MI RIO Acuarela

Durante algunos años de mi infancia, el río formó parte de mi vida; circunstancia perfectamente natural teniendo en cuenta que formaba parte de mi entorno; era, prácticamente, lo primero que veía cada mañana al salir de casa; lo veía desde la ventana y llegó a convertirse en algo propio ¡llegué a sentirlo mío!.
No sé que tendrá el agua que te atrapa; si observas detenidamente un tramo del río donde el agua está en calma, se sienten deseos de llegar hasta el fondo en un afán por descubrir qué se oculta en lo más profundo de su sosiego. Si fijas la vista allí dónde el río forma la corriente … ¡te vas con ella!; te inunda la sensación de la prisa con que diluye y en tu fuero interno desearías fundirte con el agua para viajar con ella donde quiera que vaya.
En mis recuerdos, la época de vacaciones era un encuentro diario con el río; mi hermano y yo conocíamos cada palmo, cada recodo; aquí un pozo, allí un remolino, más allá una charca de renacuajos; éramos aventureros intentando descubrir todos los secretos de un río que podía traicionarnos en el momento más insospechado o podía premiarnos con unas cuantas docenas de cangrejos; todo podía sorprendernos y lo más importante … ¡estábamos dispuestos a dejarnos sorprender!.
Ese árbol inclinando sus ramas hacia el agua formaba parte del paisaje; en ese punto había un remolino; hoy … el árbol ya no existe, el remolino tampoco y la historia de ambos carece ya de fundamento. Sin embargo, el río continúa ahí; mi río seguirá ahí; es distinto ¡lógico! yo también soy diferente; todos experimentamos cambios con el transcurrir del tiempo; lo que no quiere decir que me haya olvidado del RÍO ni que él me vaya a traicionar desapareciendo de mi vida.
Hemos compartido muchas cosas, él ya estaba cuando yo lo descubrí y seguirá cuando me vaya; siempre habrá otra persona capaz de disfrutar de las sensaciones que es capaz de proporcionar mientras lo cuidemos, lo conservemos y, sobre todo, lo amemos.
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