Endorfinas: la fórmula del amor
El psiquiatra José Miguel Gaona vino a explicarnos, ahora que es el día de los enamorados, que lo que llamamos amor tiene una explicación más prosaica o científica que la que nos dan los poetas. El estudio orgánico del amor lo entiende como un proceso enteramente bioquímico.
Se trata de la conjunción de una serie de descargas neuronales y reacciones químicas que se producen en nuestro organismo. Procesos en los que las endorfinas, hormonas que generan una fuerte adicción y dependencia por el placer y bienestar que provocan, juegan un papel fundamental. Nada más acertado cuando decimos que se ha producido la "química del amor" o que entre dos personas "hay chispa". Los químicos saben que en ese momento se producen más endorfinas. Sin embargo, no se sabe por qué se produce esa subida o qué la provoca.
El amor romántico es un sentimiento que, más que con el corazón, tiene que ver con el cerebro. Es ahí donde se provocan la orepinefrina, la dopamina y la feniletilamina (tipos de endorfinas). Así, cuando pensamos que nos estamos enamorando, en realidad, sucede que estas hormonas están actuando como neurotransmisores para aumentar la sensación de placer que experimentamos al estar cerca del ser objeto de nuestro enamoramiento.
Nos advierte Gaona que "ese pelotazo químico tiene fecha de caducidad". La locura de la pasión igual que viene se va desvaneciendo dando paso a un amor más sosegado. La acción bioquímica decae con el tiempo, la producción y efecto de las endorfinas, a las que nos hemos "enganchado", disminuye y su ausencia provoca esa sensación de desenamoramiento y consiguiente frustración.
¿Qué hacer entonces? El consejo que nos da el psiquiatra es evitar que el amor se base únicamente en la química y la adicción a las endorfinas. ¿Cómo? Desarrollando vínculos socioculturales con nuestra pareja (intereses mútuos, costumbres comunes,...) y de afecto.