Tertulias de tráfico
Las extrañas estrategias que nuestras autoridades de tráfico ponen en práctica a la hora de enfrentarse a las siniestras cifras de cada lunes están propiciando todo un fenómeno social: las tertulias de tráfico. Está tan claro lo que Pere Navarro y su DGT hacen mal que a cualquier ciudadano con dos dedos de frente se le ocurren montones de ideas para hacerlo bien.
Tomando un café, en una reunión de amigos, con un compañero de avión, mientras esperas en una cola... por todas partes surgen conversaciones llenas de buenas ideas para salvar vidas, para reducir los accidentes, para acabar con la sangría. A fuerza de hacer las cosas rematadamente mal, Navarro y su gente han conseguido que, igual que dentro de cada español hay un entrenador de fútbol, ahora en cada conductor haya un director general de tráfico. Y algunos serían muy buenos...
También nosotros hemos publicado hace unos días un reportaje con las mejores propuestas contra la siniestralidad que pudimos reunir. Ya, nosotros somos profesionales, nos dedicamos a esto, pero la verdad es que el gran secreto no es más que una tremenda dosis de sensatez y sentido común. Y ningún interés crematístico, recaudatorio ni pecuniario. Vamos, que los políticos no solucionan esto porque no les da la gana.
Podrían poner radares sólo en los puntos negros, podrían gastar el dinero que de todas formas recaudasen en subvencionar cursos de conducción obligatorios, podrían endurecer los psicotécnicos para que no fueran lo que son, un coladero... En fin, lo que tú y yo oímos a nada que nos paremos a escuchar a ese que se suele llamar el hombre de la calle.
Esperemos que algún día los políticos salgan a la calle, tomen un café sabiendo lo que cuesta y escuchen lo que se dice a su alrededor. Por si acaso ése que tienes al lado mientras te tomas una cañita es un político, no te cortes: monta espontáneamente una tertulia de tráfico.