el vestido de pandora II
...............................................me sentía como si yo fuera un hielo y sus manos un sol abrasador que me fuera fundiendo, poco a poco. Cuando él me tocaba, un calor nacía en mi estómago y me quemaba por dentro, subía desde mi pecho hasta morir en mi garganta, ahogando palabras que no podía decir, palabras que no era correcto escuchar, ese calor fue encendiéndome las mejillas aunque realmente tubiera frío, aunque deseara el calor y el fuego de aquel sol..........no me permití abandonarme, no debía hacerlo.....
Él iba alternando capas de tejidos y fijándolos con alfileres, sabía si le gustaba o no, porque al cabo de cinco segundos volvía a quitármelos y a ponerme otros en lugar de estos. Una vez, estuvo arreglado el escote del vestido por la parte trasera, su cabeza rozaba la mía y su aliento era enviado a mi nuca, rozando mi piel, mi cuerpo se erizó por completo, me sentía tan excitada por la manera en la que no me tocaba, por la manera en que me utilizaba.... después hizo el escote delantero, sus manos estaban alrededor de mis senos con una gasa de color rojo, y sus ojos quedaron a la altura de los míos durante un segundo, un segundo en el que me hundí en su mirada, aquel río verde, en el que se dejaban ver algunas lagunas oscuras en las que ahogarse hubiera sido tan fácil.......pero apartó su mirada violentamente, tanto, que me dolió por dentro, no pude ver lo que decía su rostro, pero estaba convencida de que no me hubiera gustado, estaba teniendo fantasías con un hombre para el que solo era la percha de una de sus creaciones, un hombre para el que yo solo era un maniquí, sería mejor que empezara a quitármelo de la cabeza, aquello solo me incumbía a mi, era mi fantasía, no la suya.
Hubo dos sesiones más, en las que prácticamente no adiviné nada del vestido, excepto el color, una seda roja, con pedrería del mismo rojo oscuro y un cordón sencillo también en el mismo rojo fuerte, sin duda se había fijado en mis ojos y sabía que aquel color los realzaba. Llegó el día final, por fin mi vestido estaría acabado y no tendría que vovler a verme.......me llevaría el vestido a mi casa para lucirlo en la fiesta pero....... no volvería a verle, entré en aquella sala que casi me resultaba familiar, encontré a Albert en una esquina y me sonrió, su sonrisa era dura, como si fuese forzada, como si le costara mirarme a los ojos, me dijo que había conseguido los accesorios perfectos para el vestido, quería ver como quedaba el conjunto , así lo hice, los zapatos eran una obra de arte, el mismo los había recubierto con la seda del vestido y había engarzado la pedrería cosiéndola a los zapatos, era un gran trabajo, paciente, esmerado, me vestí y me retoqué el maquillaje para ver el efecto que tendría, el resultado fue espectacular, salí fuera y Albert se quedó quieto, su rostro volvía a ser duro, alejándose de mi.
Me hizo girar, yo me sentía como una princesa, estaba impresionante, pero a él nada le impresionaba, me dijo que estaba bien y preguntó si era de mi agrado, le dije que era perfecto, que no podría haberlo hecho mejor, sacó de su bolsillo una cajita pequeña y sacando unos pendientes se acercó, el corazón me palpitaba con fuerza, me los puso, su contacto me quemó por dentro, retrocedió para ver el resultado, no pude evitar volver a dar un giro para ver el vuelo de la falda, al hacerlo, un pendiente se desprendió y aterrizó en sus pies, yo me acerqué a recogerlo en el mismo momento que él ya se estaba levantando y nos quedamos mirándonos de nuevo, sus ojos a los pocos centímetros de los míos y sus labios casi rozando los míos, entonces cuando me imginé que se apartaría como la otra vez, se lanzó a mi boca, me besó con pasión, sus grandes brazos me rodearon y estrecharon contra su pecho, su mano me rodeó la nuca suavemente mientras su boca me exploraba, su calor me inundaba por dentro, sus fuertes barzos me abrazaban y recorrían, mis manos perdieron el control y le rodeaban los anchos hombros, nuestras bocas tenían urgencia, nuestros cuerpos la necesidad del otro.......al cabo de unos minutos nuestras bocas se separaron, vi su rostro con una expresión avergonzada, como pidiendo disculpas, le dije sin reparos que le deseaba, que no tenía ni idea de que a él le ocurriera lo mismo, me contó que para él había sido muy duro esconderse de mi mirada, huir de mis labios...nos fundimos en otro beso, pero ya nos parecía poco, mi vestido se desprendió de mi cuerpo como si de una segunda piel se tratara, sus manos recorrieron mi talle, aterrizando en mis pechos duros y dispuestos, su boca se sumergía en mi cuerpo, buceaba entre mis cabellos, mi cuello estaba húmedo por su saliva y se iba enfriando conforme se iba alejando de él, mientras que mis pechos se humedecían al paso de su boca, se calentaban mientras él los rozaba con sus labios hasta volver a enfriarse, cuando sus labios se alejaban mis pezones se endurecían, mis manos le esploraban, necesitaba acercarlo sobre mi cuerpo vacío, sentir el calor que me había sido negado con anterioridad, le necesitaba dentro de mi para sentir su calor, para ver como caminábamos juntos, por fin cuando ya nos conocíamos los cuerpos, nos unimos en uno solo, las piernas entrelazadas, no sabría decir donde empezaba yo y donde acababa él, el baile fue perfecto, sus pasos eran a la par de los míos, sincronizados, disfrutando de la pasión en la que nuestros cuerpos mientras que nuestros fluídos se mezclaban, se entretejían, nos quedamos allí tendidos sobre la alfombra hasta que la luz se escondió. Albert cogió un gran retal de tela de organdí y me cubrió con ella, pese a su delicadeza pude sentir el calor en mi cuerpo desnudo, se tendió junto a mi y con sus manos empezó a acariciarme, mi piel se estremecía bajo el contacto de su piel, se me escapó un gemido, sorió y decidió seguir acariciándome de nuevo pero esta vez con su lengua, recorrió mi cuerpo humedeciéndolo con ella, deteniéndose en los lugares que más me excitaban, cuando mi exctación dejaba claro donde me conduciría, el se interrumpía y se desplazaba a otro lugar, hasta que volvía a suceder, se repitió varias veces hasta que creí que estallaría por dentro, hasta que volvió a introducirse en mí y volvimos a bailar, esta vez fue un baile lento, suave, sin fin, en el que el mundo se desvaneció y solo quedamos nosotros y aquella alfombra, solo quedaron nuestros cuerpos húmedos y repletos, tapados con organdí verde......como sus ojos..........en aquel momento decidí, que aquel año no acudiría sola a la fiesta en Barcelona............
un beso desde mi caja.
pandora.