PELIGRO AL VOLANTE
Hace ya diez años que tengo el carnet de conducir y la verdad es que no me costó mucho sacarlo, el teórico fue a la primera y el práctico a la segunda. Aunque para ser serios tendría que decir que me lo dieron en la tómbola, ni yo misma he podido nunca explicarme cómo pude aprobar ¡No tenía ni idea!
Al principio mi marido me dejaba conducir algún fin de semana, y es que estábamos recién casados y estaba muy enamorado. Pero estaba enamorado, no era tonto y ante el peligro claro de accidente y la falta de fondos bancarios que teníamos entonces, pactamos que no volviera a coger el coche en mi vida. La verdad es que la cosa no me importó mucho, vivo en una ciudad pequeña y el conducir en vez de darme felicidad me creaba un estrés difícil de aguantar.
Así fue pasando el tiempo y hace un año mi padre decidió que necesitaba saber conducir para dirigir un negocio como el suyo. Así que se puso manos a la obra y me pago unas clases de conducir en verano. La cosa no fue mal del todo, me toco un buen profesor, que además es cliente nuestro, y logré dominar el pánico. Además sin la "Espada de Damocles", en forma de examen, encima de mi cabeza la cosa resultó mucho más relajada.
Así que allá por Octubre mis padres se fueron de vacaciones, y me dije "Ésta es la mía". Ni corta ni perezsa decidí coger la furgoneta e ir todos los días a trabajar motorizada "para practicar". La cosa fue un desastre total. El primer día doble un espejo retrovisor, que se pudo colocar sin problemas ¡menos mal! El segundo salí del aparcamiento y noté que la furgo no iba bien, no tiraba ¡y además pitaba! Y yo que llevaba el cinturón puesto no sabía por qué puñetas lo hacía, así que seguí mi renqueante camino. Hasta que a 200 metros del garaje me dí cuenta de que ¡LLEVABA EL FRENO DE MANO MEDIO ECHADO! Cuando llegue al garaje me apetecía no bajarme y cuando lo hice ¡menudo olor a chamusquina! Pero al día siguiente me volvía a montar y la círila funcionaba a las mil maravillas, así que "la machine" dura es un rato. Esos quince días perpetre un montón de desaguisados más como dejar las llaves puestas y rozar con el portón del garaje todo el techo (tuve que enderezar la antena). No me quedaron más ganas de coger el coche en todo el año, ni nadie se sintió con ganas de pedírmelo, por otra parte.
(Observar el golpe)
Pero de nuevo llegó Octubre, esta vez del año 2010, y de nuevo me vi sola ante el peligro y decidí coger el toro por los cuernos. De nuevo me metí en mi papel de fitipaldi y en él sigo. Hasta hoy he dejado una vez el coche sin cerrar, dos veces las llaves puestas, he rozado una vez el techo con el portón del garaje, otra vez dejé cuesta abajo sin poner el freno de mano y en el último momento conseguí pararla antes de que se estrellase contra una farola. Y el Sábado pasado la arme gordísima, entré lanzada en la rampa del garaje (amplísima por otra parte) y pegue contra el muro de hormigón ¿Resultado? Tremendos arañazos en la defensa y el tapacubos ¡y pudo haber sido peor! Ya pedí presupuesto y la broma me va a salir por 200 € . Así que no veo la hora de colgar las llaves hasta el año que viene "Dios mediante".
Y vosotr@s ¿Cómo lo lleváis? ¿Sois conductores o peatones? ¿Sois como Fernando Alonso o os parecéis a mi? ¡Espero vuestras respuestas!