EL MITO DE LA MUJER TRABAJADORA

Las mujeres de su generación fueron unas niñas que crecieron con la ilusión de no depender de nadie. Querían trabajar, querían viajar, querían salir y entrar sin que nadie las controlase. El medio para lograrlo era lograr la independencia económica y en pos de ella se lanzaron como fieras. Primero estudiaron, se formaron y después consiguieron un empleo que las acercó por fin a su sueño.Para que el pack estuviese completo buscaron y encontraron a una persona que las quería, comprendía y a la que ellas querían y respetaban. Decidieron compartir su vida con esa persona.
Entonces empezaron las pequeñas dificultades del día a día, la convivencia era difícil y el peso de la casa siempre caía en ella. Estas pequeñas dificultades se fueron solucionando más o menos y los buenos momentos conseguían que los malos no lo fuesen tanto. Las salidas nocturnas, los fines de semana románticos, las sesiones de cine de losl unes, las cañas con los amigos,... hacían que la rutina no se apoderase de la joven pareja.
El tiempo pasó y decidieron llegar un poco más allá, comprometiendose de la manera más íntima que conocían, teniendo un hijo. El bebe llegó enseguida, poniendo del revés la vida de los padres novatos. El padre trabajaba y la madre "disfrutaba" de su baja maternal. Ella se hacía cargo del bebe y de la casa y cuando su baja terminó y tuvo que reincorporarse al trabajo la cosa no cambió. El peso de la casa y del cuidado del pequeño recaía enteramente en ella y encima tenía que ser una trabajadora eficiente como lo había sido hasta entonces. Cuando se quejaba amargamente, voces bienintencionadas le recordaban que no se podía quejar "su marido no era bebedor, ni jugador" a lo que ella respondía que decir que un hombre era buen marido por no beber ni jugarse el sueldo era como decir que una mujer era buena esposa por no ser una puta.
Intentó hablar con el padre de la criatura y aunque él lo intentaba ella nunca quedaba satisfecha. A ella siempre le parecía que lo que él hacía no era suficiente. Las discusiones se encadenaban mientras que los años fueron pasando. Cuando por fin su hijo empezó al colegio las cosas mejoraron un poco. No sé si porque su hijo ya no la necesitaba tanto o porque ya estaba acostumbrada a ese cansancio crónico que persigue a todas las madres trabajadoras. Aún hoy después de todos estos años se pregunta ¿qué falló? ¿dónde se equivocó? En qué momento alguien la timo y le vendió la idea de que lo mejor para una mujer es trabajar fuera de casa. Y sí vale que es genial tener independencia económica, es genial tener una red de seguridad que te proteja de los vaivenes sentimentales. Pero aún es mejor atender a tus hijos cuando te necesitan, compartir tiempo con ellos, no sentir rencor hacía la persona que vive contigo y a la que quieres por no compartir los quehaceres diarios al 50 %, tener tiempo para ti y no tener casi todo el tiempo la sensación de que eres una pringada que no llega a nada
Esta historia es una historia ficticia pero seguro que muchas de vosotras os sentís identificadas con todo o con parte de lo que cuento, a mi me pasa. No sé cuál puede ser la solución a nuestro problema, quizás alguna de vosotras o de vosotros podáis ayudarme.
EDITO PARA COMPARTIR CON VOSOTRAS UNA CANCIÓN QUE SIEMPRE ME PONE DE BUEN HUMOR ¡ESPERO QUE OS GUSTE!
http://www.youtube.com/watch?v=dnmijMGn0QE