Blog oficial de Oscar Cano.

Entrenado nacional de fútbol, y Técnico deportivo superior.
Articulos de presentacion.

FUTBOLISTAS Y CONTEXTOS

Se detenía la competición doméstica el pasado domingo y sin tiempo para el merecido descanso, ya saben quelas jornadas de asueto no existen desde que el fútbol está anulado por la mercadotecnia, los vividores de la máxima audiencia vuelven a cautivarnos divulgando encuentros internacionales de carácter amistoso. Entre los más sugestivos, se encontraban los que debían disputar España e Inglaterra, así como el duelo que debían mantener Francia y Argentina en el país vecino. Relacionado con este último partido, y aprovechando que  en la selección sudamericana juega un tal Messi y hace de director técnico Maradona, las principales hojas de los diarios deportivos recogían, previo a la cita, todo tipo de  declaraciones en las que indudablemente los protagonistas eran los dos mejores jugadores aparecidos entre la década de los ochenta y la actualidad. Entre el reparto de piropos, se encontraban expresiones que creo conveniente estudiar para una mejor comprensión de este nuestro más insigne deporte. Indicaba Maradona, tras realizar un balance del juego del Barcelona, que en la selección argentina quisiera ver al mismo Messi que tan radiantes actuaciones estaba cuajando en España. Aún más, concretaba que, para ello, la mejor ubicación del argentino era la que ocupa en el equipo culé. O sea, la intención del seleccionador se dirigía a que el pequeño delantero tuviese un desempeño similar con la blusa albiceleste que con la azulgrana. Hasta ahí nada extraño.

El problema surge cuando en la misma conferencia ante los medios de comunicación, anuncia que Argentina jugará con Mascherano y diez más. Eso si da lugar a otra interpretación. Con todas estas señales anticipadas, el miércoles de madrugada, después de ver otra demostración de alta escuela de nuestra selección, no podía perderme el partido entre dos de los mejores combinados mundiales, o al menos eso indica la historia. Desde el pitido inicial, los contradictorios antojos del “pelusa” se hicieron patentes y las posibilidades reales del juego que podían fabricar los jugadores alineados terminaron por divorciar, aún más, a ambas reflexiones. Cuando el balón echa a rodar cualquier concepción poco congruente queda evidenciada tarde o temprano por la naturaleza específica de las interacciones entre jugadores. Eso es algo que, felizmente, los entrenadores no podemos rectificar. Pasaban los minutos y con ellos se hacía más pujante el concepto de que todos los seres humanos, somos seres contextuales. Messi no recibía el balón en las mismas condiciones ni con la regularidad que en el Nou Camp, dónde estarán mis colegas los bajitos debió preguntarse; cuando trazaba una diagonal hacia portería, Álves no aparecía por el espacio ofertado para generar desconcierto. A lo máximo que llegaba Zanetti era a disfrutar del slalom desde la lejanía. Con estas variables, el paso de los minutos, le llevó a espacios próximos al “Kun” Agüero, me imagino que buscando sociedades más valiosas. El partido por entonces era tan desordenado que cualquier jugador aparecía por cualquier lado, característica notable de este fútbol innovador que encumbra el exceso de dinamismo y consagra a los que más sudan. Lo peor, que Argentina batió a una gris Francia, dirigida, por supuesto, por los sobreabundantes Diarra y Toulalan, lo que ayudará a que Maradona vuelva a calcar la receta, y que Messi tras el match, expuso que espera jugar al mismo nivel que en el Barça. Sólo faltaba que encima se autoculpara. Dicha insatisfacción remarca sobremanera la necesidad de replantearnos qué debemos hacer, los entrenadores, para que las capacidades de cada individuo de los que forman el colectivo no sólo no se mermen sino que puedan amplificarse. Cómo tupir esa red de elementos concomitantes. Ahí está el quid de la cuestión. Para que haya correspondencia entre esta pregunta y su respuesta, nada más fiable que echar un vistazo a la selección española y su juego desde que alguien se atrevió a sacar del sarcófago del desprecio el legado de Cruiff, introducir en ese mismo féretro todos y cada uno de los artificios de los impostores que buscan hacer de un juego una ciencia, y de un ser humano una máquina, para que la realidad cobre una forma y un fondo espléndido, es decir, su verdadero aspecto.

Publicado el: sábado, 11 de julio de 2009 21:34 por inglishbcn

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