“Quiero ser probador”
Con cierta frecuencia nos llegan mails de jóvenes –hasta ahora todos varones- que quieren ser probadores de coches. Nos suelen adjuntar en el correo su currículum vitae, en el que figuran estudios muy diversos y variopintos, desde el graduado escolar a niveles post-universitarios y, además, se dan un poco de autobombo en la misiva. Claro, como hemos hecho todos cuando hemos enviado currículos. Lo que sí es llamativo es el contenido de esa “autopromoción”, porque dice mucho de ellos y de nosotros. De lo que ellos piensan de nosotros, quiero decir.
Normalmente cuentan que son jóvenes, que
desde pequeños los ha atraído poderosamente el mundo del motor, que conocen todos los coches, que asesoran a sus amigos y que, sobre todo, saben conducir muy deprisa y que han puesto tal y tal coche a xxx por hora. Eso, a juzgar por el objetivo del mail, les parece un mérito de primer orden para entrar a formar parte de nuestros equipos de pruebas.
Nada sobre capacidades comunicativas, nada sobre habilidad para escribir, nada sobre olfato periodístico, nada sobre cursos de conducción de seguridad, nada sobre conocimientos técnicos o sobre ingeniería o sobre algo que se le parezca.
Luego están esos comentarios de amigos cuando les cuentas que has hecho un viaje a Amsterdam o a Innsbruck o a París o a Niza o a Dresde o a… para probar un coche. “¡Qué suerte tienes! ¡Hay que ver lo que viajas!”
y te imaginan turisteando y conociendo catedrales, calles, monumentos varios de allende nuestras fronteras. Jauja. Ja, ja…
Este post va dirigido a los candidatos que nos tienen en sus intereses laborales y casi es un desmentido: un probador de coches no es un “pilotari” requemado, ni va a 300 con ultimísimos deportivos levantando admiraciones (de la Guardia Civil, de las tías buenas, de los otros conductores…).
El perfil se aproxima más a un “divulgador-científico” que se lee gruesos dosieres de prensa para documentarse, que analiza los datos recogidos por sofisticados aparatos de medición, que sabe lo que lleva entre manos y acumula horas y horas de atenta y experta conducción. Y -ahí está lo bueno- cuando se ha empapado hasta los tuétanos con la teoría y la práctica de cada vehículo,
es capaz de sentarse frente al ordenador y combinar frases claras y agudas, aliñarlas con comparaciones originales, con metáforas emocionantes, con severas críticas y con afirmaciones cargadas de peso para “parir” un texto legible y aclaratorio que lo mismo ha de servir
para calmar la sed de novedad de los aficionados que para aconsejar a un buen ciudadano en qué vehículo puede invertir mejor ese dinero que no le acaba de llegar para el coche que de verdad le gusta.
Y los viajes… bueno, conocerás aeropuertos y hoteles, pero ciudades y países… sólo desde la ventana de tu habitación. Casi siempre.
¿Te interesa el mundo del motor? ¿Quieres trabajar con nosotros? ¡Te queremos! ¡Te necesitamos! Pero, por favor, mira bien dónde te metes, porque tenemos para ofrecerte diversión, compañerismo, periodismo de verdad
…¡y montañas y montañas de trabajo!