AQUELLOS MARAVILLOSOS AÑOS...
A las siete en punto de la mañana sonó el despertador, el mismo pensamiento de todos los días se pasó por mi cabeza (joder que ganas de llegar a la jubilación).
Me asomo a la ventana y veo que está lloviendo, no puede estar más gris el cielo.
Mi madre me avisa que tengo preparado el desayuno (si, cuando estaba en la universidad siempre me preparaba el desayuno).
Tomo una ducha rápida, mi zumo de naranja y salgo disparada hacia el coche.
Todavía no ha amanecido y por el color del cielo parece que no va a querer hacerlo en todo el día.
Al salir del garaje veo que hay niebla, llueve a mares y hace un frío que pela… ¡que asquito de invierno!
Las salidas de Madrid atascadas como de costumbre, me espera una hora montada en el coche… ¡nunca he entendido porque cuando llueve conducimos como si fuésemos pingüinos…!
Llego tarde a la primera hora de clase, me bajo a tomar un café a la cafetería, bueno un café por decir algo, yo siempre he pensado que ese líquido marrón era algún experimento que estaban probando para paliar el estreñimiento.
Allí estaba él. En la barra con su traje oscuro como de costumbre tomando su desayuno con otros profesores.
Desde aquí confieso que me enamoré de uno de mis profesores locamente, parece el tópico de profesor-alumna pero no era así, no era morbo solo lo que me producía, era amor. Un amor en secreto y en silencio. No podía confiárselo a nadie y sufría por ello.
Deseaba que llegara el lunes para asistir a sus clases, me pasaba una hora y media mirándole, sin apenas atender a lo que el estaba diciendo, me conformaba con eso con verle, con oírle y sentirle cerca.
La primera vez que hablé con él fue en una tutoría “obligada”, ya que yo no era capaz por mi pie de acercarme a él a preguntarle cualquier cosa para tener una excusa. Tiritaba, titubeaba, me daban temblores, calambres, se me agarrotaban las manos, me ponía colorada si me miraba, mi mirada siempre apuntaba al suelo. Un desastre, se me veía a la legua…
No era guapísimo ni mucho menos, era atractivo. Un madurito con canitas incipientes. Era más bien pequeñito y manejable. Tenía la voz ronca y masculina y una labia y don de palabra que era lo que me tenía loca de amor.
El curso iba transcurriendo y mis oportunidades de hablar con él se desvanecían. Si no le echaba narices este año, ya el próximo le perdería la pista, aunque la verdad es que me plantee dejarme derecho mercantil y repetirlo al siguiente año, pero me parecía exagerado hacer eso por él…
Cada vez junio estaba más cerca y mis posibilidades de acercamiento más lejos, tenía que pensar en algo que propiciara un cara a cara, pero no se me ocurría nada para no parecer una facilonga ni una trepa, no me gustaría que pensase que mis deseos eran un aprobado por la cara.
Llevaba muy bien esa asignatura, no porque me gustase especialmente si no porque me interesaba sobresalir de la media de clase para que se percatara de mi presencia.
A primeros de junio y antes de comenzar con los finales era la inauguración del centro deportivo. Habría un acto que presidiría un veterano ex jugador del R.Madrid y una posterior fiesta.
No tenía claro si ir o no, pero decidimos algunos de clase acercarnos, si no nos divertíamos nos largaríamos de allí, pero por probar no perdíamos nada…
Había un montón de gente y todos lo profesores estaban “obligados” a asistir al acto. Allí estaba él, era la primera vez que le veía sin su traje, es había quitado de encima unos 10 años. Iba guapísimo con unos vaqueros desgastados de CK y una camisa blanca.
Me hice la encontradiza…
- Hombre S. que tal?
- Hola Pau, que bien tu por aquí… (Diossssss, se sabía mi nombre… era un grado..)
- Si mira nos hemos animado.
- Bueno que tal llevas el curso (pregunta típica cuando ya se ha terminado la conversación…)
- Bien, creo que sin problemas.
- Ah! Muy bien me alegro mucho. Piensas trabajar este verano?
- (tocaba hacerse la interesante) Si me han propuesto en una empresa para trabajar estos tres meses.
- Eso está muy bien. Te iba a decir que si te interesaba trabajar durante el mes de julio aquí en la Universidad, no pagan mal y estarías bajo mis órdenes… todos los años solemos coger a cinco o seis alumnos.
- (Acababa de cagarla al decir que iba a trabajar, tenía que salir de esta) Ahh, bueno ya te diré, la verdad es que tengo la entrevista en unas dos semanas, si no me convence te lo digo a ver si queda para mi algún sitio…
Parecía que iba de sobrada por la vida, pero que podía hacer? Por una vez los astros se debían haber puesto de mi parte y no podía rechazar la oportunidad de pasarme un mesecito trabajando para él.
Los alumnos que contrataban no hacían otra cosa que pasar notas al ordenador, actualizar la página de la asignatura… es decir, aprender poquito aprendería pero por verle a diario ya me merecía la pena.
Los días fueron pasando rápidamente, no se porque cuando estaba de exámenes los días se pasaban volando, cuanto más tiempo necesitas más rápido pasa. Debe ser una Ley de Murphy o algo así… Volví a ser para él una completa extraña a la que ni miraba.
Acabamos los exámenes, pero él no me volvió a mencionar nada del trabajo, me tocaría decírselo a mi…
No dudé, recorrí mil pasillos, subí y bajé escaleras, cogí un ascensor y por fin llegué a su despacho. Compartía despacho con otros dos de derecho, pero en ese momento estaba él sólo.
Yo muy educada llamé a la puerta y asomé la cabeza con un “se puede?”. Allí estaba medio retumbado en su silla colgado al teléfono. No se con quien hablaría, solo dijo “bueno tengo que dejarte que tengo aquí a una niña…”
Una niña?? Una niña? Será capullo el tío… la verdad es que yo siempre he aparentado menos edad de la que realmente tengo, y la verdad es que para sus 35 años yo era una niña...
- hola mira que me he pensado lo de trabajar aquí y que si, que mira que me interesa, que estoy dea cuerdo, vamos si no hay ninguna pega claro…
Todo esto lo solté tan sumamente rápido y con la voz entrecortada que no me quedó más remedio que volver a repetírselo casi parando entre palabra y palabra.
- si, por mi si, no hay ningún problema. Si me permites que haga unas llamadas ahora mismo salimos de dudas.
- Te espero fuera- me parecía lo más educado, además en esa época aún se podía fumar en todos los lados y me hacía falta un cigarro con carácter de urgencia
No podía dejar de pensar en lo guapo que estaba, siempre le veía con traje, pero visto así con ese aire sport-chic me volvía loca, le hacía más accesible, al menos eso era lo que me interesaba pensar…
Tardó unos cinco minutos en volver a salir. Solo me dijo “todo solucionado, empiezas el lunes, te viene bien? A las 9:00h aquí y ya vemos por donde comenzamos. Chao”
Cerró la puerta del despacho, por lo que no me dio tiempo a contestar nada… eso sí, en el mismo momento que dijo “ciao” guiñó un ojo.
Acababa de guiñarme un ojo!!!! Me fui hacia el ascensor dando una especie de saltitos absurdos al más puro estilo “al jardín de la alegría” y con una sonrisa en la boca que me llegaba de oreja a oreja.
Era miércoles todavía, se me iban a hacer eternos esos cinco días.
Estaba deseando que llegase el lunes….