¿ES EL MATRIMONIO (o la convivencia) LA TUMBA DEL AMOR?

Cuantas veces he oído esta expresión y cuantas
veces he estado de acuerdo con ella. En momentos de estrés, cuando la relación
de pareja no pasa sus mejores momentos cuando se discute de todo y por todo, te
planteas que el matrimonio, la pareja no está hecha para ti. Recuerdas
amargamente los buenos tiempos, cuando te veías poco y el tiempo que pasabas
con tu pareja lo utilizabas en cosas más productivas que el discutir. Te
acuerdas de tus primeros años de matrimonio cuando viajabas, salíais a cenar a
sitios exóticos y extravagantes, os tragabais todos los estrenos de cine y
disfrutabais él uno del otro con alegría.
Pero en esos momentos de bajón no recuerdas lo triste que te ponías cuando,
siendo novios, os teníais que despedir, cuando ansiabais compartir toda vuestra
vida y no era posible. Te olvidas de los primeros meses de convivencia cuando
cada uno iba por su lado y en vez de parecer una pareja parecíais compañeros de
piso con derecho a roce.
Vivir en pareja es una prueba diaria de amor y paciencia. A veces el estar
enamorado no es suficiente y otras veces uno o los dos miembros de la pareja se
da cuenta de que ese amor que se profesaban ya no existe. En ambos casos lo
mejor es cortar por lo sano, "más vale un día amarillo que ciento colorao".
Para los que seguimos queriendo a nuestra pareja lo mejor es ser positivo y
centrarse en las cosas buenas y olvidarse un poco de las malas. Sentir empatia
hacía el otro, ponernos en su lugar. Pensar que si nosotros estamos hartos
seguramente nuestra pareja también lo estará.
¿Por qué cuándo la monotonía nos come no pensamos en las cosas buenas que tiene
la convivencia y nos centramos sólo en las malas? ¿Por qué no podemos ser tan
selectivos con nuestro presente como lo somos con nuestros recuerdos?