HOMBRE SÓLO
Conozco a un hombre al que la vida no le ha tratado mal. Para su edad no está nada mal, no se ha quedado calvo y los kilos no han hecho mella en su anatomía. Siempre ha sido guapo y ahora es un maduro muy interesante. Tiene un trabajo que le da de comer y le permite disfrutar de algún que otro lujo. Siempre ha vivido como le da la gana, nunca se ha esforzado mucho ni en su trabajo, ni con sus amigos, ni con las mujeres. Esto ha hecho que no halla tenido grandes disgustos pero desde luego sus alegrías han sido contadas. Su vida ha ido pasando sin pena ni gloria. Ahora que tiene cincuenta años se da cuenta de que no tiene nada por lo que merezca la pena levantarse por las mañanas. Su trabajo le hastía, sus amigos tienen familias de las que ocuparse y poco tiempo para él ¿Y las mujeres? ¡Ayyy las mujeres! Nunca deja que ninguna se le acerque lo suficiente para que se le acabe metiendo en la piel.
Un par de veces tuvo un rollo de más de una noche. Hubo un par de mujeres con las que le apeteció repetir. Esas dos mujeres estuvieron cerca pero ninguna lo consiguió. Y sólo una vez estuvo enamorado, ella ni siquiera se enteró. Tuvo un par de encuentros carnales con ella que fueron y, aún hoy, siguen siendo los momentos estelares de su vida ¡Con qué pasión la quiso! No podía dejar de pensar en ella, ella nunca lo supo, nunca se lo dijo. Como no sabía si podría retenerla la dejó marchar. Como no sabía si podría conquistarla ni siquiera lo intentó. Como la quería tanto la hizo sufrir. Y ella que era inteligente, le alejó de su vida.
No han dejado de verse, la vida le ha jugado esa mala pasada. Y cada vez que la ve siente que el corazón le da un vuelco. Ella sí que ha hecho cosas con su vida, y eso le hace pensar que si no la hubiese dejado pasar su vida habría sido distinta. Habría vivido, ella le habría enseñado. Atesora como un avaro los momentos que pasó con ella, no tanto los carnales, de esos ha habido muchos otros con otras, como los espirituales. Esos en los que ella le hacía reír hasta perder el resuello, esos en los que el tiempo pasaba sin darse cuenta, esos en los que ella le hacía discutir sobre lo divino y lo humano. En los que ella le hacía pensar en cosas en las que nunca pensaba, en cosas que no había necesitado jamás y que ella le hacía desear tener. Quizás por eso la dejo marchar, con ella su vida se volvía complicada, ella le daba la vida pero exigía cosas a cambio, volvía su mundo del revés.
Ahora, en la mitad de su vida, se da cuenta de que no ha vivido, de que su vida se la llevó ella un noche de otoño y que nunca la ha vuelto a recuperar. Que sólo ha visto el mundo desde detrás del cristal. Ella está tan cerca y tan lejos a la vez y en las noches de insomnio, que siempre han sido muchas, no puede evitar pensar en qué hubiese pasado si no la hubiese dejado escapar. Ella que es toda su vida no lo ha sabido ni lo sabrá jamás y sólo le queda soñar con lo que pudo ser y esperar que la vida, tan caprichosa ella, le dé una segunda oportunidad.