NO HAY MAS CIEGO QUE EL QUE NO QUIERE VER
Pues eso siempre lo ha dicho mi santa abuela y que razón tiene…
Mi primo Carlitos (odia que le llamemos así, pero es para diferenciarle de su padre), un hombretón de ya 30 años, grande como un armario de cuatro puertas y más guapo que un sol ya desde pequeñito apuntaba maneras…
Maneras amaneradas quiero decir…
Casi nos hemos criado juntos, vivíamos casi pegados casa con casa y se pasaba la vida en la mía. Siempre decía que en la suya se aburría, y no es de extrañar, su padre un altísimo cargo militar les educó con una disciplina casi hitleriana. 
Lo normal de un crío es que juegue, se ensucie, corretee, salte y no pare un segundo quieto, pero lo normal en casa de mis tíos era que los niños se sentaran en el sillón de casa y no abrieran la boca hasta nuevo aviso.
Eso no era una casa, era un puñetero cuartel. Tenían horarios estrictamente exactos para todo, para levantarse (fines de semana incluidos), para tomar el desayuno todos juntos en familia, almuerzo, comida, dos horas de siesta, no se cuantas de estudio, cena y a la cama de nuevo.
La vida de mis primos era esa.
No iban al colegio con los demás niños si no que tenían una profesora particular en casa que les daba clase, ya que mi tío se pasaba la vida viajando de cuartel en cuartel y era destinado a operaciones especiales cada dos por tres. Que le mandaban a Bosnia, pues ala las maletas y todos para Bosnia, profe incluida… no quería perderse ni un día de la educación de sus hijos, no fuera a ser que en ese tiempo los niños se le desmadraran y dejaran de rozar la perfección.
Así que los pobres no se han juntado con niños, no saben lo que es ensuciarse con la plastilina, ni pegarse con ninguno de su clase…
Mi madre intentó hablar millones de veces con su hermano y decirle que eso no era vida para unos niños y que había que dejarles más libertad… hasta que salieron tarifando…
La madre de las criaturitas una mujer resignada, sumisa y una máquina de obedecer órdenes de su hombre no abría la boca, todo lo que decía su marido estaba bien dicho y todo lo que hiciera bien hecho.
Un buen día fue destinado a un operación especial a Jerusalén por un período mínimo de seis meses, por supuesto pensó en llevarse a toda la familia por delante, pero mi tío un católico apostólico romano no quería ni pensar que sería de sus hijos en un país de mayoría musulmana y decidió dejarles en España, no sin pasar por alto ni un detalle y dictar una serie de normas de comportamiento para seguir a raja tabla.
Como ya he dicho antes, nuestras casas estaban pegadas y la mayoría de ese tiempo mis primos lo pasaron en mi casa, les encantaba estar allí con nosotros, para ellos significaba la libertad… Podían ver la tele, jugar en el patio, comer chucherías sin que nadie les privara de ello ni les soltara un bofetón a la primera de cambio.
Estaban encantados, aprendieron con mi hermano y conmigo lo que eran las peleas y los insultos, en plan “gorda de mierda” “orejón” y todo tipo de barbaridades que nos prodigábamos mí querido hermano y yo.
Fue durante este tiempo cuando empezamos a notar cosas rarillas en mi primo Carlitos, prefería quedarse conmigo a jugar con las muñecas que irse con mi hermano al jardín a jugar al fútbol. Al principio pensamos que podía deberse a que conmigo se llevaba un par de años y con mi hermano casi 10, pero cuando descubrimos su afán por las pinturas y maquillaje de mi madre empezamos a mosquearnos un poco.
Le encantaba venir de tiendas con nosotras, hacer la compra, meterse en la cocina y colocarse un delantal.
Cuando Jesús Vázquez hacía el programa “Hablando se entiende la basca” (seguro que os acordáis de el…) a Carlitos se le escapaban suspiros. Se estudiaba conmigo la Superpop y la Ragazza (la Biblia de las niñas con la edad del pavo) y opinaba en cuanto a determinados estilismos de los que en ellas salían.
En una época en la que todos los chicos suspiraban y babeaban por las tops-models Claudia Schifer, Cindy Crawford… a él le tiritaban las piernas viendo a Zack Morris en Salvados por la campana y a Dylan en Sensación de Vivir. 
Su madre no parecía inmutarse de nada y no iba a ser mi familia los que le dieran la noticia.
Se matriculó en la Universidad en Arquitectura y consiguió acabar su carrera, pero a él eso de trepar por las obras y ensuciarse sus carísimos zapatos no le acababa de gustar, así que empezó a trabajar como decorador de interiores en una empresa de Barcelona.
Gracias a su exquisito gusto no tardó mucho en ponerse por su cuenta a hasta el día de hoy trabajo no le ha faltado el trabajo.
Hace un par de meses, coincidiendo con el 80 cumpleaños de nuestra abuela, volvió a pasar unos días en Madrid. La visita no la hizo solo, venía acompañado de un macizorro rubio estilo Darek llamado Cris (suponemos que de Cristian) que nos iluminó la velada. Mis primas y yo no conseguimos retirar la vista un segundo de aquel monumento.
Igual que perras en celo nos insinuábamos y recontoneábamos delante de él para llamar su atención, por si por un milagro del cielo cambiaba por un día su condición sexual y nos llevaba a la cama para tener sexo desenfrenado y poder gozar de ese hombre por un ratito que estaba hecho, seguro segurísmo, para ofrecer placer.

Mientras me humedecía yo solita como consecuencia de esos pensamientos impuros y gracias a una imaginación que me hace ver todo como si de una realidad se tratara, mi primo me dio un golpecito en el brazo y me dijo en voz baja: “Pau, cielo, se te ve mucho el plumero, se más discreta que al final vas a cortar, aún más si cabe, al pobrecito”
Es ese momento todos los pensamientos multiorgásmicos desaparecieron como por arte de magia.
Durante la cena mi pobre tío no dejaba de insistir que Cris era un “cliente” de Carlitos. O era ciego, o tonto o no quería ver la realidad.
Fuimos a por los postres y Carlitos vino conmigo:
C: Pau, Cris es mi pareja…
Yo: Ah si?? Pues chico ni me lo había imaginado…
C: jajaja, no seas puta… Tienes que echarme una mano, hoy os voy a anunciar a todos mi condición…
Yo: pero Carlitos corazón, todos lo sabemos, hasta la abuela dice que eres de la acera de enfrente…
C: ya pero mi padre no… Y por eso prefería que se enterara con todos vosotros, me da pánico su reacción
Yo: Carlos deja de pensar en tu padre y piensa en ti. Si tu eres feliz, todos felices. A nadie tiene que importarle si te gusta más la carne o el pescado.
C: pufff, por favor Pau, échame una mano y si ves que se pone la cosa fea, pues no se lanzas tú un bombazo como que estás embarazada o algo así…
Yo: jajajaja, anda tira que todo va a ir bien… (no iba a ir bien, iba a ir fatal, mi tío odiaba a los gays… y más si el gay era su hijo…)
Llegó el postre… y el notición…
Carlitos soltó la bomba con más miedo que vergüenza.
Se hizo el silencio y todos los ojos miramos a la reacción de mi tío, que no fue otra que la que nos imaginábamos…
Corrió como un loco la silla, se levantó violentamente y empezó a hablar tan alto y rápido que parecía que estaba predicando en hebreo…
Si dirigió a la puerta de la calle, la cena acababa de terminar para él… pero no salió de la casa sin berrear antes un “NO QUIERO VOLVER A VER QUE PONES LOS PIES EN MI CASA, MARICÓN DE MIERDA. ESTA NO ES LA EDUCACIÓN QUE YO TE HE DADO… Y A ESA PUTA INFLADA DE GIMNASIO NO QUIERO VOLVERLA A VER EN MI VIDA”
Carlitos y Cris siguen junto y felices para mi desgracia… ¡si, envidio a mi primo!!!! ¡me jode que se meta todos los días en la cama con ese pedazo de tio, con ese cuerpo, esa boca que pide besos largos y humedorros a voces, con ese culo redondo y duro como como… puffff otro calentón!!!
Mi pobre tío aún no se ha recuperado del susto, un militar ultraderechista de esos de la mano en alto, cedió con que mi primo le saliera progre, pero lo de homosexual son ya palabras mayores…
Es una pena que aún quede gente con tantos prejuicios en pleno siglo XXI y que no aceptemos a las personas tal y como son.
Pues yo adoro a mi primo, es divino y le quiero con locura, bueno a él y a Cris…
Muchos besitos a tod@s!!!