¿Morimos antes de sed o de hambre?
Ante la falta de alimento o de líquido, el ser humano ¿por qué moriría antes? La respuesta a esta pregunta es que el hombre es capaz de aguantar más con vida sin ingerir alimento que sin ingerir agua, o cualquier tipo de líquido. La razón que explica esto es que al dejar de alimentarnos, las sustancias que con ello dejamos de aportar a nuestro organismo, como minerales, vitaminas o grasas, el cuerpo humano puede generarlas por sí mismo -o, incluso, absorberlas de los huessos-. Esto lo puede hacer durante un tiempo que asciende a unas tres semanas. Esto es así porque nuestro hígado o nuestro pináculo adiposo conserva reservas de alimentos y significa que, durante este periodo, aunque no se ingiera alimento alguno, el ser humano podría sobrevivir.
No sucede lo mismo con el agua, igualmente fundamental que el alimento para seguir con vida, ya que la necesitamos tanto para la formación de células como para cualquier tipo de proceso biomecánico. El agua, sin embargo, no se puede almacenar en el organismo humano. En circunstancias normales, a través de la piel y por el proceso de evaporación, perdemos unos 200-300 mililitros de agua al día. A mayor esfuerzo físico o mayor calor en el ambiente esta cantidad se elevaría. Por otro lado, se elimina una cantidad importante de agua a través de los riñones en todo el proceso de eliminación de sustancias nocivas para nuestro cuerpo. Su ausencia impide esta eliminación fundamental para seguir viviendo.
Por todo esto es necesario ingerir agua diariamente en cantidades suficientes, se recomienda como mínimo un litro al día. Las consecuencias de no ingerir agua durante 3, 4 o 5 días sobre el organismo pueden llegar a ser irreversibles. Los primeros síntomas son dolores de cabeza, malestar, falta de concentración,... pero finalmente, además de no permitir el funcionamiento de los riñones, la sangre se licúa cada vez más y no puede ser transportada a todos los órganos del cuerpo, incluído el cerebro.