Con la ayuda de Poderes Mentales, así cualquiera...
El Galio es un metal de un color plateado brillante que se utiliza mucho en la industria electrónica para entre otras cosas, la fabricación desde hace ya muchos años de transistores, o de diodos led, o de circuitos integrados. Entre sus propiedades quizás una de las más interesantes sea la de que su punto de fusión, o sea, la temperatura a la que pasa un elemento de su estado sólido al estado líquido, es de solamente 28,5 grados centígrados.
Si aprovechamos esa característica para unir mediante soldadura de galio los dos trozos de una cuchara de aluminio (que tiene también un color plateado brillante), a la que previamente la hemos cortado en dos mitades separando su rabo de su cazoleta, tendremos lo que parece ser una cuchara normal entera y perfecta para cualquiera que la observe, pero a la que al aplicarle calor en el punto exacto de la soldadura con nuestros propios dedos (que están a 36,5 grados) hará que el galio comience a fundirse y dará la impresión de que estamos doblando esa cuchara trucada solo con las yemas de nuestros dedos.
Ese era el viejo truco empleado por el ilusionista Uri Geller para embaucar a tanta gente y para poder ganarse la vida en programas de la televisión como el de “Estudio Abierto” de Jose Mª Iñigo. Y parece que aún sigue embaucando a incautos y a alguna gran estrella del circo de la F1 con sus “Poderes Mentales a base de Galio”.
No seré yo quien despierte a Luis Jaime y le abra los ojos respecto a sus ilusiones infantiles y a su credulidad ante los magos del circo, pero creo que sí que es justo decir, que si ganó el pasado Gp de China fue exclusivamente por él mismo y por la labor de todo su equipo trabajando para él solito y no, por ninguna fuerza mental ni por el poder extranatural de ningún otro… Pero me parece bien que haga con su dinero lo que le venga en gana y que lo tire si le sobra, incluso me pareceria perfecto que siga creyendo en el hombre barbudo vestido de rojo que se cuela por su chimenea, o en el ratoncito Pérez…
¡Me da igual!. Al final nos damos cuenta de que con el tema del Circo, de los payasos y de todo aquel jaleo que montaron, quizás que llevaran bastante razón. Al menos por algunos.
Retama.