MARRAKECH PARTE 2
A las 7:30h como un clavo estaba en el hall del hotel esperando a Hamid y a María. Es un detallazo por su parte molestarse en enseñarnos los entresijos de Marrakech en su tiempo libre, aunque muy a mi pesar han sido visitas relámpago por falta de tiempo.
Ya fuera del hotel habíamos quedado con los de Bcn.
Hamid nos contó un poco de historia sobre Marrakech, que durante siglos había sido residencia de las familias más ricas y majestuosas y se la conocía “como la perla del sur”. El primer nombre de la ciudad fue Marroukech (vete deprisa).
A las 9 de la mañana ya empezaba a apretar el calor, un calor seco que contrastaba con una brisa cargada de olores.
Nuestra primera parada fue en la Plaza Jamaa el Fna, ya a esas horas plagada de gente. Tomamos un “ligero” desayuno típico en Argana a base de té con hierbabuena y “kaab el ghzal” (dulces de mantequilla rellenos de almendra) en una terracita recubierta por un toldo verde. Impresiona la luz de esta ciudad, es cegadora, una claridad que jamás había percibido en ninguna otra zona y la mezcla continua de olores. Hamid nos explicó que a partir de las cinco de la tarde empezaban a montar todos los puestos de comida, zumos, frutos secos… todos ellos numerados y perfectamente colocados. Una pena que no podamos verlos!!! Pero esta noche vendremos aquí a cenar o tomar algo después para ver el ambiente nocturno.
Como curiosidad nos dijo que antes era la plaza donde se ejecutaba públicamente a la gente.
Llama la atención los contrastes de esta ciudad, señoras tapadas de pies a cabeza con los velos vs. chicas completamente destapadas. Comercios antiguos vs. comercios modernos. Callejuelas estrechas y laberínticas vs. grandes avenidas majestuosas plagadas de palmeras.
Nos dirigíamos a la Medina.
La medina… puff, no tengo palabras. Impresionante. Mezcla de olores, colores y sabores. Callejuelas y más callejuelas (que facilidad tendría yo aquí solita para perderme). Millones de personas montando millones de bicicletas escacharradas. Tiendas y tenderetes artesanales de todo tipo. Compré bastantes cosillas de decoración para traer a mi mami y para mi nueva casa. Tengo predilección por los elementos arábico andaluces para los jardines. Compre babuchas, pulseras y collares. Un anillo de ankerita y turquesa, que me dijeron que aumentaría el chacras.
Desde todos los lados se divisaba la Torre de la Koutubia, y nos explico Hamid que la que era considerada su hermana gemela era nuestra Giralda sevillana. Lugar de rezo para los musulmanes.
Tras pasear por sus alrededores colmados de millones de palmeras, nos dirigimos al Palacio de la Bahía. Te quedas boquiabierto al ver esa majestuosidad por todos sus rincones, esos jardines, fuentes de mármol blanco, azulejos andaluces, detalles de forja… un cúmulo del lujo más señorial.
Se había echado ya la hora de comer y fuimos a comer al considerado mejor restaurante de toda la ciudad, el Al Fassia en la Avenida Mohamed V.
Estábamos cansados de recorrernos la ciudad durante toda la mañana. Tocaba irse al hotel a descansar muy poquito y arreglarse porque teníamos la presentación esa misma tarde.
Ya por la mañana habíamos dicho de ir a cenar a Jamaa el Fna a ver su vida nocturna.
Esta vez ya si venía Carlos… Y Hamid, María, los dos de Bcn y una amiga francesa de Hamid.
Nos sentamos en una terraza donde comimos a base de verduras y pescado que cocinaron ahí delante de nosotros y aunque corría airecito la temperatura era muy agradable (de todas maneras creo que yo estaba demasiado caliente). Me quedé sorprendida con los encantadores de serpientes, yo me pensaba que eso era solo cosa de cuentos. Había cuenta-cuentos y una especie de “coral berebere” animaba la velada.
María se tatuó con hena una paloma (aunque yo creo que es la gaviota del PP).
Todas las personas estaban involucradas en sus menesteres, en su mundo.
Gente joven y niños se agolpaban en la plaza y es curioso ver y sentir como nos mezclábamos los turistas con los propios de la zona.
Después de la cena un té… Empezaba a estar harta de tanto té. Necesitaba una copa que me refrescara y apaciguara mis nervios.
En la calle está prohibido beber, así que Hamid nos llevo por unas callejuelas hasta una especie de “tetería” de un amigo suyo donde nos prometió algo con más sustancia…
A mi solo me gusta el ron pero no había así que me lancé a por el güisqui aunque sabía que con el primer sorbo ya estaría completamente alcoholizada.
Así fue, tal cual vaticiné mi final. Nos íbamos todos dormir, Hamid y su amiga francesa a su casa, los chicos de Bcn a su hotel y María y yo al nuestro. Carlos muy caballeroso se ofreció a llevarnos…
Nos llevó y se ofreció también a acompañarnos a nuestras habitaciones…
Primero a la de María…
Luego a la mía. Le ofrecí entrar. Sin a penas decirnos nada nos besamos, antes de que me hubiera llegado a besar ya empecé a sentir unas palpitaciones exageradas de cintura para abajo.
Me tumbó en la cama, tenía tal excitación que empecé a dar gemidos mucho antes de que me tocara, tenía los pezones duros tan duros como mi nuevo anillo de ankerita. Se tumbó encima de mí y noté una erección que me hizo volverme loca. Nos desnudamos como desesperados y lleváramos años sin hacer eso, me besó todo el cuerpo, me acarició, lamió cada parte de mi hasta llegar a mi sexo. Exploté en ese mismo instante. Sentí algo que hacía tiempo no sentía. Tuve el orgasmo más largo de mi vida. Nos abrazamos, nos besamos, pero no nos dijimos nada.
Estuvimos toda la noche haciendo lo mismo.
El mejor sexo de mi vida lo he tenido en Marrakech.
I love Marrakech.
El avión salía a las cinco de la tarde (hora marroquí), pero aun me quedaba toda la mañana para disfrutar de Carlos, de Marrakech y de sus mercadillos. Necesitaba comprar muchas cosas… no me puedo ir de un sitio sin comprar un poco de todo, ya sean dulces típicos, jarrones, marroquinería o cualquier chuminada.
Mi amiga Ainara tiene la costumbre de comprarse en cada país que tenga Benetton una camiseta basic de esas que pone U.C.B. milano, Madrid, London o lo que sea, manías…
Nos fuimos del hotel sobre las 10:00, habiendo dejado ya la habitación recogida.
Carlos me llevo a Rahba Redima.
Me volvía loca, soy un poco adicta a la artesanía. Compré un precioso tapiz de una hilandera ribeteado en hilo color oro y un kilim. Menos mal que fue en una tienda con envíos internacionales y lo mandan a mi casa.
En el zoco me di cuenta que no tenía yo arte para eso del regateo.
Llegó el momento de la despedida.
Nos despedimos con un beso en la mejilla y un simple “buen viaje”. Hubiese necesitado algo más por su parte un “espero verte pronto” o “ojalá lo de anoche hubiese durado toda la vida”, pero tenía que ser realista y saber que lo de anoche solo fue sexo sin una gota de amor, quizá solo aderezado con un poquito de cariño.