Cuando las verdades ofenden

¿Te deben de ofender?
El elefante encadenado

Un cuento para pensar:

Cuando era chico me encantaban los circos y lo que más me gustaba de los circos eran los animales. También a mi como a otros, después me enteré, me llamaba la atención el elefante. Durante la función, la enorme bestia hacia despliegue de su tamaño, peso y fuerza descomunal... pero después de su actuación y hasta un rato antes de volver al escenario, el elefante quedaba sujeto solamente por una cadena que aprisionaba una de sus patas clavada a una pequeña estaca clavada en el suelo. Sin embargo, la estaca era solo un minúsculo pedazo de mader apenas enterrado unos centímetros en la tierra. Y aunque la cadena era gruesa y poderosa me pareció obvio que ese animal capaz de arrancar un árbol de cuajo con su propia fuerza, podría, con facilidad, arrancar la estaca y huir. El misterio es evidente: ¿Qué lo mantiene entonces?¿Por qué no huye?

Pregunté entonces a algún maestro, padre y tío por el misterio del elefante. No recuerdo haber recibido ninguna respuesta coherente. Con el tiempo me olvidé del misterio del elefante y la estaca... y sólo lo recordaba cuando me encontraba con otros que también se habían hecho la misma pregunta. Hace algunos años descubrí que por suerte para mí alguien había sido lo bastante sabio como para encontrar la respuesta: El elefante del circo no se escapa porque ha estado atado a una estaca parecida desde muy, muy pequeño. Cerré los ojos e imaginé al pequeño recién nacido sujeto a la estaca. Estoy seguro que en aquel momento el elefantito empujó, tiró, sudó, tratando de soltarse. Y a pesar de todo su esfuerzo, no pudo. La estaca era ciertamente muy fuerte para él. Juraría que se durmió agotado y que al día siguiente volvió a rpobar, y también al otro y al que le seguía... Hasta que un día, un terrible día para su historia, el animal aceptó su impotencia y se resignó a su destino. Este elefante enorme y poderoso, que vemos en el circo, no se escapa porque cree que no puede. Él tiene registro y recuerdo de su impotencia, de aquella impotencia que sintió poco después de nacer. Y lo peor es que jamás... jamás... jamá.. intentó poner a prueba su fuerza otra vez.

 

 

Publicado el: martes, 23 de enero de 2007 19:25 por Lea1983

Comentarios

Anonymous ha opinado:

Tenemos suerte de no ser elefantes!!!!!!!!Cada día aprendemos cosas nuevas y las ponemos en práctica......creo.


un beso desde mi caja.
pandora.
# enero 24, 2007 19:14

Anonymous ha opinado:

Jorge Bucay, me equivoco?
# enero 25, 2007 10:21

Anonymous ha opinado:

Es de Lea. Lo pone en el encabezamiento.
# enero 27, 2007 20:48

Anonymous ha opinado:

Muy perspicaz. Lée y culturízate, cateto Mira en el libro de Jorge Bucay "Déjame que te cuente" y lo descubrirás.
# febrero 1, 2007 12:55

Anonymous ha opinado:

Me encanto este cuento al que haces referencia....yo - ¡¡¡a la edad viruelas!!!- lo estoy intentando, siempre estamos a tiempo de cambiar una situación, a la cual creemos que no podemos hacerlo ya nunca. En el momento que me autoanalice, entendí, que llevaba un lastre del pasado que me producía un malestar emocional y poco a poco he ido he ido tirando de la cadena hasta arrancar esa estaca del suelo. Creo que propagar todo este tipo de lecturas es muy beneficioso....más de lo que pensamos. Animo...salud.
# febrero 4, 2007 10:56

Anonymous ha opinado:

Tienes razón, Jimmy. De vez en cuando lees algo y te recuerda que eres único y que nadie te puede "encadenar" cuando despiertas. Lo malo es que hay gente a la que no les gusta despertarse y ver la realidad.
# febrero 5, 2007 10:06

Anonymous ha opinado:

A los rebeldes que se rebelan a favor de la corriente, les suelo llamar borregos. Hipotenuso.
# febrero 6, 2007 16:00

Anonymous ha opinado:

A favor de la corriente? Qué sabrás tú...

Borrego es uno que no pone ni su nombre o mote pa escribir. Ponge borrego, que te viene bien.
# febrero 7, 2007 13:22
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