¡Por fin llegaron!
¡Por fin! ¡Han llegado las maravillosas rebajas! ¿O quizás temibles?
El caso es... ¿a quien puñetas se le ha olvidado unas pastillas de estreñimiento el primer día de las rebajas? A nadie, por supuesto, pero el caso es que allí estaba yo, como una gran campeona afrontando el primer día de rebajas al pie del cañón y dispuesta a bombardear a los clientes a productos dietéticos, pero claro, la lucha me duró menos que canta un gallo puesto que... ¡la gente tiene inteligencia y saben que no se les ha perdido nada en el departamento de dietéticos un domingo festivo! Así pues, la marabunta decidió ir a tocar los cojones a plantas textiles.
El caso es... ¿qué persona aguanta con alegría y devoción la tortura de las rebajas? Yo seguro que con alegría és lo último que llevo metido en el cuerpo... Soy de las que acudo al final de ellas, pero este año me he armado de valor y decidí ir al primer día a luchar contra la muchedumbre, dispuesta a estirar de los pelos a toda histérica, afilar
mis uñas y llevarme por delante brazos, ojos, tetas, todo lo que fuese necesario para quedarme con esa única prenda que está ahí, deseosa de todo ojo femenino y que justo esa única prenda es la de tu talla. Así pues, después de mi jornada de trabajo, decidí ir a tocar los cojones yo también, pero el valor me abandonó pronto, muy pronto... Me sucumbí en el tenebroso lugar de la tienda Berska. En mi vida había visto a tanta, a tanta.... llamémosle mujeres con un ligero toque a macho cabrio, que como energúmenas matan, degollan, descuartizan a toda tía que se les ocurra coger esa única prenda de la única talla que es justamente la suya. En esos 2 min de estancia, no pude apreciar si había algo de mi "gusto" sino que me tiré esos largos y interminables minutos observando al personal femenino. Total... si había algo interesante que comprar, mejor ni esforzarse a llevarte una prenda de temporada pasada con un ojo sacado, así pues, me decidí por ir a tiendas más tranquilas, de esas de las que ni Cristo se le ocurre perder los calzoncillos allí, pero coño, en la cual tranquilamente sin esquizofrénicas, puedes ir paseando observando cada prenda expuesta y justamente de un sin fin de tallas, en donde sales cargadita de ropa por 30 euros y la mar de monas.
Y ahora haciendo un pequeño análisis de estas famosas rebajas que nos hacen perder el razonamiento. Prendas del año catapún chin chin gori gori gori. Prendas que te las pones ese mismo verano y al año siguiente te la encuentras en tu armario, hechas un guiñapo, royo "compradas del rastrillo". En tu proceso de compra, luchas, luchas ferozmente contra todo coño que se ha encaprichado, repito, de la única prenda, que es de tu misma talla, todo para que al final, al año siguiente, la tengas que usar como trapo de limpiar el polvo. Acabas con una migraña, sudores y la vena del cuello hinchada como un melón de lo encabronada que sales de la tienda, porque tu batalla contra otra ha dado lugar a una derrota y siendo el trofeo de tu enemiga, esa única prenda, de tu misma talla. Pero eso sí, como la batalla la ganemos nosotras, salimos con nuestra única prenda de nuestra talla a lo "trofeo", mimándola como si fuese un tesoro digno de proteger, para que al final... acabe de trapo para limpiar el polvo.