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Más allá hay dragones
Antiguamente, cuando los descubridores llegaban a los límites del
mundo, decían: "Más allá hay dragones…" pavorosos entonces por lo
desconocido y por este sentimiento de miedo ancestral, izaban las
velas de los palos trinquete, mayor y mesana y prestos viraban sus
naves poniendo proa hacia lugares más seguros. Este extraño
sentimiento de miedo sobre el más allá, caló siempre entre
generación y generación hasta llegar hasta nuestros días…Cuando
Felisa Aragáis, mi compañera de trabajo, me dijo que en un control
rutinario de salud le habían detectado los médicos un cáncer
terminal, lo hizo sin llorar; seria y triste pero sin llorar, y
sabiendo que para ella comenzaba un viaje hacia los confines del
mundo, hacia el más allá. Yo me quedé absorto al escuchar cómo una
niña de veintitrés años con carita de melocotón y con graciosos
bucles de pelo rubio que le llegaban hasta los hombros me seguía
diciendo que le habían dado de vida seis meses y que no creían que
mucho más. Durante los días siguientes a la noticia, la note que se
encontraba como ausente, introspectiva y que te miraba sin mirar,
como se le mira a una tele apagada, a una ventana que no da a la
calle o cualquier cosa anodina, sin más. Y yo en lo único que
pensaba era en comprarle unos zapatitos rojos, como los que tenía
Dorothy en el país del mago de Oz, para que se los pusiera, diera
tres taconazos con ellos y se pudiera así despertar de su mal sueño,
pues no podía soportar que una chica tan joven y sensible como lo
era ella se fuera sola y con miedo a luchar contra dragones al más
allá... Pasaron entonces semanas de siete lunes para ella, supongo,
mientras poco a poco lo aceptaba y navegaba a su vez hacia su
destino con mar de popa, ese mar fuerte y picado que enviste la nave
por detrás, bloquea el viraje del timón y no te deja cambiar de
rumbo jamás. Jamás. Y mientras a ratos se reía y a ratos no, y a
ratos te miraba sin mirar, las crueles matemáticas seguían con sus
cuentas: un día más otro día igual a dos días vividos, y más otro y
más otro y más otro más, dieron como resultado cuatro meses. Para
entonces Felisa ya no podía salir de casa y se encontraba siempre
metida en ella con el arropo de su familia.Un tarde me armé de valor
y la fui a ver –la última vez que la vi- y se encontraba tumbada en
el sofá rodeada de películas de video que iban todas ellas de amor.
La di un beso en la mejilla y la dije: "Toma, te he comprado estos
bombones porque son los que a mí me gustan, ¿los abrimos?" Y se rió.
Después vinos una peli de no se qué y al de poco la noté cansada y
decidí dejarla descansar. En la puerta le dije que se cuidara mucho
y que volvería a visitarla muy pronto. Pero ella supongo que tenía
otros planes, me abrazó y me dijo: "Jon, quiero que sepas que os
llevo a todos conmigo." Y se murió unos veinte días después.

Han pasado ya quince años desde que ocurrió esta historia y, desde
entonces, he tenido que ver cómo partían para luchar contra los
dragones a mis abuelos, mi padre, varios de sus hermanos y muchos
conocidos y amigos más…A veces me pregunto quien ganará esta
batalla, pero sobre todo lo que me pregunto es cuando acabará, pues
me corre prisa saber el momento en el que todos ellos por fin
volverán. Les echo tanto de menos…

Abrazos, Jon.
Publicado el: jueves, 17 de mayo de 2007 20:33 por todosunidos1
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