Y quien dijo que el amor duele en cierto modo tenía razón.  Y es que la dichosa mariposa del estómago llega un momento en que produce una úlcera, y yo no quiero úlceras, yo soy de aquellas que si le dices ven lo dejan todo y de aquellas tan solo tu me haces sentir y como que aquello del sentir yo no lo tengo muy asumido, me veo obligada a recortar obligaciones y es que la falta de compromiso se ha convertido en handicap en mi vida. Como diría... no entiendo eso que llaman amor. Como mucho, puedo entenderlo de forma generalizada, de la vida en general, pero como sentimiento irracional hacia un semejant@, me cuesta trabajo entender como hay personas que se dan de lleno a él, como consiguen entregarse aveces, en una irracionalidad desmedida, ¿alguien podría explicármelo? ¿Cómo puede ser eso de que el amor mueve montañas? Y la última, de ayer mismo, “Aveces, el amor es renuncia” ¿Pero que es esto? Parece que nos hemos vuelto locos, da la impresión de que somos los protagonistas de un folletín rosa. Para dar cuerda a ese tipo de relicarios ya tenemos la telenovelas. Si por un momento alzamos la vista a la primera línea “úlcera, mariposa...” ¿qué ocurre? Parece ser que durante mucho tiempo el mundo ha estado lleno de suicidas, de autolesionadores y nadie a dicho nada. A ver, a todos aquellos indignados a los cuales, todas las propuestas indignantes hasta ahora no han supuesto línea de motivación, les estoy ofreciendo una. Ahora que llega Sancalentin, como dice mi amigo Maurice, (aunque lo escribe de forma muy extraña), vamos a abrir una línea nueva y menos perjudicial para el medio ambiente y para el ámbito social, una línea de indignados que se preocupen única y exclusivamente, ante el desengaño o el abandono ocasional, de ellos mismos, sobre todo siempre que sus pensamientos sean negros, amenazantes, sórdidos, vacíos, violentos, etecé, etecé, etecé. Vamos a intentar que todos estos indivíduos consigan autorealizarse como “hijoputas” profesionales (con todo mi respeto, sea dicho de paso, para tod@s las que ejercen de put@s en alguna de sus vertientes y sus correspondientes parentel@s) pero consigo mismos, “mismamente”, como dice Maurice, y dejan al resto, a esa “chusma”, como llaman ellos al resto, ( a los no afines, a los que se resisten, a los que ya no los quiere, a los que culpabilizan de sus errores...) tener la fiesta, la vida, o lo que toque, en paz, o como les de gana. Y bueno, si quieren decir, que todo es por amor, que lo digan, que se sigan engañando, que sigan en esos mundos de yupi que han adoptado como propios y verdaderos, y que dejen al resto ( a los que en su mayoría, si hoy no creen, es porque un día se cruzaron con uno de esos, y por eso aprendieron de una vez y para siempre, que lo del love no existe, y que lo del sex, aunque rápido y volátil, es para siempre.   <p><a href="http://www.youtube.com/watch?v=x3G12uJOTLI&feature=fvwrel">http://www.youtube.com/watch?v=x3G12uJOTLI&feature=fvwrel</a></p>

Me resultaba curiosa la atracción que aquel hombre corriente causaba sobre mi.  No poseía ningún rasgo en si capaz de levantar mi atención.  Cada día me lo encontraba en la cafetería donde acostumbraba a desayunar, cosa bastante normal, ya  que ambos trabajábamos en el mismo departamento y quedaba bastante cerca, además de servir un café fabuloso.  Jude había conversado muchas veces conmigo, algunas veces solos, otras con algún otro compañero.  En ausencia de los jefes, algunas veces me dejaba algún encargo para ellos, siempre me dejaba su teléfono.  No sé porqué, pero siempre que me preguntaba si lo tenía, yo siempre le decía que no y lo apuntaba en la agenda.  Lo tenía apuntado en más de diez sitios diferentes.  Jude era bastante conversador, intelectualmente simple pero sentimentalmente de grado superior, de ese tipo de personas capaces de mover muchos quilos de sentimientos a su alrededor, y de forma muy intensa.    Con el tiempo, descubrí que sabía cosas de aquel hombre que no sabía casi nadie, ni las personas con las que él convivía, curioso...
Empecé a descubrir, sin saber como ni porqué, a un ser especial, una tipo de ángel de la guarda que a menudo tomaba café conmigo mientras nos explicábamos cosas de la vida, aveces triviales, otras verdaderamente personales.  Algunas veces pasaba tiempo sin verlo por la cafetería, y lo echaba de menos, otras veces, venía tan a menudo, que las chicas y yo, le preguntábamos si es que no tenía cas.  Él sonreía.
Hace un par de meses fui a Barcelona por un asunto de médicos.  En el hospital de Bellvitge me encontré con un hombre con el que hace muchos años tuve un relación.  Una relación importante.  Al verlo, el cuerpo me dio un vuelco violento y de manera inconsciente, la imagen de Jude, vino a mi cabeza.  Por un momento se me pasó por la cabeza que Jude era hijo de Néstor, pero claro, eso no podía ser, ¿cómo iba a ser eso?
Néstor, situado al otro lado de la sala de espera me miraba, yo, desde mi asiento lo miraba a él.  No estaba solo, lo acompañaba su esposa.  Yo estaba sola.  El me había conocido, yo también a él.  Aunque el mucho tiempo transcurrido había pasado factura en ambos, era bastante imposible, no reconocernos.  De hecho, estoy completamente segura que aunque nuestro encuentro hubiese sido entre una multitud, en cualquier centro comercial o plaza de la ciudad, ambos hubiésemos percibido la presencia del otro.  Era una cuestión de algo que no sabría definir, pero que se podía palpar en el ambiente.  Era como si nos oliésemos mutuamente, de hecho, aquello que una vez nos había unido era algo que tampoco nunca definí, y que una de las cosas que podría decir para explicarlo, sería decir que era algo muy animal, muy de piel, muy animal, sin razón... Sí, no había razón, todo un listado de grandes diferencias se extendían entre nosotros, edad, convicciones, gustos... pero cuando estábamos juntos, eramos uno.
Pero bueno, en mi vida siempre se impone la lógica, esas matemáticas que tanto quiero, y aquello terminó.  Sí, terminó.
No puedo negar que volver a verlo despertó en mi cosas que hacía años creía muertas, pero no hice caso, me hice la interesante y decidí hacerme la que no lo había visto.  De repente, vi que Néstor se levantaba y venía hacia mí.  Su mujer recriminaba su gesto y él, como siempre había hecho, hacía caso omiso a sus advertencias mirándola con desdén.  Llegó hasta mi y me saludó con naturalidad, dándome dos besos.
Hola Mechas, ¡Cuanto tiempo! ¿Qué tal estas?  ¿Que es de tu vida?
Hola...- la verdad me había dejado en game over, no sabía que decir, se había dirigido a mi con una seguridad...  en cierto modo me alagaba, pero...  pero nada, la percepción de su olor me sacó del momento tonto en el que me encontraba inmersa y me... como se dice cotidianamente, me puse las pilas.
Mi cerebro procesó en pocos segundos información acumulada.  La enfermera salió y lo nombró:  Néstor Andrade, Néstor Andrade, pase, por favor.  Su esposa hizo el ademán de levantarse para entrar con él a la consulta y él entró rápido y cerró la puerta.  Ella, en actitud altiva, como siempre, mirándome con desprecio, volvió a su asiento.  No me dijo nada, como si no me conociese de nada.   A mi no me importó.  Empecé a pensar.  Empecé a dar vueltas al flash que había tenido al volverlo a ver después de tanto tiempo.  En ningún momento me había venido una imagen pasada, había sido la imagen de Jude la que en aquellos momentos apoteósicos se había instalado en mi cabeza.  Solamente me preguntaba porqué me ocurría aquello, porque razón aquel hombre me recordaba a aquel otro, ¿qué relación podía existir entre ellos?  ¿Qué los hacía en cierta manera, semejantes?
Lo único que tenía claro es que cuando Andrade saliese de la consulta, tenía que conseguir volver a verme con él, y no sabía cómo hacerlo, había pasado mucho tiempo, yo había construido una vida sin él y él había continuado con la suya, no era mi estilo, él lo sabía, y tampoco era el suyo, yo también lo sabía.
Al oír la puerta, miré hacia allí, Andrade salía buscándome con la mirada.  De nuevo se acercó y besándome en las mejillas de nuevo, dejó caer un papel con un número de teléfono en mi regazo, luego me miró a los ojos -Dios mio, ¿porqué dejé a ese hombre un día?- y me dijo adiós.

 

Como el tema de las mosquitas lo dejamos colgado…
Hay quien no ha roto un plato en su vida, y tiene pinta de madrastra de Blancanieves en versión para adultos y hay quien siendo pareja técnica del rey de la cama tiene más serenidad en la tez que la virgen María, y eso es así, desde que el mundo es mundo.
Ahí tengo a mi querida Lolita, que su blanca palidez y sus ojos celestes tal cual el manto de la virgen, después de contar con innumerable affers y amantes, a golpe de talonario a su favor, claro está, decidió un día, compaginar en su lecho, a los dos hombres más importantes de su vida, y para dar más morbo al asunto, resultose que estos dos hombres eran hermanos, de estos que cualquiera  desearían besarle hasta la sombra y tras ello subir a un altar a poner un cirio…
Pues solo para ella, y no los comparte… ella si que sabe.  Y sabe de todo.  Si la vieran en sus reuniones de empresa, con sus trajes de Armani, tan sobrios ellos, y ella…  como un elemento más de la oficina, sin alma para mostrar…  
Estoy segura que ni mi querido  hermano, habitual lector de almas, sería incapaz de notar la ausencia de ésta en Lolita, y seguro que si la conociera un poco, llegaría rápido a la conclusión – para él, todo aquel que no se mueve exclusivamente por el corazón... aveces no parece hermano mío-  Y es que ella, en lugar de alma tiene un cuentabilletes, y la verdad, no le va nada mal.  Tiene marido -que no la quiere mucho, pero nunca la he engañado,  ya que se casó sabiéndolo; tiene dos hijos que nunca le han dado problemas; un amante excepcional desde hace años; conserva amigos desde la niñez y seguramente, no tenga nunca problemas económicos, primero, porque es de aquellas personas que no necesitan mucho para vivir, y segundo, porque tiene muuuuuucho dinero.
En el otro podemos poner como ejemplo a mi a mi querida Mezzo, que tras su primer dolor amoroso, se cambió el nombre y el look, cambiando su coleta por un atrevido corte a lo garçón, y los pantalones tejanos por los de cuero, y tras un tiempo de vida disipada, decidió volver al redil, básicamente porque los remordimientos no la dejaban respirar.  Buscó el objetivo y tras varios intentos encontró al compañero de su vida y padre de sus vástagos, ¿qué cual era su objetivo?  Pues alguien neutro, con el que pudiese asegurar una vida tranquila, sin sorpresas, sin sobresaltos, sin orgasmos... pero llena de felicidad, sencillamente, porque consiguió lo que buscó, y sin mucho esfuerzo, ha sido capaz de mantenerlo.  
Caso triste, os puede parecer, aunque mi tercera amiga, Lily, todavía lo ha tenido peor, ya que tras su flash amoroso del primer momento, se dejó acompañar de un ser egoísta al que aceptó con total normalidad, con el convencimiento de que aquella vida, la suya, era como la de todas.  Casi consumida en la flor de la vida, o en lo que debería serlo, un suceso inesperado pero sin flash, cocido a fuego lento, la hizo tomar conciencia de la anormalidad de su vida y provocó en su corazón aletargado latiese de nuevo.  Y bueno, nos quedamos con el latido, y con el cocido, y con esto, me despido.



¿Querer vivir esta mal? Esta mal es quitarle la vida a alguien –aveces, sin necesidad de matarlo- representar el silencio, el dolor, la insatisfacción, no es ser una mosquita muerta, es la representación puntual de un estado que nos acompaña, nada más. Con esta pequeña confesión por su parte, me entendí un poquito más a mi misma y también, me sentí algo más comprensiva y tolerante: a otras personas les pasaba cosas semejantes.

Si que es verdad que para bien o para mal, cuento en mi existencia con la colaboración de personas que llevan una existencia gemela a la mía, y que esta similitud nos hace cómplices, y nos escuchamos, y nos ayudamos, pero a pesar de esa gran confianza, sigo siendo víctima de mis silencios, esos que aveces me ahogan, que intentan quitarme la vida, y ante los cuales me rebelo con sarcasmo o me evado durante el sueño.

Ese, el sueño, ese de quien yo siempre he presumido de tenerlo bajo control parece me está traicionando. Me da luz sobre situaciones que no quiero tener, está perturbando mi autocontrol, y yo no soy mi cómplice, aquel que se deja llevar…

Y quisiera compartir mis temores, pero me cuesta tanto… Aunque quizá hoy la pantalla tenga el privilegio de la exclusiva, y es que no veo salida a todo esto que empezó hace mucho y que estalló hace poco más de un mes. Tengo miedo, más por él que por mí, como siempre, veo como por primera vez se está agarrando a la vida en serio, pero en mi sueño no veo el futuro, aunque se dice que mientras hay vida hay esperanza, tengo la esperanza pero no veo la vida, no hay mejora, quizá se ralentizó el deterioro y la falta de resultados me está desesperando… debe ser eso…

Mi sarcasmo hoy duerme, descansa, es domingo.

Yo que siempre presumo de paciente, en estos momentos me estoy desesperando…

Lo prometido es deuda. No podría dar a ciencia cierta una razón… pero aveces tengo la impresión de que si no equivoqué mi vocación, quizá no la erré pero seguramente las circunstancias propiciaron una desviación, a lo que no me desdigo, sino que acabo afirmando rotundamente y de paso aclaro: Hace muchos años, cuando todavía era una niña, le dije mi tutora: "Quiero ser monja", ella, una teresiana de las duras, de las … ¿cómo podría llamarla? ¿Ascendente de tropa? ¿De formación práctica, sobre la marcha?, bueno, sin titulación docente homologada - diríamos ahora- aunque persona con sobrados conocimientos y con grandes dotes para la enseñanza, y si hilo algo más fino, diría para la formación de personas, independientemente de la ideología o creencia, capaz de lograr el equilibrio sin forzar, sin violentar los sistemas establecidos, incluso encontrándonos en un centro confesionalmente católico. A mi afirmación, ella preguntó que porqué, y yo le dije que quería ayudar a los demás. La religiosa me dijo que para ayudar a los demás no era necesario tomar los hábitos, que uno podía ayudar a los semejantes siendo seglar y que además, ella veía en esa decisión, precipitación y miedo ante la vida por mi parte y que le daba la impresión de que quería utilizar el hábito para esconderme, para protegerme. No se equivocaba. Pero por aquel entonces yo debía haberme llevado algún desengaño y no estaba dispuesta a que nadie volviese a romperme –empezaba a forjarse, aun sin saberlo, la otra Mechas, vamos, Mechas.

Bueno, hoy me estoy explayando y la tangente se ha convertido en mi camino, pues, ¡ala!, Continuo. Tiempo después, no mucho, decidí que estudiaría psicología, ante tal decisión, las monjitas se me pusieron contentas, pero como dice aquel, nunca llueve a gusto de todos, con lo cual, en casa se desencadenó todo un temporal, vamos, que no les gustaba nada, pero bueno… Todo ello para decir más o menos, que tengo especial imán para la comunicación, que puedo alardear abiertamente de esa seducción social – que no sexual- que dicen que los libras poseen, y que gracias a ello, he podido conocer a muchas más personas que muchos, y cuando digo conocer, hablo de sus historias, de sus secretos, de aquellas cosas que quieren contar a alguien, y sin saber porqué acaban utilizando a mis orejas como receptoras de aquello que desean expresar. Algunos de ellos, de perfil variopinto y contradictorio entre ellos, por cierto, llegan a tomar como costumbre visitar el lugar donde me encuentro, y a modo de confesionario, peregrinan ofreciendo sus vivencias, inquietudes y todo aquello que por una u otra razón necesitan airear.

Pepi es uno de ellos. Aun cuando podría catalogarla dentro de aquel grupo de mujeres, "tradicionales", algo la hace se diferencie del resto, características como el no parar en su desarrollo personal y un ir hacia delante, han marcado la diferencia con el resto, aunque sus vaivenes emocionales, como a muchos, no termina de encontrar su lugar, pese a tener, de cara a la galería, una vida totalmente ordenada. Y ahí, tan acostumbrada a vivir ordenada y en su línea, sus movimientos acostumbran a ser comentados, y por aquello de la costumbre del comentario, cuando no pasa nada, se recurre a la moviola, y continúan los comentarios.

A Luci, otra de mis chicas, no le importa la gente, lo que esta diga o piense, aunque llegado el momento, y aunque nadie lo note, porque no molesta, ella siempre está ahí, y aunque por ese perfil camaleónico que posee, que aveces es completamente invisible, y si no fuese por esa vida algo "disipada" que gasta, nadie hablaría de ella, nadie la echaría de menos. Se preocupa de ella, va a la suya, pero nadie puede tacharla de egoísta. Nada pide, nada da, nada espera. Y ahí, la vida continúa sorprendiéndola, a pesar de vivir cada día con la intensidad que algunos viviríamos el último de nuestros días, si supiésemos que en él se acaba todo –y digo algunos, porque muchos de nosotros si conociesen la fecha del desenlace, se echarían a morir un rato antes, con su pena, con su tristeza, mutilando su propia fuerza antes de la hora. Luci, en su empeño constante con la vida, nos ha dejado durante unos meses para probar suerte por el sudoeste asiático y ahí están sus compañeras, mirando el face, esperando noticias suyas, sobretodo sobre sus posibles escarceos, expectantes, curiosas, con ganas de saber, de comprobar habladurías y leyendas, urbanas y no tanto, pero que por guardar sus apariencias impolutas, prefieren continuar viviendo siendo pasto de las dudas.

<p><a href="http://www.youtube.com/watch?v=9_Su8cknnyQ&feature=related">http://www.youtube.com/watch?v=9_Su8cknnyQ&feature=related</a></p>

Varios temas rondan mi cabeza en estos días, pero eso, como siempre, quizás por costumbre, no es ninguna novedad. Uno de los temas que pulula por los alrededores me ha hecho recordar aquel maravilloso ensayo de Don Miguel de Unamuno, "Del sentimiento trágico de la vida", ya que algunos de los que rodean se encuentran en plena ebullición existencial por una u otra razón, a lo que yo, en mi habitual rol natural llamado desde los tiempos inmemoriables de mi abuela "espíritu de la contradicción", he creído conveniente desalojar el hueco del corazón y volver a reorganizar las rocas habituales. De nuevo ikea, que remedio. Ya comenzaba a sentirme hasta blandita, y eso en mi diccionario, no existe. Entre los que me explican que se han enamorado –Dios mio, ¿pero todavía se enamora la gente?- los que me cuentan que cada mañana se levantan una hora antes de lo habitual –a las cinco de la mañana- para meditar y tirar lo que ya no les sirve- y aquellos que el nuevo año, los sustos de la salud, y entrebancos varios, deciden cambiar sus hábitos de vida, esos que de forma vitalicia los acompañaron a modo de fuero, y que ahora, por un sustito de nada –un infarto creo que fue- los arrumban como si no fuesen nada, como si en su vida no hubiesen existido.

La tarea de individuo contradictorio con tal ambiente se me ha puesto algo difícil, ya que muchas veces, este rol simpatizante básicamente de los valores antiestablecidos, doblemente contradicho en la actualidad si tenemos esa nueva tendencia ahora se ve en la labor poco conexa de poner un poco de orden en todo este ambiente más propio de una comuna hippie que de una sociedad convulsa, que como siempre, desde que el mundo es mundo, en tiempos de dudas, incertidumbres –crisis- busca –explicaciones, consuelo- a todo aquello que ocurre a su alrededor.

Y así, a modo de narcótico, estas situaciones varias y normalmente nuevas, actúan como un prozac en nuestro maltrecho ego –ya sea por la economía, básicamente, seamos claros- porque como dice el refrán, no nos acordamos de San Pedro hasta que no llueve.

Aunque hace mucho tiempo que todo esto se convirtió en puro artículo baladí para mi –supongo que por ese mecanismo de defensa que poseo, y digo esto, porque si mi carácter fuera de aquellos resentidos, en lugar de quitarle importancia y conformarme con lo que me toca, hablaría de ello como un artículo de lujo, y todo sería mucho peor, sobre todo para todos aquellos que me rodean, y que acabarían pagando el pato al convertirse en víctimas de mi mal humor.

Y bueno, llegamos al tema del mal o buen humor, y para eso, hablaremos de mi amiga Pepa y Luci, y de sus motivos.

No he llegado a diferenciar, pero si tengo que ser franca, tampoco me preocupa saberlo, el porqué siendo de aquellos que pudiendo tenerlo todo, no tiene absolutamente nada. Y si es a causa de un exceso de pragmatismo estigmatizó en cierta forma su existencia, la comodidad de la cuna como pecado capital hizo de él una copia de aquellos seres humanos que poco a poco van sucumbiendo en la estratosfera social, y como digo, sea lo que sea, me da igual, ya no quiero saberlo, ahora lo sé, lo he aprendido. Y es que una vez hecha la conquista, ya está, uno pasa de niño de mamá –ser un pequeño hijo del furher- a esposo rey de la casa – gran furher-, con todo lo que el significado conlleva. Esta cifra – de la que solamente aludiré a su existencia- que pese a la cercanía en el tiempo hace ya mucho que se convirtió en pasado, aunque todavía parece no entender aquello que se finiquitó aunque sin saberlo -ni tan siquiera yo- hace muchísimo tiempo.
Y encontré la clave a todo aquello que ocurría a mi alrededor, empezó a esclarecerse el mismo día que fui consciente de que algo ocurría a mi alrededor, y es que yo, no me daba cuenta, había aceptado la vida con la impasibidad que solamente debe tenerse tras la muerte...
Aceptaba que el tiempo de las ilusiones había terminado prácticamente tras un fugaz flash con desmelene incluido, tal cual un anuncio de champú barato, estaba convencida de que llegado el momento, todos vivían igual, haciéndose esclavos de su destino.
¿Cómo no me había dado cuenta? ¿En que mundo vivía yo? Y la verdad es que de un tiempo aquí si que había rondado mi cabeza la idea de que mi vida no estaba bien, pero esas veinticuatro horas que nos duran los días estaban demasiado ocupadas en mi caso, y el descanso primaba ante una sesión de reflexión.  
Y bueno, llegó el momento en que mis fuerzas empezaron a crecer tras la merma en picado que había supuesto la vida a su lado, y mi problema ahora es más fuerte, pero yo también me siento así, porque ahora siento, siento que siento, siento mi vida, siento la vida.
Y todos sus matices colorean mi vida.  Y ahora soy consciente de que los colores se mostrarán sin pudor.  Y algunos me gustaran, otros no.  Pero ahora yo soy la dueña, y aunque él se empecine en decir que es mi dueño, ya no lo es, ya no es más que un flash de anuncio que no saldrá de mi vida por la simple razón de que compartirá conmigo dos razones muy grandes, nada más.
Y a partir, de ahí, mi vida será otra, va a ser otra, y con la seguridad, de que él no estará en ella.

06041947 Posiblemente, si en algún momento, aquello etéreo que conocemos, adquiriese forma humana, sería la suya. Y es que ya lo conoció así, de vuelta de todo, como si esa característica la hubiese llevado impresa de fábrica. Y es que ella era muy chica, y él grande y con mucho camino andado, y el camino andado era sonado, cuestionado, transgrediendo a la vida misma desde el momento en el que alcanzó la cuna. Y es que la cuna no existió, tuvo que compartir lecho con la santa que lo parió, una fría mañana de primavera, en un lugar con tres mentiras, fruto de un amor que no existió, y que antes de nacer, lo dejó exento de padre, hecho que, sin darse cuenta, marcó desde ahí, desde el mismo instante en que vio la luz y para toda su vida. Todo muy duro desde el principio, con muy poquitos años tuvo que compartir, sin entender, lo único que tenía, el amor a su madre, y que arrebatado éste, se responsabilizó de la herencia deudora: padre ajeno y hermanos propios hasta que, pasado un tiempo y entender muy bien como, se vio viviendo de prestado en casa ajena, hasta que un día tuvo la suya y de nuevo, recuperó toda su herencia. Y viviendo de prestado fue feliz, pero la vida le quitó esa felicidad. Y él, buscavidas donde los haya, siguió en pro de ello, de vivir, de la manera más sencilla, aunque aveces fuera caro el precio a permutar. Y así, con esta idea algo básica, incluso algo bárbara, inacertada, buscó su propia vida, y la hizo suya, y creo su casa, y echó raíces, y el pago a todo aquello empezaba a hacerse pesado, y empezó a crecer fuera del tiesto, y se asentó en el jardín, y el edén empezó a gustarle, y su vida se extendió sobremedida, y el egoísmo de manera mal entendido se hizo el dueño de su vida, y se sintió, dentro de su humildad, grande, y vio como aquellos que lo conocían, así lo consideraban y se lo hacían sentir, y ya no podía con todo aquello, ya no era el dueño de su vida, la propia felicidad lo asfixiaba, sentía no merecerla, y el castigo lo sintió cerca, inminente, y volvió a su maceta, con sus florecillas maltratadas, orgullosas y rencorosas, y nunca vivió más infeliz pese a los propósitos de intentar rozar la felicidad, aunque fuese por momentos…

Y un día, la vida provocó un reencuentro con un pasado que el no recordaba, no relacionaba, y este reencuentro lo envolvió, y el no se dio cuenta de ello, y empezó a jugar, y el juego fue claro y acotado desde el principio, y se sintió nuevo, y se sintió niño, y sintió su derecho, su deseo, su necesidad de jugar, y no vio el riesgo, y estaba, se sentía tan por encima, tan de ida y vuelta de todo, que se creyó invulnerable, y era duro, muy duro, y jugaba con la vida, la ponía al límite de él mismo, y no se dio cuenta que la vida era más, que llegado el momento, podría ganarle el pulso, y se lo ganó, y le hizo vomitar todo lo pasado, como una mala melopea, sin preaviso, a traición, rompiendo los esquemas establecidos, abriendo su corazón en canal, y allí estaba ella, viéndolo sangrar inconsciente de lo que ocurría, siguiendo sintiéndose el rey, aunque ya no era el dueño de si mismo, se había perdido a si mismo, y ella lo utilizaba a su capricho, lo hacía añicos dentro de un sentir tan grande que le impedía darse cuenta que ya no se pertenecía, que la dueña era otra, aquella que no sabía que lo había reencontrado, que lo había hecho suyo para siempre y que en su ausencia, en la de ambos de si mismos, no volvería a existir después de ellos, pero que a pesar de su inexistencia, no era más que una demostración, de que había valido la pena, aunque algún día desapareciera y el retomase aquella maceta que un día dejó, por no quedarse solo por fuera, a la vista del mundo y aunque en realidad, quedase arraigado al maravilloso vergel que supuso aquel reencuentro fantasma por el que de manera inconsciente, a modo de juego, defendió y que en sus fueros más internos lo acompañará siempre. Y es que si no, ¿para qué vivir? ¿qué significado tendría decir "te quiero"?, No, "te quiero" no, "te quiero para mi" es la frase.

02091962 Una luna gitana marcó tu vida. Tu piel pálida, payo blanco, marcó la diferencia entre tu y tu propia raza para siempre. Nacido en cuna de artistas calés, tu sino cruel te enfrentó a los tuyos, aquella media sangre paya, aquella palidez sobre la cual descansaban tus mechones endrinos… aquel corazón gitano que palpitaba en una piel extraña…

Las nanas gitanas de tu madre y tus hermanas, dieron banda sonora a tu infancia, el gran pasillo de tu casa recorrías en triciclo mientras las amaya cantaban en la cocina al compás del repique de nudillos en la mesa; Camarón y la Marelu, acompañaron tus veladas adolescentes mientras rompías tus sueños ante la primera paya, aquella que en un golpe de viento te quemó y te heló, casi en un mismo momento, aquella que te robó la inocencia regalándote una doble ancla con la vida, a cambio de poco más que la vida propia, aquella que contaminaste de heroína mientras la quebrabas a la par de las lunas de las joyerías de tu barrio. Y ella se ausentaba. Y tu sufrías. Y tu robabas por ella. Y hacía que te engañaba, y tu consentías. Y decía que iba a comprar leche para las niñas, aunque mientras, era un pico lo que se hacía. Y un día desapareció de tu vida, y tu volviste con tu familia. Y tu madre y tus hermanas, ya no te cantaban nanas, ya eran otras las que recorrían el largo pasillo en bicicleta. Y ella no volvió. Y tu te quedaste con ellas. Y empezaron los juicios, y… comenzaron las condenas. Y primero el chocolate, y más tarde, el caballo llegó a tu vida, solo querías perderte, no encontrarte, pero de nuevo ahí estabas, salías, ellas te esperaban, eran tu guía.

Y pasó el tiempo, a golpe de condenas y caídas de vitrina. Y una tarde la encontraste a ella, y sin darte cuenta, le habías contado tu vida. Y ella fue tu amiga. Y el tiempo pasaba y te dabas cuenta que de nuevo amabas. Y la camelabas, y le escribías poesías, y cuentos, y le hacías dibujos, cuando no la tenías a tu lado y la besabas. Y te parecía un milagro su amor, y sentías que no la merecías, pero allí seguías. Y el castigo llegó de nuevo, y ella a tu lado permanecía, y dejaba dinero para los picos, y entonces no salías a romper vitrinas. Y te parecía mentira, que alguien como ella te quisiera, pero no era mentira. Y ella a tu lado volaba, se llenaba de valor, se sentía viva. Y nada le importaba, nada más que la vida en tu compañía. Y un día os separaron, y entonces, entre pico y pico, llegaron las más bellas cartas jamás escritas. Y llegó el día del reencuentro, y ella intuyó que después de la dulce espera, no vendrías, y es que esa tarde te mataron, ya nunca más volverías.

Y desaparecieron los sueños, y ella no volvió a soñar en su vida, solo recordaba los momentos y todo aquello que compartió contigo, y ya no envejecerías junto a ella, ni en gravidez la contemplarías, ni a ella, después de aquella tarde, nada de eso, le importaría.

09011963, día frío, mucho frío, apenas dos semanas antes una gran nevada había paralizado la ciudad, aquella ciudad que vive cara al mar y se extiende de colina a colina, formando sus edificios en algunas zonas, un mosaico casi perfecto. Su sino vino marcado por el capricho desde el día de su nacimiento: fue el capricho de su madre, el niño bonito de una casa donde abundaban las mujeres y la filosofía del machismo en su manera más refinada, daba lugar a un clima de mando matriarcal ante la impasibidad masculina dentro del hogar. Y así creció, entre los algodones proporcionados por las mujeres de la casa. El tesoro, el muñeco, un ente sin voluntad al capricho de su madre y hermanas. Y durante muchos años, vivió bajo su supervisión, siendo una marioneta al antojo de ellas. Hijo perfecto, con novia perfecta, mal estudiante, buen trabajador, buen deportista, pero todo, dentro de la familia, bajo la supervisión de la capa. Y un día entra alguien en su vida de manera inesperada y fuera de los esquemas trazados, y ese alguien entra con la doble atracción, la que cualquiera sentiría y la más dura, contradictoria y nefasta, la de alcanzar lo prohibido. Y en el otro plano no había más que un juego, un juego que acabó conviertiéndose en una prueba de vida, en un o uno o el otro, pura supervivencia humana. Nunca se pudo explicar como una simple diversión acabó siendo una guerra vitalicia que solo en la distancia consiguió tregua. El debate entre el bien o el mal entre unos y otros, entre esos y aquellos, entre ellos mismos, forjó un zarzal de amasijo férreo, helado, que a pesar del dolor ambos traspasaban de manera casi inerte, sino no se explicaba. Y en nada después el frío de dos se convertía en uno, de un minuto al siguiente todo cambiaba, el color, el calor, la textura, todo, menos la intensidad; en centésimas de segundo pasaban del amor al odio, de los besos a las bofetadas, de decir te quiero a un yo no te he querido nunca, y todo era verdad y a la vez mentira, y es que no se sostenía, había demasiada fragilidad, infinita dependencia, no existía el individuo. No existía nada fuera. Contradictorio, vaivén infinito, bucle aparentemente sin salida, excitación y vacío, un agujero negro en dos vidas frágiles, sin control, de manera peligrosa, al borde de un precipicio particular construido beso a beso por ellos mismos, sin más nada que un sentimiento descontrolado, sin razón, entre ambos. Destrucción del ser, un si pero no, un no pero si, un es sin ser, un ser lleno de algo. El tránsito sutil de una dependencia a otra, una rebeldía inhóspita, una locura escrita con la tinta negra de la sangre seca que destilaban ambos, un tormento en la distancia que se tornaba algo por encima de todo lo sentido hasta entonces. Asfixia, de uno en el otro, y con esa maldita dependencia que daba un ni contigo ni sin ti, un querer poner en práctica toda esa posesión a la que había estado sometido. Un no por respuesta, un susurro de "tu frialdad". Un entender que no sin realidad quererlo, un abrazo de cuerpos desnudos mojados por las lágrimas surgidas del mismo alma. Un no ser capaz de poder con todo aquello, un intento inacertado de ganar un pulso a lo que uno sentía que era uno mismo. Un error que crecía entre el dolor que brotaba a la par que las caricias, una desinhibición total de los sentidos, una cama tras otra, un whisky, algo más. Sentir más, querer más, buscar más, poseer el alma del otro. No. Y como respuesta, violencia, y enseguida una vuelta a los besos, y un guantazo, y otro beso, y un mordisco, y la sangre roja, fresca, brota de unos labios hinchados, y se mezcla con las lágrimas, y se aclara, pero solo eso. La ofuscación reina en los encuentros, encuentros de altura por costumbre, rozando el cielo, tocando casi las estrellas con las yemas de los dedos. Y el resto infierno. Ese que uno se construye al verse preso, al sentir que se pierde dentro del otro, al descubrir que no siente más que lo que siente el otro, que no tiene más fuerza que la del otro, que no existe más voluntad, ni más verdad, ni más horizonte, ni más futuro. Y ante la frustración de querer seguir adelante y darse cuenta que no hay nada más que conquistar, la bajada en picado lo desliza hacia un abismo, a forma de bucle, que lo lleva de nuevo al origen, sembrando en la duda, la incertidumbre, esa ofuscación que lo acompañó durante el tiempo. Con idas y venidas, pero después de eso, sintiéndose más solo.

26011963, 09011963, 06041947, 02091962, 12031963.

A simple vista no son más que dígitos, cifras que pueden o no, tener significado. Seguramente, como todo en esta vida, para alguien esos números no tengan valor, para otros, sí.

Para los que si, este significado puede ser por cosas muy diferentes. Entenderemos hoy estas series como fechas, por ejemplo. En este caso, tomadas como fechas, podemos empezar a observarlas: Una de ellas corresponde a la primera mitad del siglo veinte, casi de soslayo, pero pertenece a esa mitad, los números, es lo que tienen, que no tienen ni trampa ni cartón, supongo que por eso siempre he sentido atracción por las matemáticas, porque son lo que son, sin vueltas de tuerca ni de hoja; Volviendo a las cifras, cuatro de ellas corresponden a la segunda mitad del siglo veinte, además, todas pertenecen a la misma década, curioso ¿no?

Observo esa cifra que no cuadra con el resto, le doy una importancia que no sé en este momento si la tiene o no la tiene, pero yo, se la voy a dar. Porque sí. Porque me da la gana. Punto. La dejaré para el final. Aunque todas ellas, las cinco, son importantes.

Importantes porque para algunas personas, esas fechas marcaron un antes y un después en sus vidas, sobre todo, que ni decir tiene, a los que en esa fecha, estrenaron vida.

26011963, ese día, en una casa de montaña, vino al mundo, el cinco de seis. Vida curiosa la suya, solo mantuvo el cinco en el orden de la casa, después siempre fue el primero en todo. Y en cierta manera, fue así, el primero de algo que nunca fue pero si existió. Con ello no entro en contradicciones, la expresión podemos considerarla numérica, el primero por el que se siente primero rabia, luego admiración, y luego lo mismo, pero con más intensidad, hasta que llegado el momento, uno se ruboriza con su presencia, con solo pensarlo. Y todo esto aumenta hasta que un día estalla dentro de uno mismo, porque es tan grande lo que se siente, es tan inmenso el vuelco que uno vive, que no se atreve a sacar de sí eso. Uno se siente viajero de una montaña rusa, subiendo y bajando acalorado y al final, no necesita expresarlo, su rubor inacertado, a destiempo, le delata. Y la gente, alguna muy cruel, se ríe mientras uno se hunde. Y disparata de manera incontrolada, y quizá en ese momento, se forja una venganza incapaz de cobrarse durante toda una vida, y ante la incapacidad, todo se hace grande. Y el tiempo pasa y todo continúa igual, y llega un día en que uno deja de ser el que fue y aunque lo que siente sigue aumentando, sabe que ya no puede ser, que ya no es quien era, que su rodaje a comenzado a destiempo y en el lugar equivocado, pero igual eso no importa, aunque continúa siendo incapaz de controlar lo que siente, comienza un cambio en el trato, más personal y punzante, y descarga en aquel que no le dio más que dolorosos vuelcos en el corazón sin saberlo, una crueldad de la cual no es merecedor. Y bueno, pasado el tiempo y muchas veces ya, con otro código en la cabeza, uno acaba cambiando lo que siente aunque nunca, nunca, olvida lo que un día sintió.

La mañana del domingo suele condensarse algo más de lo normal para mi siempre que uno empieza el día haciendo ejercicios de vidrio en algún lugar de ocio nocturno. Y es que cuando uno se encuentra con buena compañía se olvida de los límites y sobretodo de los efectos del exceso, pasadas unas horas... Menos mal que la cocacola lo arregla todo... o, casi todo... Porque pasado el trámite del ascenso y del descenso, uno descubre que la vida sigue en el mismo punto donde la había dejado ayer, justo antes de salir de casa. No sabría decir si es más duro el hecho de sufrir durante unas horas una encefalopatía galopante acompañada de un dolor localizado en el límite de la caja torácica, o descubrir que, uno es el mismo de ayer y el mismo que mañana si es que de aquí al próximo amanecer no se cruza con algún ángel y entonces si, comenzamos el idilio más duradero de nuestra existencia. Y es que aveces uno desea morir, no encuentra sentido a vivir. ¿Qué porqué? ¿Que eso es depresión? No hombre no, que hoy en día todo lo arreglamos con eso, ¿qué pasa? ¿qué uno no puede sentirse mal? Y tanto que sí, y no por ello ser un depresivo, lo más seguro es que otro día se sienta mejor, y que si el asunto negativo perdura, pues uno se acostumbra a vivir al ritmo de los latidos de un corazón herido, o bueno, volvemos a lo de siempre, a esas maravillosas pizarras que llegado el momento, nos acompañan... Como una cruz para el resto de nuestra vida, ausente de sentimientos para esconder la herida, que un día sufrió y que perdura a falta de cura, casi gangrenada, falta de oxígeno, inerte, sin vida. Y mientras todo esto ocurre, de cara a la galería uno es el rey de la fiesta, el ganador de la partida, y solo él sabe, que hace casi una vida que no vive, y así seguirá hasta que el ángel que antes hablábamos, consiga por fin, enamorarlo. <p><a href="http://www.youtube.com/watch?v=wOpc3oeq480">http://www.youtube.com/watch?v=wOpc3oeq480</a></p>

Complicados se presentan estos días, un evento tras otro que no me dan lugar a reponerme. Pero no puedo evitar, a pesar del cansancio ser enormemente feliz de manera personal.

Si bien es verdad que por causas ajenas a mi voluntad he tenido que prescindir de muchos afectos en esta vida – y cuando hablo de afectos no hablo de amores, que en eso no creo, sino del resto-

He tenido algunos amigos de esos que se conocen como amigos del alma, pero por una cosa o por otra, siempre he dejado de tener contacto con ellos. Y a pesar de llevar una vida ordenada, aunque a algunos les parezca lo contrario, siempre he echado de menos esa complicidad que te dan este tipo de relaciones. Curiosamente, no sé el porqué, quizás por que mi personalidad solapada así lo entiende, siempre han sido amistades masculinas las que han ido ocupando ese tipo de afectos.

Yerma mucho tiempo de tal preciado tesoro, un tiempo atrás entró en mi vida él. Una de esas personas de las que cualquier mortal con dos dedos de cerebro desearía tener, cuanto menos, entre sus conocidos. Si darme apenas cuenta empezamos a tener una comunicación estrecha, y es que cada día que ha pasado desde que lo conozco me recuerda a mi mejor y grande amigo de adolescencia y juventud, aquel con el que compartí muchas horas de nuestras ofuscadas vidas y aquel también, con el cual tracé el camino a empezar y en el cual sigo hace ya más de veinte años.

Con él jugué a corazones y pizarras, aunque el usaba el corazón y yo la pizarra, como siempre.

Con el paso de la vida, nuestros caminos se vieron obligados a separarse, no siempre uno puede vivir donde quiere, el trabajo, la familia, en fin, uno acaba teniendo prioridades, se hacen distancias que aunque en el alma no se lleven a cabo, son reales, y hay que aceptarlas. ¿Porqué digo eso? Estaba equivocada, debí luchar por mantenerlo todo, y no lo hice... y pagué, vamos que si pagué...

Pero después de todo, la vida no se ha portado mal conmigo, siempre me ha regalado buenos compañeros en el trabajo, donde, después de casa, es donde paso más tiempo.

No puedo quejarme, sino fuese por estos fueros internos que me traicionan, que me hacen revivir el pasado, podría decir que conseguí una vida perfecta – en mis horas bajas, cuando la culpa me mata, y lo veo todo negro, pienso que todo lo que no me gusta y me rodea, me lo he buscado yo, me culpabilizo de todo lo que me ocurre y me pregunto en qué momento de mi vida hice los méritos, es entonces cuando el pasado martillea mi cerebro y me siento morir.

Dejando a un lado todo eso, en este momento doy gracias a que tengo la impresión de haber recuperado aquel amigo, aquella complicidad, aquella confianza.... aunque la vida y las circunstancias sean algo más austeras, pero siento que siento, y eso para mi es muy importante. Sentir la confianza de manera recíproca de alguien que como la mayoría de las personas que pasan por nuestra vida, parecen habernos tocado en una rifa...

Creo que la circunstancia merece y es por ello, que a modo de tributo, procuraré que no vuelva a ocurrir, que los cambios fortuitos que la vida nos ofrece, no sean más que una razón para tener más fuerza, y no dejar perder de nuevo esos afectos, los de la amistad, que en mi caso, en esta vida dotada básicamente de una gran pizarra, que trabaja a modo de gran cepeú, son algo muy valioso.

Un beso a todos, os quiero.

<p><a href="http://www.youtube.com/watch?v=rsvVzAn_qlI">http://www.youtube.com/watch?v=rsvVzAn_qlI</a></p>

http://www.youtube.com/watch?v=ePXBHbTbrzE



Después de no sé cuantos meses apedreando a todos aquellos que me conocen con Triana, hoy vuelvo a hacerlo, y lo siento. Supongo que a todos no les gusta, pero... es superior a mi.

Todo empezó hace muchos años cerca de Sevilla en primavera, durante una semana santa. Ahí y entonces mi yo empezó a cambiar, y coincidió el acontecimiento con mi primer encuentro con Triana. Desde esos días, hasta el día de hoy, la música de Triana me ha acompañado en mis peores momentos, en los más difíciles de mi vida emocionalmente, con la misma fidelidad que lo hizo durante mi convulsa adolescencia. Con “Una noche de amor desesperada” me deleitaba en mi sensibilidad, con “Tu frialdad”, volvía de golpe a la cruda realidad; Con “Señor Troncoso”, transitaba en mis vaivenes emocionales de la forma más dura mientras que “Abre la puerta niña” me llenaba de energía para continuar camino... Así podría continuar hasta agotar las existencias de papel virtual.

Hoy, después todo un desplegable de festejos de despedida, de vuelta a casa, me encontré de nuevo con la realidad, que no es otra que ella, mi compañera, mi amiga, el lunes no estará, y que si esto no se arregla, todos iremos ausentándonos y tendremos que buscar nuevos caminos. No hay de otra.

 

 http://www.youtube.com/watch?v=Jyu1G9DrTgY

 

¿Como vivo con mi existencia?

¿Cómo vivir así?

¿Cómo hacerlo?

Sin esperanza, como siempre

Pasando por aquí sin ni tan siquiera...

Conocer el sabor de tus besos...


<p><a href="http://www.youtube.com/watch?v=NfvpvIuv1rc">http://www.youtube.com/watch?v=NfvpvIuv1rc</a></p>
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