TRES MUJERES Y UN CAFÉ
Hoy ha sido un día de lo más estimulante; tanto, como la sobredosis de café que llevo encima. El culpable, una larga charla con dos de mis amigas en una cafetería del Aeropuerto de Barajas. El motivo, la despedida de una de ellas que marcha a iniciar una nueva vida en Londres.
Desde luego no hay nada mejor que compartir el tiempo con dos buenas amigas junto a una taza de café. La mayor parte de mis recuerdos se encuentran asociados a esta excitante bebida. Todavía sigo saboreando el dulce café con leche que me bebía durante las pausas de estudio de exámenes en la Facultad, apurándolo sorbito a sorbito, porque cada pequeño trago me recordaba que ya quedaba menos para sumergirme de nuevo en el "maravilloso" mundo de los folios y los esquemas. De la misma manera, aún quedan impresas sobre la mesa de mi cuarto, algunas gotas del líquido elemento que resbalaba de mi taza, cuando, llevada por las pasión del momento, hacía algún playback improvisado de Madonna, o parloteaba alegremente por teléfono.
Para cafés deliciosos los que tomaba junto a mi padre, al que echaré siempre tanto de menos, éstos los recuerdos tan dulces y cálidos como siempre lo fue él. Otros que llevo grabados en mi memoria son aquellos primeros cafés que bebía alegremente en los recreos junto a mis amigas del colegio, servidos en un vaso de plástico ardiente, que a mi se me antojaba igualito a la mejor taza de porcelana inglesa.
Quizá más que el café, lo que recuerdo son las personas que lo compartieron conmigo, todos esos momentos inolvidables, agrupados en mi memoria, alrededor de una taza humeante y algún azucarillo.
Hoy, mientras sorbía lentamente mi taza de café caliente, observaba con tristeza la amplia sonrisa de mi amiga Paula, quizá hasta dentro de mucho tiempo no volveremos a coincidir en alguna cafetería. Es por ello, que fuí sorbiendo poco a poco la bebida, a fin de retrasar lo máximo posible, lo que ya en estos momentos forma parte de otro bello recuerdo.
Saludos de una coleccionista de momentos