AQUELLOS MARAVILLOSOS AÑOS III
La respuesta fue de lo más satisfactoria…
- Pau, sabes de sobra que he venido por ti, igual que tu por mi. Hay algo entre nosotros, esas miradas me han dicho mucho. Se que corro un riesgo muy grande, imagina por un momento que me ven contigo!! Conmigo no se que podría ocurrir, podrían expedientarme supongo, pero tu… tú quedarías como lo que no eres. Si estoy aquí contigo es porque ya no eres mi alumna y seguramente nunca más lo seas.
La verdad es que no sabía que decirle, no me había puesto a pensar en lo que pudieran decir de mi si me veían con él, pero en ese momento mi cabeza ya no podía pensar en otra cosa, me quedaba un año para acabar y lo que menos quería era ser lapidada por los demás profesores y alumnos con miradas, cuchicheos y dedos amenazantes.¿ Merecía la pena pasar por todo eso por una aventurilla?
Para mi no era una simple aventura, era mucho más. Sentía que le quería. Por ahora solo quería besarle, pasarme horas besándole, no buscaba sexo, sólo amor.
Una llamada a mi móvil desvaneció todos mis pensamientos, era mi novio.
Me he pasado media vida con una pareja con la que no era feliz. No se porque duraba un año y otro y otro. A penas nos veíamos, cualquier excusa era buena para no quedar, se que le estaba haciendo daño, pero las dos veces que tuve el valor suficiente para dejarle, me suplicaba que no lo hiciera, que si le dejaba se quitaba la vida. Prefería tenerme compartida (él sabía bien que yo no le era fiel) a no tenerme.
Si quedábamos una vez a la semana como mucho ya me las ingeniaba para no estar a solas con él. El mero hecho de que me diese un beso me resultaba una tortura. Llevábamos meses sin mantener relaciones y no las echaba de menos, todo lo contrario, las evitaba y repudiaba.
No le cogí la llamada, la mayoría de las veces no lo hacía. Nunca me apetecía hablar con él. Siempre que hablábamos eran banalidades mezcladas con aires de grandeza, que si había estado viendo no se que coche para su cumpleaños, que si se había comprado un reloj de nosecuantísimos euros………… y así día tras día.
Intenté disimular, pero no se me da bien hacer eso y S. se dió cuenta de mi cara. En ese momento reaccionó, pareció haber caído de su nube y me dijo:
S: mira esto es una locura tanto para ti como para mí. Lo mejor es que dejemos aquí esto antes de hacer algo que podamos arrepentirnos. Pau, eres preciosa y estoy encantado de que una chica como tú se haya fijado en mi, me hace sentir joven, pero hay cosas que no pueden ser. Te saco casi 20 años y una vida completamente diferente. Dentro de dos meses estaré lejos de aquí y tú debes seguir con tu vida aquí. Hazme caso, es lo mejor.
Vámonos anda…
No dije nada, solo me colgué el bolso y caminé hasta el coche. Era todo muy contradictorio, tenía razón por una parte, pero por otra veía desvanecida la oportunidad que me acababa de brindar la vida. Estaba rota por dentro, pero sabía que era lo mejor…
De camino a la universidad a recoger su coche había un silencio incómodo. Los diez minutos se hicieron eternos.
Paré el coche al lado del suyo.
Llegaba la hora de despedirnos para siempre. Aquel “para siempre” retumbó en mi cabeza y se me encogió el estómago. Totalmente contrariada y sin saber bien lo que hacía me giré hacia él y le besé.
Un beso corto, un roce de labios solamente.
Me miró fijamente a los ojos y me devolvió el beso, esta vez un beso largo, húmedo, apasionado. Jugaba con mi lengua, me besó el cuello, nos mordíamos… ahora si estábamos en peligro…
Se bajó del coche y me quedé completamente cortada, pensé que se había arrepentido, pero se dirigió a mi ventanilla y mientras me mordía los labios me dijo: “sígueme”.
No sabía donde íbamos, pero imaginaba que a un lugar tranquilo donde pudiésemos darnos una despedida tal y como deseábamos.
Salimos de Madrid hacia el norte. Llegamos a una urbanización pegada a la A-6 y tras pasar por calles exactamente iguales llegamos a su casa.
Era una casa muy grande y bonita pero le faltaba el toque femenino en la decoración.
Dejamos las cosas en un sillón justo a la entrada y empezamos a besarnos, parecía como si se nos acabase el tiempo y no quisiéramos perder un segundo.
Subimos las escaleras hacia su dormitorio, mientras subíamos seguíamos besándonos, acariciándonos… Nos desabrochábamos la ropa. Estaba muy nerviosa.
Su habitación estaba completamente oscura, me fue dirigiendo él hasta llegar a su cama. Nos dejamos caer encima de ella. La pasión nos desbordaba. Nos desnudamos completamente e hicimos el amor de tantas formas y maneras que mi memoria no alcanza recordar.
Pasamos la noche juntos, se portó como un caballero. Me cuidó como a una niña, todo para que me sintiera cómoda y a gusto, pero a la hora de la verdad se nos olvidaba quienes éramos, que edades teníamos y como nos habíamos conocido para entregarnos completamente.
Me hizo sentir como una reina por un día. Me guió por su cuerpo para poder explotar al máximo su placer.
Él era un hombre experimentado y yo no había salido de la cama de mi novio. Se notaba esa inexperiencia e inmadurez sexual, pero esa noche fue especial. Me hizo sentir cosas que ni pensaba que pudieran existir.
La mañana llegó rápido y con ella sabíamos que la despedida. No pensé que me fuese costar tanto despegarme de él. Era increíble!
Desayunamos juntos para hacer algo más de tiempo.
Me acompañó a la puerta de la casa…
S: bueno Pau, te lo repito una y mil veces más, que ha sido fantástico y que ha merecido mucho la pena correr el riesgo…
Yo: no sabes lo que te voy a echar de menos…
En ese momento me puso el dedo en los labios en señal de silencio. Me dió un beso y me dijo adiós.
Cuando ya había salido me di la vuelta con los ojos un pelín encharcados y volví a correr hacia él. Le abracé y besé por última vez.
Yo: Prométeme que no será esta la última vez… Prométeme que volveremos a vernos…
S: Te lo prometo.
Me monté en el coche y llorando desconsolada me fui a mi casa.
Nos hemos vuelto a ver mil veces más, hablamos por teléfono muy a menudo y aunque ambos sabemos que una relación es imposible entre nosotros por muchos motivos, no perdemos la oportunidad de estar juntos y disfrutar de nosotros por un rato.