En pleno siglo XXI, cuando la humanidad tiene
a sus espaldas una historia larga y llena de vicisitudes, vemos como ciertos
políticos utilizan al pueblo, sin que este pueblo sepa o quiera reconocer, que
es manipulado.
No diré jamás nada en contra de las opiniones
de mis conciudadanos, tal como dijo un político de Andalucía al perder las
elecciones municipales. Ni como otro de Valencia, al ver el resultado de un
juicio. El ciudadano, ya sea en las urnas o en un juicio o en cualquier otra
parte donde se le pida su opinión, es libre de decidir lo que crea más
conveniente, o en el caso de un juicio, lo que crea que es verdad.
Si el ciudadano, en unas elecciones vota por
tal o cual partido, donde haya personajes con poca o ninguna ética, la culpa no
es del ciudadano. La culpa es de los otros partidos que no han sabido decir o
demostrar correctamente esa culpa. Posiblemente, porque ellos también tienen
una mochila grande en sus espaldas.
Si el ciudadano, en un juicio, libera de toda
culpa al acusado o acusados, es porque realmente no haya pruebas suficientes o
porque no han sabido demostrarles, abrirles bien los ojos, ante la culpabilidad
del acusado. En este caso, el culpable es la fiscalía. No ha sabido hacer bien
su trabajo. No ha atado el caso. Se ha metido en la vorágine del juicio, con la
publicidad de los medios, pero sin atarlo bien.
Pero lo lamentable del caso o casos, donde
los políticos, con poca o ninguna ética, al ganar un juicio o salir victoriosos
de una campaña electoral (aún teniendo a sus espaldas un muerto) se vanaglorian
de lo bien que les ha ido.
El señor Camps, es libre de toda culpa. El
jurado ha sí lo ha declarado. Pero tal como se ha visto en las grabaciones que
han salido a la luz pública en el juicio, el señor Camps, deja mucho que
desear. Es verdad que si abandonará la vida política de golpe, sería como si de
verdad fuera culpable, pero tampoco deberían de dar tantas campanas al vuelo,
porque tanto él como su partido, deberían de tener una ética, una moral, en definitiva,
una ejemplaridad más acorde con los tiempos en los que vivimos.
Se supone, y en algunas ocasiones nos
equivocamos bastante, estos personajes oscuros o claroscuros, no han aprendido
nada de la ética y moralidad del puesto que ocupan o han ocupado. Tendrán
estudios superiores, tendrán años de trabajo en puestos decisivos, tendrán…,
pero no han aprendido nada éticamente correcto.
El señor Camps y su familia tendrán regalos
(de toda clase de personajes) valorados en miles de euros. Regalos que no se les
ocurrieron dar a entidades sin ánimo de lucro, porque ellos lo querían. La
ética del señor Camps, ha sido muy extraña.
Él, al igual que los altos cargos de
cualquier administración, sabe que no se debe de aceptar regalos de ningún
tipo. En caso de recibirlos, es mandarlos a cualquier institución si ánimo de
lucro. Es una norma para cualquier funcionario, y él, durante sus años de
mandato, era un funcionario.
Ahora al ganar este juicio, nos sale con que
volverá al ruedo de la política. Y todo su partido da por hecho que es lo más
lógico. Hasta se replantean como podrá ser restituida su honorabilidad. ¿No ha
recibido ya suficientes regalos, para que ahora se le deba de dar otro más
grande? ¿Es éticamente correcto alardear de algo que no era correcto? ¿De esta
manera piensa la clase política, que podemos confiar en ella?
Yo a mi humilde entender creo, lo más lógico
y sensato, que deberían de hacer con el señor Camps su partido, era mandarlo a
la universidad y que aprenda ética y moral. Pero no solo él, sino que deberían
de acompañarlo, todos esos personajes políticos que reciben regalos de toda
clase de siniestros empresarios. Puede que aprendan algo y sean dirigentes
honestos, y éticamente correctos.