La venganza es rubia parte I
Cuando tenía catorce años un suceso en mi colegio de toda la vida me obligó a cambiar de colegio.
Empezaron a escucharse rumores que un profesor había abusado a unas cuantas chicas (nunca se ha podido demostrar que hubiese sido así) de último curso.
Mis padres y otros muchos más, muy alertados por el suceso me sacaron del colegio a mitad de curso para llevarme a otro sitio.
Yo casi no recuerdo todo el revuelo formado, porque en ese entonces el tema “abusos” no estaba tan a la orden del día y para la gente era como algo tabú, solamente recuerdo lo mal que lo pasé en ese cambio.
De repente, en una edad tan difícil, me sacan de mi entorno de toda la vida para llevarme a un colegio diferente. Amoldarme a otras costumbres, a otros compañeros, profesores, hacer nuevos amigos… cuando cuentas con solo catorce años es muy complicado.
Lloraba todos los días porque quería volver a mi vida de antes. Los lunes me causaban una depresión.
En mi clase era la dueña y señora. Por mi carácter sabía hacerme con la gente fácilmente, que acataran mis órdenes y aceptaran mis ideas. Era como “la cabecilla del grupo” de amigas y eso me encantaba. Imitaban mi forma de vestir (algo que hoy día me llena de rabia, ira y odio), mi forma de hablar… Me había creado un status y una posición de la que no me quería desprender.
Todo eso se quedó atrás con el cambio de colegio.
Mi primer día de clase lo recuerdo como una especie de tortura china por parte de la muy zorra de Doña Margarita,
una señora de unos doscientos años (que no entiendo como seguía ejerciendo) con una cara de bruja que daba miedo, el pelo blanco siempre en un moño, faldas largas de colores oscuros y unas camisas horrorosas que provocaban electricidad estática en el pelo cada vez que te arrimabas.
Tenía fama de borde, de dura, de mala persona…. Y así lo comprobé nada más poner los pies en el colegio.
Me llevó hasta la que sería mi nueva clase y cuando todos los alumnos estaban sentados en su pupitres me hizo levantarme del mío y ponerme de cara a la clase. Me pidió que me presentara, que dijera de donde venía y porque a esas alturas me había cambiado de colegio (ella ya lo sabía, solo quería que se enterara todo el colegio). Yo mirando al suelo y con una vergüenza atroz fui contando todo lo que ella me preguntaba. Treinta ojos clavados en mi me hacían tartamudear y ponerme colorada.
- D. Zorrón: y bien Pau, bonita (con ren-tín-tín) ahora cuéntanos que te trae a este
colegio bien avanzado el curso????
- Yo: mis padres decidieron traerme por un problema en el colegio…
- D.Z.: y cual fue ese problema Pauuuuuu?
- Y: que un profesor había abusado de algunas alumnas.
- D.Z.: y que tipo de abusos?
- Y: no se…. – que coño pretendía esta tía…
- D.Z.: pero esos abusos se demostraron?
- Y: creo que no
- D.Z.: y tu fuiste alguna de las niñas implicadas?
- Y: no, eran alumnas mayores de último curso
- D.Z: ahhh eran mayores, entonces se pudo dar el caso que tal abuso no existiera y fuera una manera de coaccionar a un profesor para conseguir pasar de curso?
- Y: no lo se…
- D.Z.: vale Pauuuuu, sientate ya. Primero quiero advertirte que en este colegio esas cosas no se dan, no existen ni abusos ni coacciones. Te lo digo por si vienes aleccionada del otro colegio y piensas conseguir algo aquí. A este colegio se viene a aprender no a inventar historias. Te ha quedado claro?????
No me podía creer lo que esta señora acababa de hacerme pasar. Me había ridiculizado delante de un montón de gente que no conocía de nada.
En cuanto llegué a casa le conté a mis padres el juicio al que a me había sometido aquella profesora. Por supuesto mis padres no me creyeron, pensaron que era un estrategia para volver a mi antiguo cole… ¡Ahyyy cuanto echaba de menos a mi gente…!
Los días pasaban y aunque me costaba mucho, parecía que empezaba a hacerme a ese sitio. Por lo general la gente era maja conmigo, excepto mi enemiga número uno.
Se llamaba Noemí, aunque ella exigía que la llamaran Naomi, por el rollito de la Campbell digo yo…
Era la diosa del colegio. Morena muy guapa y la líder de la clase. Por supuestísimo no nos caímos bien, me veía como una rival y una enemiga.
Su status fraguado a base de no quiero ni mencionarlo estaba peligrando con mi llegada.
Vio que la gente poco a poco me iba queriendo y respetando y los chicos, por ser la novedad, hablaban conmigo y de mi…
Todas las chicas veían en ella un modelo a seguir. Fue la primera en pintarse y subirse la falda más de la cuenta. Salía con chicos e iba a discotecas… vamos, que mientras las niñas eran niñas, ella ya era toda una mujercita.
Bueno pues como bien suponéis mi trato con ella no es que fuera inexistente, si no que íbamos a machacarnos, a ver quién podía más y a hacernos con el podio de reina del colegio.
Para Doña Margarita, Noemí era su ojito derecho y todos los demás éramos porquería a la que humillar y tratar como perros.
Empezamos a crecer y las gracias de Noemí y los modos de doña Amargadita (como la llamábamos “cariñosamente”) ya no gustaban tanto como antes.
Los años pasaron a base de putaditas y puñaladas traperas hasta que un día se pasó de la ralla…
Estábamos ya en los cursos superiores y yo llevaba un tiempo saliendo con un chico (el que luego sería mi novio formal, de toda la vida) de último curso.
Era muy guapo, pero además de su atractivo físico tenía otro atractivo que hacía que las chicas suspiraran aún más por él, era hijo de un embajador (no voy a decir el país, entender el porque…). Venían a buscarle al colegio en coche oficial y hasta le abrían la puerta del coche!!!! Ufff todas nos veíamos como primeras damas a su lado… 
A su casa sólo había ido una vez y solo puedo decir que era fantástica, no excesivamente grande pero magnífica para estar donde estaba…
Un dia en el recreo, estaban todas las chicas de clase, entre ellas Noemí, viendo unas fotos. Cuando me acerqué, a todas se las quedó cara de póquer, y yo ingenua de mi, me acerco con mi sonrisita y suelto un “que veis?” 
A Noemí se le iluminó la mirada y con un tono sarcástico dijo “nada, son las fotos de la casa de A., es que ayer estuve allí toda la tarde con él… hablamos de muchas cosas. Una pena que lo hayáis dejado, no sabes lo que te pierdes, es un chico encantador, pero no te preocupes que seguro yo sabré apreciarlo mejor que tú…”
Como dejarlo??? Si no lo hemos dejado?? Al menos ayer no…
¿Qué estaba pasando?

Mi venganza no tardó mucho en fraguarse…