Son muy jóvenes.
Sólo unos pocos ha alcanzado la treintena mientras la gran mayoría anda todavía rondando los veinticinco, pero basta con echar un vistazo a sus biografías y hacer números para percatarse de que prácticamente todos han pasado los últimos veinte años con un volante entre las manos.. …de los comienzos infantiles en el Karting a la Fórmula 1…. esta es la trayectoria común que les identifica.
La determinación por dedicarse a esto les viene de lejos. Se criaron entre circuitos, carreras, viajes y ruidos, alentados en la mayoría de los casos por una heredada pasión paterno/materna - cuando no vocación frustrada - por el mundo del motor, creciendo al mismo tiempo que su pasión por la velocidad y combinando el puro aprendizaje a pie de pista con el dominio de los más novedosos sistemas de simulación del mercado. Los chicos de la PlayStation les llaman algunos.
Son el relevo.
Han llegado pisando los talones de la generación inmediatamente anterior, y no lo tienen nada fácil. Vienen con el encargo de superar a los que les precedieron abrigados por la juventud, los medios y la tecnología. Han de mejorar a aquellos que hicieron gala de buen oficio: Senna, Prost, Villeneuve, Manssel, Patresse, Häkinen, Piquet, Berger, Nakajima, …¡ Shumaker !
Se les exige que asuman como un deber el cumplimiento de su parte del trato. Al fin y al cabo son - ellos y los coches- la parte más visible de este “Gran Circo” el pseudo-deporte-negocio de algunos, la magia (riesgo, ilusión , fantasía, desafío ¿circo?...¡magia!) para otros.
No lo tienen nada fácil.
Algunos de ellos además, parten con doble carga de depósito: la de las segundas generaciones.
En todos los oficios es común la existencia de las sagas familiares, en el ámbito de las carreras también, es algo que empieza a ser relativamente frecuente en el mundo de la Fórmula 1. Aunque ya ha habido antecedentes, nunca habían coincidido tantos hijos de piloto compitiendo juntos, como hicieran su padres. Hoy más que nunca el asfalto de la parrilla de salida se nos ofrece tatuado con apellidos que parecen resistirse a abandonarla. Es el caso de los Rosberg, Nakajima y Piquet., citando sólo a los pilotos oficiales. Doble desafío, ¿ventaja o hándicap ?
Piquet parece tenerlo claro: “Durante toda mi carrera he tenido que trabajar un poco más duro para demostrar que no estaba ahí por el nombre de mi padre ni dada parecido” (f1 aldía.com - Martes 1 de Abril 2008). Con estas declaraciones Nelsinho parece poner en evidencia la presión que debe suponer el peso de un apellido que siempre irá ligado a la consecución de los tres Campeonatos mundiales -1981,1983 y 1987- conseguidos por papá Piquet.. En el caso de Rosberg el listón, en su punto más alto, se sitúa en un único Campeonato conquistado en un atípico – casi estrambótico- año en el que ningún piloto logró ganar más de dos carreras ( Keke Rosberg sólo consiguió una ) y donde acabó imponiéndose la regularidad del Finlandés. Y refiriéndonos por último a Nakajima, podría parecer a falta de campeonatos que contabilizar, que el bagaje de su padre pudiera resultar más asequible de igualar… nada más lejos de la realidad, Satoru Nakajima no sólo fue uno de los pilotos más regulares de la historia sino además todo un pionero, el primer piloto de Japón, su país natal, en llegar a la Fórmula 1 hace ahora poco más de veinte años (1987) convirtiéndose en un verdadero héroe nacional, despertando un verdadero fervor hacia su persona entre los aficionados Nipones, que sólo se ha visto amortiguado un tanto con la aparición del gran Takuma Sato, único que consiguió robarle algo de protagonismo.
Son muy jóvenes, preparados, precoces. Vienen batiendo récords ( el más joven en participar en un gran premio, el más joven en liderar una carrera, el más joven en ganar un Mundial…etc.) cuentan hoy más que nunca con su osadía y con el apoyo que dan el poder, el dinero y la tecnología . Su misión: contribuir a que siga fluyendo la magia de la F1… no lo tienen nada fácil. 08/05/2008. Beatriz.-