Cuando las verdades ofenden

¿Te deben de ofender?
Aquella noche...

Sabía que aquella noche iba a ser un momento para jamás olvidar. Sabía que aquella noche iba a desencadenar la lujuria de una mujer invadida de deseos. Sabía que aquella noche se iban a desatar los lazos de oprimían mis deseos más ocultos y era el momento de dejarlos mostrar, tal y como es, esta mujer, tal y como soy.

Mientras íbamos caminando hacia nuestro rincón, nuestros cuerpos iban lentamente encendíendose, aridendo de deseo... ardiendo de un calor en el cual ni el uno ni el otro estábamos dispuestos a enfriar... debía de seguir asi´, hirviendo nuestras sanges, sintiendo la necesidad de rozar nuestros cuerpos desnudos, húmedos de nuestro sudor... debía de seguir así.

Entremos a ese restaurante que nos enloquece, embriagándonos de sus olores afrodisíacos y dejándonos llevar por ese lugar... ¿Una relación sexual comienza en el coito? ¿O quizá en aquella cena se podría llamar puramente sexo? Comenzó nuestro juego... Bebiendo lentamente, sorbo a sorbo, saboreando el vino que nos invitaba a seguir echando nuestras cartas sobre la mesa, que nos invitaba a seguir jugando el uno con el otro e invitándonos a desnudar nuestros cuerpos ante nuestros ojos.

Una caricia, una sonrisa, una mirada lasciva ajenos nuestro entrono de los deseos de una pareja ue gritaban sentirse, que gritaban tocarse... que gritaban poseerse. Íbamos saboreando los manjares que nos iban sirviendo, dejando que nuestro paladar se deleitara con exquisitos sabores, sabores afrodisíacos, sabores dignos de admirar.

El vino no tardó en hacer su efecto en los dos. Mi razonamiento comenzaba a no tener sentido... simplemente dejé de pensar, dejé de guiarme por mi cabeza y me dejé guiar por lo que sentía en ese momento. Dejé que saliera el dese que llevaba encerrado en mi interior.

Al final de esa cena, majestuosamente me levanté para ir a darme unos retoques al baño sin olvidar la insinuación de una mujer, sin dejar de insinuarle e invitarle a follarme. Así que ante mi espalda, estaba él, sus ojos clavados en mi caminar, en cómo me contoneaba únicamente para los placeres de sus ojos, arte dedicado a él, sexo dedicado a él...

Una vez acabada nuestra velada, nos dirigmos a un lugar digno de pecar, en el cual, no todos están invitados, solamente los más osados. Entremos a ese lugar... Nos invadimos de ese olor... ¿olía a sensualidad? ¿Quizás a lujuria? ¿O quizás a sexo?

Nos condjueron a nuestra habitación y ante nuestros ojos teníamos un lugar digno de admirar... un lugar donde las grandes perversidades sexuales son propicias para realizar allí.

Nos sirvieron una botella de cava, acompañados de chocolate y unas galletas saladas. Uhmmm... más alcohol... chocolate, un pecado para mi paladar.

Ante nosotros estaba esa majestuosa cama, una cama redonda, en la cual le acompañaba como cabecera una seguida de espejos que estaban invitados a presenciar aquella noche. Justo delante de la cama, un jacuzzy que nos gritaba que entrásemos y sintiéramos el agua arcariciar nuestra piel mientras bebíamos una copa de cava y dejábamos derretir un exquisito chocolate con menta.

Era todo placer visual... todo deseo...

Mientras él llenaba el agua del jacuzzy, me desnudé, dejándome únicamente puesto mi corsé, mi tanga y mis medias con liguero. Sentada al filo de la cama con mis piernas invitándole a entrar, iba saboreando mi copa de cava. La invitación no fue rechazada... Se acercó lentamente y me tumbé, apoyando mis piernas al filo de la misma. Él sabía lo que tenía que hacer. Me arrancó el tanga. Se arrodilló ante mí y su lengua comenzó a jugar con mi sexo. Sentiá sus labios besar mi sexo... sentía su aliento... Sentía sus suspiros... Me lamía sin cesar... ME invadía el placer y solo sentía su boca sobre mi sexo, solo sentía deseo, locura... No podía dejar de lamerme y no dejaba que se fuese, así pues, le agarré la cabeza, haciéndole partícipe de mis contracciones, de mis jadeos, de mis gemidos y de mis gritos...

La perversión de su boca con mi sexo llegó a su fin. El jacuzzy nos pedía visitarle, pedía que refrescáramos nuestros cuerpos y calmáramos nuestros deseos. Nos sumergimos en el agua. Dejemos que nuestru cuerpo se enfriara mientras íbamos bebiendo nuestra copa, pero realmente queríamos que nuestros cuerpos se enfriara? Me coloqué sobre él... derrame el cava sobre su pecho para degustarlo con su piel... estaba encaprichada de que no quería beber en una copa, sino en su propia piel y así hice. Derramé el cava para lamerlo y degustarlo... Mientras iba bebiendo de su piel le ofrecía galletas saladas para que él no se quedara insatisfecho, para que él también saciara su apetito, de sexo?

El baño duró poco... a penas llegó a la hora... Teníamos prisa... Teníamos deseo por sentir nuestros cuerpos sobre esa cama redonda y vernos reflejados en esos espejos, ser cómplices de nuestras miradas a través de nuestros reflejos. Así pues, sequemos nuestros cuerpos, él secó el mío y yo sequé el suyo.... despacio, acariciando nuestros cuerpos por las toallas... sintiéndolas rozar por nuestra piel.

Comenzaba nuestro desate de pasión y era el momento de echar mano de nuestro juguete que habíamos comprado previamente en un sex shop; un plug que estaba invitado a adentrarse en el único agujerito que aún seguía virgen. Entró sin complicaciones, la excitación de mi cuerpo ya era suficiente. Había que domesticar ese agujerito, había que jugar con él para prepararle para un juego morboso, caliente y placentero, para enseñarle a descubrir el placer de ser invadido... penetrado...

No tardó en irse abriendo... fue sencillo, sin ninguna complicación y cuando ya me sentía preparada, me coloqué frente a él, a cuatro patas, invitándole a entrarme, a invadirme, a sentirle, a desvirgarme. Fue entrando lentamente, preguntándome en todo momento si sentía dolor y para mi sorpresa y para la suya, sentía deseo y placer de que siguiera entrando. Necesitaba que siguiera hasta el fondo, necesitaba que me lo follara y así lo hizo. Entraba y salía, fuerte, sin piedad.... No moríamos de placer, él por supuesto y yo para mi sorpresa estaba invadida de éxtasis.

Podíamos apreciar nuestro juego ante el reflejo de los espejos. Placer visual, placer carnal... Un acumulo de sensaciones difíciles de describir. ME sentía llena de placer, ver su cuerpo detrás de mí a través de esos espejos, ver nuestras caras de placer y de deseo y porqué no? Nuestras caras de perversión. Llegué a un majestuoso orgasmo, siempre dudado, porque nunca creí que por el sexo anal se llegaría a alcanzar el clímax, pero me equivoqué, me fundí en él, me invadí y él al sentir mis contracciones, me invadió... me llenó....

Publicado el: viernes, 15 de junio de 2007 0:45 por Lea1983

Comentarios

Anonymous ha opinado:

ups
# junio 20, 2007 16:15
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