Luna de miel
Durante los cuatro años que duró el psicoanálisis,me encontraba bastante bien,recuperando las ganas de vivir.Ya no me consideraba un enfermo,sino una persona con problemas que eran llevaderos.Durante unos años disfruté de una auténtica luna de miel.Las obsesiones eran escasas y mis temores obsesivos persistían como un lejano eco.Además ya tenía una explicación para éstos.
Donde peor lo pasaba era en el trabajo,pues mi temor a cometer un error médico de consecuencias funestas para el paciente ,me llevaba a revisarlo todo y ser muy concienzudo.Mis paciente estaban encantados conmigo por todas las molestias que me tomaba, y su agradecimiento compensaba el sufrimiento que llevaba en silencio.
Muchas tardes rememoraba las consultas de la mañana buscando un posible error y podía pasarme horas en esta actividad tan devastadora.
La consulta era cada vez más numerosa y además nos metieron ordenadores que desnaturalizaban el acto médico,terminando por mirar más a la pantalla que a la cara del paciente.El tener que introducir numerosos datos en el sistema informático prolongaba la consulta entre dos o tres horas más.Luego había que atender las visitas domiciliarias,cumplimentar impresos,informes,hacer recetas,etc.
Cada vez se me hacía más cuesta arriba llevar la consulta y fue cuando comencé a recurrir a tomar ansiolíticos por mi cuenta para poder acabar mi trabajo.Todo esto me generaba una gran angustia que acrecentaba mis pensamientos obsesivos y recrudecía mis temores,viviendo en un estado permanente de ansiedad.
Aguanté hasta Mayo del 2003;aquí entré de nuevo en contacto con mi psiquiatra,dando por finalizada mi luna de miel.