POR EL TREN PÚBLICO y SOCIAL. ALTERNATIVA al TAV
Si todas las inversiones que quieren realizar
en el TAV (Tren Alta Velocidad) se repartiesen por la red de ferrocarril
existente, la mejoras de velocidad y de los servicios, por ejemplo en
cercanías, favorecerían a muchas más personas, y con menos impacto ambiental.
En el Estado,
el abuso del automóvil y el camión para el transporte de personas y
mercancías es causa directa del incumplimiento del Protocolo de Kyoto. Es muy
urgente acometer un cambio profundo del modelo de transporte, más sostenible,
mediante la potenciación de un transporte público.
Es clave potenciar
el ferrocarril como elemento clave de la red de transporte público, por su
mayor capacidad, menor consumo energético, menor emisión de gases con efecto
invernadero y mayor seguridad.
Potenciar el
ferrocarril no consiste en implantar alta velocidad. ya que este medio logrará
transportar 16.000 personas diarias como máximo, una minoría si se comparan con
los 2.000.000 de viajes cotidianos efectuados en trenes de cercanías y
regionales. Sólo invirtiendo el mayor esfuerzo en la red ferroviaria normal, la
del día a día, el ferrocarril logrará mayores éxitos contra la congestión de
tráfico, la contaminación, el cambio climático y la exclusión social. Es
sobretodo el transporte de mercancías por ferrocarril, los trenes de cercanías,
regionales, trenes-tranvía y tranvías y ferrocarriles urbanos y metropolitanos
los que, acompañados de autobuses y trolebuses, logran una mejor accesibilidad
y desplazamientos diarios para la mayoría de la ciudadanía.
El tren es sin duda el más eficaz motor de
cambio hacia el transporte y la movilidad sostenibles y el mejor instrumento
para mitigar los efectos del cambio climático. Pero actualmente no se aprovecha
su potencial. Para ello exigimos aumentar las inversiones en el ferrocarril
normal frente a proyectos faraónicos y elitistas basados en la prepotente
concepción del "todo TAV". Exigimos dar prioridad a obras como la
duplicación de vías únicas, creación de apartaderos que permitan la
coexistencia de trenes semidirectos con trenes que paren en todas las
estaciones, crear más plataformas intermodales para mercancías, mejorar la
accesibilidad de las estaciones a las personas con movilidad reducida,…
Es paradójico que el Estado Español sea uno de los estados del mundo con
más infraestructuras de transporte (4º del mundo y 2º de Europa en cuanto
a longitud de autovías y autopistas; en 2010 será el primero del mundo en
kilómetros de alta velocidad ferroviaria) y, entre tanto, esté a la cola de los
países desarrollados en cuanto a inversiones en sanidad, educación,
investigación o atenciones sociales. Para grandes infraestructuras de
transporte; de una más que dudosa rentabilidad social; siempre hay dinero, pero
constantemente se racanea para estos otros aspectos, que sí marcan una
importante diferencia en el bienestar de una sociedad.