Llanto

En un rincón, entre las ruinas del castro, una silueta se oculta de la luz de la luna.
Acurrucada en sí misma, con la mirada perdida en la lejanía, no quiere que sus ojos enjuaguen las lágrimas que resbalan por su blanca tez.
A su espalda, a lo lejos, Luar se refleja en la noche y dobla su brillo en el agua de la mar serena…
No importa si la noche es fría o húmeda. No importa si la piedra que le sirve de apoyo cala, y se cuela por sus vestimentas la helada de la noche ya en su final.
El amanecer pronto vendrá. Pero Lúa no quiere verlo…
No se oye el aullido ni el lobo blanco está a su lado. Pero sí la observa… nunca la dejará quedarse sola…
Nunca la dejará quedarse sola… aunque la soledad, de vez en cuando, llegue adentro… y pueda incluso engañar en un momento de debilidad a la Luna más fuerte…; y pueda, incluso, convertir en grises apagados los platas brillantes de su luz… y abrirla en llanto…
Lúa.