eco
Aún recuerdo, con la nitidez un tanto desfigurada por el
paso del tiempo, a una pequeña criatura que todos los días al salir del colegio
se sentaba al borde de una barranca que nacía cerca del camino de su casa, allí
ensimismado en su descubrimiento pasaba largos ratos, solo mirando hacía el
infinito, con esa cara de felicidad que solo se produce durante la infantil
inocencia. Después de un tiempo, gritaba al vacío e inmediatamente este le
respondía. Si gritaba hola este le contestaba con idéntico saludo, si al
despedirse decía adiós, igualmente le respondía. Así pasaron muchos días, el
eco y aquel chiquillo entablaron una conversación fluida y repetitiva, de vez
en cuando trataba de averiguar quien sería aquel personaje que le respondía con
sus mismas palabras, pero de la misma manera siempre marchaba para casa sin
averiguarlo. No importaba, al día siguiente volvía con recobradas e intactas
ilusiones, intentando conocer mas de cerca a aquella persona que le contestaba
con idénticas preguntas. Pero nada; parecía no querer mostrarse, solo seguir el
juego de palabras. Un día alguna persona mayor trató de explicarle que solo era
su misma voz proyectada contra una pared, que volvía reflejada contra el, pero
esto nunca le convenció del todo, siempre albergó la esperanza de que aquella
voz era de otra persona como el. Con idénticas ilusiones y las mismas preguntas
que empezaba a hacerse.
Al final creo que marchó de aquel lugar, a otra ciudad y el
eco quedó solo y abandonado a su suerte que no fue otra que su desaparición
detrás de algún nuevo edificio que le colapsó.
Besos¡¡
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