puravida

vivencias y entuertos

eco

Aún recuerdo, con la nitidez un tanto desfigurada por el paso del tiempo, a una pequeña criatura que todos los días al salir del colegio se sentaba al borde de una barranca que nacía cerca del camino de su casa, allí ensimismado en su descubrimiento pasaba largos ratos, solo mirando hacía el infinito, con esa cara de felicidad que solo se produce durante la infantil inocencia. Después de un tiempo, gritaba al vacío e inmediatamente este le respondía. Si gritaba hola este le contestaba con idéntico saludo, si al despedirse decía adiós, igualmente le respondía. Así pasaron muchos días, el eco y aquel chiquillo entablaron una conversación fluida y repetitiva, de vez en cuando trataba de averiguar quien sería aquel personaje que le respondía con sus mismas palabras, pero de la misma manera siempre marchaba para casa sin averiguarlo. No importaba, al día siguiente volvía con recobradas e intactas ilusiones, intentando conocer mas de cerca a aquella persona que le contestaba con idénticas preguntas. Pero nada; parecía no querer mostrarse, solo seguir el juego de palabras. Un día alguna persona mayor trató de explicarle que solo era su misma voz proyectada contra una pared, que volvía reflejada contra el, pero esto nunca le convenció del todo, siempre albergó la esperanza de que aquella voz era de otra persona como el. Con idénticas ilusiones y las mismas preguntas que empezaba a hacerse.

Al final creo que marchó de aquel lugar, a otra ciudad y el eco quedó solo y abandonado a su suerte que no fue otra que su desaparición detrás de algún nuevo edificio que le colapsó.

 

Besos¡¡

Publicado jueves, 15 de diciembre de 2011 22:23 por apurodolor

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