MR.MORBOSO I
¿Por qué cuando una está sola y enfadada con el mundo mire donde mire solo ve parejitas enamoradas?...Esto me preguntaba yo mientras me bajaba por segunda vez de un autobús equivocado. Últimamente la abundancia de tiempo libre y mi alborotada vida sentimental-laboral me hacen estar más despistada que de costumbre, que ya es bastante. Tras montarme de nuevo en la "guagua" errónea (como diría una amiga mía canaria), tuve que pasar el trauma de separar a varias parejas para alcanzar el pulsador de parada. Allí estaban, delante de mí, como muros humanos infranqueables que parecían mirarme burlonamente recordándome lo que yo misma hacía hace tan solo unas semanas. Tras varios, perdones y algunos pisotones logré bajar del infernal aparato con la mala suerte que uno de los tórtolos enamorados llevado por un repntino arranque pasional, pisó sin querer la cordonera de mis zapatillas, lo que hizo que al bajar las escaleras me diera de bruces contra el asfalto. - "Sí, señores...yo también tengo la costumbre de besar el suelo como el Papa"- Les decía a los viandantes que reían sorprendidos por la circense maniobra. Tras una falsa mueca de normalidad disfrazadora de un "trágame tierra hasta lo más profundo de las simas transoceánicas", y algunas histríonicas risillas, logré alcanzar la acera, mientras que desde el empañado cristal seguían advirtiéndose las siluetas de las parejas que poblaban el bus a modo de monstruos bicéfalos de cuatro miembros unidos.
Mientras andaba cogeando de dolor, con la coleta despeinada por el brusco movimiento, y me sacudía algunos restos de hojas deseando llegar a mi casa, sucedió lo peor. Me encontré a Mr. Morboso.
"¡Mierda!...¡Mierda!, estaba lo suficientemente cerca como para hacer un cambio de sentido repentino que evitara el encuentro, y el semáforo lo suficientemente en rojo como para cruzarlo. Aparentando no haberle visto, seguí mi camino por el carril derecho, hasta que el saludo enérgico de Mr. Morboso, me hizo ver que ya no había escapatoria... Estaba perdida...