El instinto maternal... ¿a punto de extinguirse?
Parece que la reciente independencia económica de las mujeres no va a traer nada bueno en lo que el aumento del deseo de ser madres por parte de éstas. A mayor autonomía las mujeres muestran menor necesidad de casarse y, en consecuencia, de engendrar hijos. Es este un hecho social innegable que se ha puesto de manifiesto de en las últimas décadas. Lo que viene a revelar un reciente estudio llevado a cabo por Lonnie Aarssen, Profesor de Biología especializado en Ecología Reproductiva de la Queen's University (Canadá), es que esta tendencía pordría no ser algo social y temporal, sino convertirse en algo definitivo y con carácter genético.
La investigación de la que hablamos está en la línea argumentativa de algunos analistas que sostienen que las elecciones que las mujeres están haciendo en los últimos años con respecto a la maternidad están más influidas por la herencia genética que por condicionamientos sociales y culturales. Aarseen apoya la idea de que la tendencia de las mujeres económicamente independentes a perseguir objetivos personales y laborales que las apartan de la maternidad se pueden entender como algo heredado genéticamente más que como algo explicable en términos socioculturales. Cosechar éxito profesional y acumular riquezas, metas a las que antes sólo podían acceder los hombres, se imponen sobre el instinto materno.
Paradójico, ¿verdad? La respuesta a la pregunta de si el instinto maternal puede llegar a desaparecer genéticamente es, definitivamente, que no. Según este estudio, las mujeres futuras heredarán, inexorablemente, una predisposición mayor a la maternidad. De ahí que, aunque la tendencia actual en las sociedades más desarrolladas sea la de tener menor número de hijos, llegará un punto en el que esta tendencia se invertirá.
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