EL CUERPO DE MI DESEO parte II
El día me fue bien, pude hacer la presentación perfectamente y con las notas de la noche anterior prepare una opción de publicidad que les encantó y me concedieron la responsabilidad del proyecto entero, era una gran oportunidad, quizá hasta fuera a Londres a publicitar el producto allí, era una gran noticia habría que celebrarlo, lo haría por la noche, con el sr. Mosso d´esquadra, no se me ocurrió preguntarle el nombre, de repente no parecía tan buena idea como la noche anterior, pese ha haber estado buena parte de la noche fantaseando y excitándome con aquella cita, ahora a la luz del día no me parecía tan estimulante. Intenté no volver a pensarlo, de todas formas siempre me quedaba el recurso de llamar y decir que no podía, pero es que, realmente me gustaba aquel tipo. Mi secretaria y amiga Karla enseguida se dio cuenta de que algo pasaba y yo no tardé ni cinco minutos en explicárselo. Era fácil, mosso, (por aquí ya saben de mi afición a los uniformes) guapo, alto, moreno, cuerpo de lujo, dos meses que yo llevaba sin …..,cita si o no? No había lugar a dudas de cual sería el consejo, como tampoco me imaginé que en menos que canta un gallo, toda la oficina estaba al corriente, de toda la situación, no faltó el compañero de turno que se ofreciera a solventar la situación, pues según ellos, no se puede ir con “hambre” a una cita, la verdad es que aquellos comentarios de mis compañeros trogloditas fueron avivándome por dentro durante toda la mañana y parte de la tarde. Decidí que ya había trabajado suficiente, me marché a casa, había resuelto que iría a la cita, si no me gustaban las vibraciones me marcharía.

En casa me preparé un gran baño de espuma, con agua muy caliente, me gustaba relajarme así, extendía el aceite por mi cuerpo para dejarlo dulce y brillante, no dejaba de pensar en él, en como sería si me tocara, sería suave?, o sería rudo?, decidí que rudo, sus hombros anchos le delataban, sus manos me acariciarían la espalda, sus labios recorrerían mis hombros, los dos desnudos, el a mi espalda tocaría mis pechos, yo le dejaría hacer, sería un juguete para el, para que hiciera conmigo lo que él quisiera, le dejaría explorarme, le dejaría saborearme centímetro a centímetro, pero con prisa, como si se fuera a acabar el tiempo, me comería, me contaría sus secretos al oído, me susurraría cuanto me desea, y al final con un balanceo de caderas entraría dentro de mi con fuerza, arremetiendo con todo su cuerpo, violento si, pero muy placentero para ambos, así lo imaginé.
Después del baño me puse la ropa mas sexy que tenía, realmente iba de caza como dicen mis compañeros, pero era así. Media hora más tarde me dirigía con mi coche a la cita con el Mosso, y recibí una llamada al móvil:
- Hola?
- Soy yo.
- Quién?
- El agente que no te multó ayer por la noche.
- ( se me vería desde la calle lo colorada que me había puesto?) Dime, ocurre algo? Si no puedes venir no pasa nada, lo entiendo.
- No que va, solo que había pensado que no sabes mi nombre y a lo mejor no te parecía buena idea quedar con un desconocido.
- Tú tampoco sabes el mío-contesté.
- Te equivocas te llamas Gema, lo ponía en el carné de conducir, tu móvil estaba en los papeles del seguro.
- ( pasmada me dejó, el corazón se puede salir de su sitio si bombea tan fuerte?) Vale, me pillas, quieres pasar a ser un conocido con nombre?
- Javier, es mi nombre.
- Vale, Javier es bonito, gracias.
- Bien Gema, nos vemos en el restaurante en veinte minutos?
- Vale.
Ahora ya habíamos hecho las presentaciones, realmente era un tipo agradable, y además había demostrado interés, ¡¡¡¡¡¡se apuntó mi teléfono y mi nombre!!!!!!!, todo un detalle de su parte.
Llegué al restaurante y aparqué el coche, no vi ningún otro automóvil, pensé que había llegado demasiado temprano, no era buena señal, se me notaría ansiosa, pero que iba ha hacer, hacía frío fuera, cuando entré me estaba esperando en la barra, apoyado con un codo sobre ella y una pierna delante de la otra, en la mano unas rosas azules, no me lo podía creer, era un detallista, debió de escuchar mi conversación con el contestador de la oficina. Solo sonreí, no sabía que decir, él tomó la iniciativa y me preguntó si quería tomar algo antes de la cena, le respondí que tomaría lo mismo que el, pidió cava para los dos.
Pasamos al comedor después de intercambiar unas frases sobre el cava y su temperatura, para romper el hielo. La cena fue un lujo, en cuanto a la comida y en cuanto a la compañía, nos explicamos nuestras vidas, en que trabajábamos, como habíamos llegado a lo que éramos, nuestras vidas sociales (ninguna era muy abundante), que si teníamos animales (el tenía un pez negro), realmente congeniamos, a la llegada del café nos pusimos tensos, sería el final de la velada y no sabíamos que decir para que se alargara………continuará.