas que se lee en un santiamén.
No está exento de algunos momentos descorazonadores como los días pasados por la protagonista en la DGS. A parte del maltrato que sufrió, lo más duro era pensar que Lola Canales Bustamante pasó un año de su vida en la cárcel por nada, ¡no había hecho nada!, salvo ir a una manifestación estudiantil. Se le acusaba de unos actos que no había hecho. Eso ha sido lo más duro, porque he sentido vergüenza de que en España hubiera años en los que cosas así sucedieran.
Sin duda, y tal y como apuntó Aute el día de la presentación (el pasado 15 de febrero en la sede de Madrid de la editorial Planeta) este libro encierra un maravilloso homenaje a su padre, el librero de la Cuesta de Moyano. ¡Qué suerte has tenido Lola!
Sin embargo no he podido disfrutar del repertorio musical volcado en el libro, me resulta uno poco lejano, ¡sabrás perdonarme!
Alias Lola está lleno de anécdotas divertidas, reflejo de la personalidad de Lola. No sé si el libro es un embrión de un guión cinematográfico como apuntaba Imanol, pero si lo fuera tendría momentos “memorables”. Esas mujeres con su lazo rojo en el pelo cantando La Internacional en el patio de la cárcel de Ventas. No me puedo imaginar a Lola con esa minifalda imposible ante el tribunal militar que iba juzgarla, pero Lola es así, capaz de convertir en cotidiano lo más trascendental.
El libro refleja su espíritu indomable, un buen humor constante, ese deseo de comerse cada uno de los días y vivirlos intensamente, incluso en las situaciones más adversas. Un mujer inteligentísima, ¡ojalá me adornaran a mí todos sus saberes: idiomas, piano, tesis y su carrera profesional!
Mis felicitaciones a quienes le animaron a llevar a cabo este proyecto, ellos han tenido la fortuna de sacar adelante, algo que algunos compañeros sin tantos posibles le comentábamos cuando nos desgranaba sus historias.
Es un libro sin rencor, -esto ya lo he dicho antes-, sería maravilloso que aquellos que se empeñan en recordar todo lo negativo y la confrontación por discrepancias políticas leyeran estas páginas y se empaparan de esta lección: de aprender hasta de las situaciones más difíciles y absurdas, pues Lola nunca tuvo que pasar por eso y, sin embargo, en la cárcel nos da un tremenda lección.
Gracias mi querida Lola, gracias por ser como eres. Todo mi cariño y el deseo de que consigas el mayor de los éxitos.
África Silvelo
-
El 2006 nos ha dejado con la noticia de las visitas millonarias a algunos de los más importantes museos de territorio patrio.
El podium está encabezado por el Museo de El Prado con 2.164.763 visitas, seguido muy de lejos por el MNCARS, más conocido como Reina Sofía, con un total de 1.301.389, a quien sí le está pisando lo talones es el Guggenheim de Bilbao y para terminar este palmarés cerramos la lista con la Fundación Gala-Salvador Dalí en Figueres.
Museos magníficos con obras impactantes ¿cuál es tu favorita? Aquí van las mías
Mi cuadro favorito de El Prado es Perro semihundido de Goya (1821/23). Ya sé que es un pecado no poner en esta lista Las Meninas, pero... qué le vamos a hacer, ambos son cuadros apabullantes, pero el del aragonés es más contemporáneo y el del sevillano demasiado intelectual. Aún recuerdo a mi profesor de Historia del Arte de segundo de carrera, el profesor Cruz Valdovinos, contarnos cómo Las Meninas son el cuadro en el que la pintura deja de ser un “oficio” y pasa a ser “Arte” con mayúsculas, porque deja de ser una actividad manual para convertirse en una actividad intelectual. Sin duda, de ahí al siglo XX el paso era más sencillo.
En el Reina Sofía voy a elegir su cuadro más emblemático El Guernica. No puedo evitar llorar cada vez que me pongo delante de ese manifiesto a favor de la paz que pintó el malagueño. Desgraciadamente, tan vigente, aún hoy.
El Guggenheim de Bilbao es un museo atípico, pues no cuenta con una colección permanente, sino que cada año traduce en presentaciones sus fondos que recorren las cinco sedes de esta institución. Sólo hay un pequeño número de obras que no cambian. Muy variadas, la mayoría en el exterior. Difícil elección, aunque me encanta Serra, voy a decantarme por Installation for Bilbao, 1997, de Holzer, una pieza mucho más representativa de nuestro tiempo, pues inicialmente la artista estadounidense realizó esto textos para un evento que se organizó con el fin de recaudar fondos contra el SIDA y aluden, en euskera, español e inglés, a temas universales como la intimidad, la decepción, la muerte y la pérdida.
Ahora tengo dudas, debería de haber elegido el propio museo...
En cuanto al museo de Dalí, diré que no lo conozco y sería más honesto no elegir ninguna pieza, aunque puesto que en su página web hay un completa información sobre la colección me atreveré a elegir Mae West.
¿Cuáles son tus favoritas?
-
El País titulaba en su edición del 3 de noviembre de 2006: Pollock, ¿El nuevo reydel mercado del arte?. El titular era consecuencia de la noticia filtrada al New York Times de la venta del magnate estadounidense David Geffen -parece que el señor necesita dinero líquido para comprar un periódico en Los Angeles- al magnate mexicano David Martínez, de quien no se sabe mucho pero parece que quiere montar una colección "impresionante" de arte contemporáneo y está comprando todo lo que se pone a su alcance.
La gran pregunta ante ese titular es: ¿pagarías tú, querido lector, 109,6 millones de € por un cuadro, que al decir de muchos podrías hacer tú mismo? Quizás también te preguntes ¿quién es ese Pollock?, o pero ¿no era Picasso el pintor que vendía más caro sus cuadros? o ¿dónde quedan los 40 millones de $ dólares que el japonés Ysuo Goto pagó en marzo de 1987 por Los girasoles de Vincent van Gogh? Al menos en la obra del holandés se veían un puñado de 15 girasoles, pero y ¿en Número 5?. Mejor no entremos en esa discusión.
Empezaremos contestando a la pregunta de ¿quién es Pollock?. Un estadounidense, que se sentía orgulloso de serlo y que reivindicaba su nacioinalidad, cuando lo estadounidenses luchaban por ser los primeros en todo, la potencia más poderosa, el centro de creación artística. Quizás conseguir el éxito -fue considerado por la revista Life Magazine como el artista estadounidense vivo más importante en 1949- y conseguir desplazar al mismísimo Dios (hablamos de Picasso) le sumió en un profunda depresión y en una dependencia del alcochol que terminó con su vida cuando su Oldsmobile convertible se empotró con un árbol el 11 de agosto de 1956.
¿De qué huía? ¿de si mismo?... Muchos miembros del grupo de Expresionistas Abstractos norteamericano sufrieron depresiones en su vida, se suicidaron o tuvieron trágicas muertes. ¿Fueron los catalizadores de la tragedia que vivió el mundo entre 1939 y 1945?
Aún me pregunto más ¿qué pensaría Peggy Guggenheim?, esa coleccionista afincada en Venecia y enamorada de los artistas de vanguardia, primera propietaria de cuadros de Pollock. Ella fue quien en 1943 en su galería de Nueva York The art of this Century, realizó la primera exposición monografíca del artista y también fue la primera coleccionista de alguna de sus mejores obras de "dripping".
Me encantan los Pollock, los descubrí en la Tate Gallery, cuando aún no era la Modern Tate. Me fascinó la fuerza de esos chorretones de colores primarios, básicos, directos, caóticos, confusos, convulsos. Nada sabía entonces de un tal Greenberg y de su deseo de convertir a NY en la nueva meca del arte (algo muy normal en este mundillo, ya sucedía en el Renacimiento, las pugnas entre Roma, Florencia, Venecia por ostentar dicho título eran notorias) y convertir a los pintores expresionistas abstractos en los nuevos reyes.
¡Muerte a Greenberg! ¡Muerte a lo marchantes y el mercado del arte que especulan! Esta terrible especulación impide que los museos de arte puedan comprar maravillosas obras de arte para el disfrute de la ciudadanía, de los ciudadanos, es decir de cada uno de nosotros.
Ójala con motivo de esta noticia puedas, mi querido lector, preguntarte ¿por qué el arte abstracto, por qué sólo unas pinceladas sobre un lienzo? Quizás porque la sociedad Occidental (USA, Europa, Japón) dejaban tras de sí una masacre, unas imágenes del horror: Hiroshima, el exterminio judío, el frente ruso (ese gran olvidado de la II Guerra Mundial), los bombardeos londinenses, la ocupación de París. Era un pasado demasiado doloroso, los espíritus se quedaron mudos, hubo que recurrir a la NO imagen.
El arte necesitaba expresar sentimientos, sensaciones, ideas y no imágenes (algo que por otra parte siempre han hecho las obras de arte). Esto no empezo con Pollock, ni con el Expresionismo abstracto. Este Número 5 fue uno hito más en el recorrido emprendido por las vanguardias históricas , Malevitch, Mondrian, Macke.... El dripping de Pollock, los grandes lienzos monocromos de Miró, Rothko, Still, fueron el último episodio antes de que Warhol volviera a restaurar el orden del poder de la imagen con su Pop-art.
-
Velázquez, ese gran conquistador
Después de que en 1990 Velázquez arrasará en la exposición monográfica que el Museo del Prado le dedicó (aún recuerdo las largas colas que serpenteaban el perímetro del museo madrileño), ahora lo hace en Londres.
El mismo día de la inauguración de la muestra se habían vendido 13.000 entradas (al precio de 12libras, unos 15€). La pinacoteca espera llegar a las 300.000, situándola así como la exposición de pago más vista hasta el momento. Este record lo ostenta en la actualidad la exposición dedicada a Vermeer en el 2001.
Nos centraremos en lo que puede verse en la capital británica y no en comparar ambas exposiciones. A Londres han llegado 37 obras de los 46 cuadros que forman la muestra -9 son propiedad de la NG- , aproximadamente la mitad de la producción del sevillano (las cifras varían según los autores y la producción de Velázquez fluctúa entre 90 y 123 cuadros).
La muestra está dividida en cinco secciones (en cuatro salas) que muestran las obras del pintor sevillano en orden cronológico:
Velázquez en Sevilla. En esta parte se pueden ver con una soberbia selección de obras del inicio de su carrera como pintor
o Cristo en casa de Marta y María (1618) National Gallery. Londres
o El aguador de Sevilla (1618-1620). Aspley House. Londres
o Vieja friendo huevos (1618). National Gallery of Scotland. Edimburgo
o El retrato de Sor Jerónima de la Fuente
o La adoración de los Magos
o El retrato de 'Luis de Góngora y Argote', 1622, Museum of Fine Arts, Boston.
o San Juan en la isla de Patmos National Gallery. Londres
o Inmaculada Concepción National Gallery. Londres
En la Corte y en Italia
1630 es el año en que Velázquez viaja por primera vez a Italia. Velázquez partió de Madrid a Barcelona, allí en barco va a Génova, de allí a Milán y Venecia, su horizonte estético a partir de ahora. A finales de año va a Nápoles para retratar a la hermana de Felipe IV, doña María, que está de camino hacia Alemania donde se iba a casar con el rey de Hungría, futuro emperador de Alemania. Este viaje pone fin a su etapa de formación. Regresa a Madrid en enero de 1631.
Es en Italia donde pinta:
o La túnica de José en el Monasterio de El Escorial, Madrid
o La fragua de Vulcano, (1630). Museo del Prado. Madrid
o La tentación de Santo Tomás de Aquino
La sección se completa con algunos retratos del Conde-duque de Olivares, como el procedente de Sao Paulo.
Corte y Campo. En esta sección se han reunido los retratos ecuestres y de caza.
o El Conde-Duque de Olivares (1624). Museu de Arte. São Paulo
o La lección de equitación del príncipe Baltasar (1636-1639) Colección privada.
o La Tela Real
o El Príncipe Baltasar Carlos a caballo
o La lección de equitación del príncipe Baltasar Carlos, Museo del Prado
o Retrato a caballo del Conde-Duque de Olivares, Museo del Prado
Retratando dos Cortes
En 1648 Velázquez inicia su segundo viaje a Italia, ahora visita Florencia, también Roma y Nápoles. En Roma está todo el año 1650 visitando el Vaticano como primer pintor del rey de España y allí se le ofrece pintar el célebre Retrato de Inocencio X, (1650).
En esta sección se recogen una serie de retratos de su última etapa. Procedentes del Kunsthistorisches Museum de Viena pueden verse :
La infanta Margarita en rosa, Infanta Margarita en azul y El Infante Felipe Próspero. Además están el retrato de Felipe IV y Mariana de Austria del Museo del Prado, Felipe IV en marrón y plata. 1631-32 National Gallery Londres o el Papa Inocencio X.
Retratando a los antiguos
A los retratos se unen un conjunto de obras mitológicas que incluye:
o La Venus del espejo (1647-1651), National Gallery
o Sibila con tabla rasa de Dallas (Texas, EE.UU.)
o Marte (1638) Museo del Prado.
o Esopo, Museo del Prado.
-
Aquí viene una de esas polémicas obras que hacen que la Modern Tate sea uno de los museos más visitado del mundo desde su inauguración el año 2000. Estos dos toboganes de aluminio que bajo el título Test Site ocupan la Salas de Turbinas del museo londinense hasta el 9 de abril de 2007.

Carsten concibe el tobogán como un instrumento muy útil para nuestra vida diaria, no sólo para que los niños jueguen en los parques sino como un medio de transporte que no necesita de ningún tipo de energía para ser utilizado. Este tipo de construcción al ser utilizada modifica la percepción habitual que tiene el ser humano del tiempo y el espacio, sumiéndonos en un vértigo que hace que experimentemos sensaciones diferentes, que se resumiría en la frase del escritor francés Roger Caillois un ‘pánico voluptuoso en una mente lúcida’.
Sin duda proyectos de este tipo acercan el arte al mundo del entretenimiento, pero tampoco podemos olvidarnos que esta pieza sigue alguno de los principios universales de la escultura, y nos acerca, por ejemplo a La columna sin fin de Brancusi, o en su monumentalidad a obras como Spider de Louise Bourgeois.
¿Crees que estos toboganes tienen que estar en un museo del prestigio de la Modern Tate? ¿Te gustaría experimentar el vértigo del descenso?
-
Se acaba de inaugurar la Ciudad del vino obra del arquitecto estadounidense en el pueblo alavés de Elciego. Disfruta aquí de un conjunto de imágenes del edificio que incluye una bodega y un hotel.
El otro gran Gehry en territorio patrio vio la luz hace más de una década: el museo Guggenheim de Bilbao que transformó la fisonomía y el futuro de una ciudad desaparecida en el mapa pero que ha cobrado una vitalidad inusitada. Criticado por una parte del pueblo vasco porque, en su momento, absorbió gran parte del presupuesto que el gobierno vasco destinaba a la cultura, ha revitalizado la ciudad, ha demostrado cómo hay que cuidar a las ciudades. Ubicado en la ría bilbaína, recuperó la zona, abandonada por el cierre de los altos hornos.
Inaugurado el 19 de octubre de 1997 ha permitido que llegaran un cúmulo de exposiciones interesantísimas, empezando por la propia colección del Museo Los museos Guggenheim y el arte de este siglo donde pudieron verse las obras de los artistas más emblemáticos de esta colección. No faltaron obras de algunos de los mejores representantes de la vanguardia de l primer mitad del siglo XX como G. Braque, Brancusi, Marc Chagall, Léger, Kandinsky, Paul Klee, Malevich, Matisse, Modigliani, Joan Miró, Mondrian o Picasso, o de los expresionistas abstractos estadounidenses Clyfford Still, Mark Rothko, Willem de Kooning, Robert Motherwell, cubriendo así el gran vacío de este periodo que existe en otros museos de arte contemporáneo en España. El arte de China llegó al año siguiente y el museo no se olvidó de los artistas de la tierra, como demuestra la monográfica dedicada a los escultores Cristina Iglesias (1998), Chillida (1999) y Oteiza 2004.
El estadounidense de 76 años es uno de los más solicitados del planeta, desde la aparición de este museo, todas las ciudades quieren un Gehry. Construido en caliza y titanio, recupera la figura sobre la que versa la mayor parte de su obra: un pez. Los muros se curvan, se doblan, se retuercen, se abren, y se ondulan reflejando el movimiento de desplazamiento de los peces y del mar.
La otra pieza que tenemos en España es la escultura de acero titulada Pez. Creada en 1992 con motivo de los Juegos Olímpicos de la ciudad condal.
-
El 6 de octubre se inaugura la primera exposición de la Fundación Juan March de la temporada 06/07. Viajaremos a la Viena de finales del XIX y principios del XX de la mano de Gustav Klimt, uno de los protagonistas y de una de sus obras que ejemplifica el cambio que vivía Europa durante esos años. Un cambio del que surgirá un nuevo mundo, una nueva época, un siglo, que ahora sabemos será muy complejo.
Viena a finales del XIX. Cómo reproducir ese mundo, el más tradicional de Europa, y el que estaba alumbrando las teorías más avanzadas sobre la psicología humana (Freud), estaba gobernada por la monarquía más tradicional y retrograda, esa que de la mano de Hollywood se nos ha contado como si de un cuento de hadas se tratara, protagonizada por el emperador Francisco José y la emperatriz Elizabeth (Sissi). Un mundo que se desmoronaba y del que la propia Sissi fue víctima: fue asesinada por un anarquista en Ginebra a la edad de 61 años.
El friso de Beethoven la obra en torno a la que gira esta exposición fue concebido como un trabajo efímero, que desaparecería un vez que se hubiera concluido la XIV Exposición de la Secesión, que tuvo lugar en Viena entre el 15 de abril y el 27 de junio de 1902. La exposición tenía como objetivo rendir homenaje Beethoven como el máximo exponente del artista que persiguió la idea de crear una obra de arte total, por ese motivo se dieron cita la arquitectura, la pintura, la escultura y la música.
En esta imagen podemos ver la escultura de Max Klinger que presidía la exposición, que fue visitada por 60.000 austriacos, siendo la más exitosa del grupo. En la pared frente a la que muestra la fotografía (imagen anterior) se colocó el friso de Klimt, pintado en caesina sobre yeso, con piedras preciosas y pan de oro en algunos detalles.
Formado por 3 paneles. En el primero se mostraba El anhelo de la felicidad. En el segundo las Fuerzas enemigas y en el tercero El anhelo de la felicidad encuentra su culminación en la poesía.
En el primer grupo se mostraba, según el catálogo de la época “la súplica de la pobre humanidad un caballero armado, como fuerza externa, y la composición y la ambición, - las dos figuras femeninas que aparecen detrás del caballero, como fuerzas para que le impulsen a ser el adalid de la lucha por la felicidad".
Las fuerzas enemigas muestra al "gigante Tifeo, contra el que hasta los dioses lucharon siempre en vano; sus hijas, las tres gorgonas: la enfermedad, la locura, la muerte. La sensualidad y la lascivia, la incontinencia. La tristeza lacerante. Los anhelos y las esperanzas de la humanidad vuelan sobre ellos".
El anhelo de felicidad se sacia en la poesía. Las artes nos transportan al reino ideal, fuente única de alegría pura, de pura felicidad, de puro amor. Coro de ángeles en el paraíso. Himno a la Alegría.
-
Este verano hemos podido disfrutar en Madrid de una de las mejores exposiciones que han tenido lugar en Madrid en los últimos tiempos.
Con motivo del 25 aniversario de la llegada del Guernica a España y de los 70 años transcurridos desde que Picasso fue director del Museo del Prado se ha organizado esta exquisita muestra.
Es muy difícil escribir sobre el malagueño, por eso me voy a ceñir a destacar mis obras favoritas.
La planchadora es una de las últimas obras de lo que se ha conocido como el periodo azul del pintor malagueño. Obra que recuerda a algunas composiciones de Degas, que también recuerda el alargamiento de los cuerpos del manierismo de El Greco. En ella hay una mirada de respeto hacia la actividad de la mujer que para poder salir adelante realiza este trabajo, agotador. No entrare a realizar un análisis estilistico del óleo, pues su belleza es tan apabullante, que sería banal.
La siguiente obra es Mujer con camisa, una joya de la Tate Gallery. En este caso os remito al siguiente comentario.
En el caso de El harén también podéi ver mis notas en la página que hace años dedique un brevísimo análisis de la pintura del siglo XX creada en España, o al menos, por autores españoles.
Uno de los grandes aciertos de la exposición ha sido poner a conversar algunas de las grandes obras de todos los tiempos con las obras de Picasso. El diálogo alcanza uno de sus puntos álgidos en el caso de La Dolorosa de Tiziano con Cabeza de mujer con pañuelo III (17 octubre 1937). En plena Guerra Civil Picasso tiene como musa a la fotógrafa Dora Maar. Ella es la modelo que utiliza en El Guernica y ella documenta la evolución del cuadro. La imagen de la Dolorosa, que contiene el dolor ante la desaparición del hijo muerto se transforma en el llanto desgarrado, atroz, que oímos en las lágrimas de este cuadro. Picasso está dejando clara su postura ante el acontecimiento histórico, en su cuadro de historia, pero, también en cuadros que crea durante esos días, dibujos, toda su obra queda totalmente marcada por la guerra.
Sin embargo, la relación es poderosísima, pues el silencio que eligió Tiziano transmite un dolor tan grande como el que brota de los cuencos en los que convierte los ojos de la mujer de los que cuelgan las lágrimas, en el lienzo de Picasso.