Viejos y narigudos
Si nos fijamos en el tamaño que adquieren tanto la nariz como las orejas en las personas de más edad comprobaremos que éste es especialmente grande y, además, mayor que el que esos mismo órganos tienen en otras etapas de la vida. Existen diversas teorías que explican este hecho. ¿Realmente la nariz y las orejas nos siguen creciendo toda vida? Y si es así, ¿por qué sucede esto? En caso contrario, ¿por qué las percibimos como mayores?
Existen diversas teorías -ninguna de ellas concluyente ni definitiva- que intentan explicar este hecho. La explicación remite esencialmente al deterioro de los tejidos cartaliginoso y adiposo de los que se componen nariz y orejas y el resto de la cabeza, respectivamente. Según investigadores daneses la cantidad de tejido adiposo disminuye con el paso del tiempo, así como la función que cumple de mantener la unión entre las células cartilagionosas o cartílagos y la piel. Debido a ello, las orejas pierden estabililidad y consistencia, se deforman.
Podriamos decir, en un lenguaje profano, que las orejas con el tiempo se dan de sí. Antes se mantenía unidas a la cabeza y, sin embargo, con el paso del tiempo se van descolgando y despegando. El resultado es que a simple vista, parecen más grandes, sobre todo en la parte de los lóbulos, la más afectada por esta "deformación". A todo esto se une que, con la pérdida de tejido adiposo, el tamaño de la cara tiende a disminuir. Los pómulos y la barbilla pierden el volumen que le proporcionaba ese tejido adiposo. Cosa que no sucede en las orejas y la nariz ya que su proporción de esta clase de tejido es bastante menor. Con lo cual, el efecto óptico de mayor tamaño de las orejas y la nariz en relación al resto de la cara se ve aún más reforzado.
Investigaciones de otro tipo concluyen que las orejas se siguen desarrollando con el paso de la edad y, por ello, aumentan su tamaño de forma real debido a un crecimiento normal (no por deformación ni por contraste con otras partes del cuerpo colindantes que disminuyen su tamaño). Además, con la edad se genera en mayores cantidades la sustancia base de los cartílagos, que acabará almacenándose en las orejas y la nariz.