domingo, 22 de noviembre de 2009 19:10
mechaspoval
El perro del hortelano, o quinceañeros de taitantos
Parece ser que en Eveliolandia no tenemos bastante con nuestros problemas individuales, que últimamente, en este afán adolescente que nos inunda a todos, nos preocupamos también por los problemas ajenos.
Y todo por una pelirroja – de bote, despampanante- que ha entrado en nuestras vidas.
Ninguno quiere decir abiertamente lo que piensa, pero el que más y el que menos, lanza sus darditos envenenados.
Posiblemente, lo mejor en estos casos, sería un “no coment”, pero como no estamos por la labor, aunque cuidando mucho el contenido, en ningún momento dejamos bien parada a la recién llegada y lo peor de todo, es que nuestra desconfianza se huele de lejos.
No sé porqué somos así y tampoco si es bueno o malo que lo seamos.
¿Porqué no podemos conceder a esta recién llegada, por lo menos, el beneficio de la duda? Después de todo, no va a ser nada nuestro. ¿Cómo que no? Ha preguntado alguno. Va a quedarse con uno de los nuestros. – Perdona- dice otro, -No sé si te estás portando como una mujer celosa o como una madre posesiva, pero… es que ninguno de los dos papeles te corresponde.
La conversación coral continúa de manera animada. – Tu te lo querías beneficiar y no te ha salido bien- La otra le contesta que ya tiene de quien beneficiarse, aunque por dentro se muere de la envidia. Los hombres hablan entre ellos, sus conversaciones no son de tono muy diferente, que si se pone bien, que si se los pone mejor. Ellos se preocupan, en la relación que apenas comienza, en los adornos capitales que le va a poner –alguno de ellos quiere ser el objeto indirecto de la acción que se convierte en protagonista, aunque claro, solo es preocupación por el amigo.
Y así toda la noche, desde que la pelirroja entró en sus vidas.
Toda la noche cuestionando a una mujer porque no la creen conveniente para su amigo.
Y no la conocen de nada. No saben lo que siente o padece.
Y lo que es peor, a su amigo, del que si saben lo que siente y padece, lo están devaluando, lo están dejando en posición de idiota, en un momento a dejado de ser aquel hombre inteligente a un pobre diablo que una pelirroja ha enredado.
¿Qué pasa? ¿Es que no tenéis quien os enrede? ¿Es que no sois capaces? ¿O es que sois como el perro del hortelano, que ni coméis ni dejáis comer? O, todavía peor, que sois de los que no comen para luego no tener la necesidad de ir al baño.
Parece mentira, rozan ya la cuarentena y no han sido capaces de construir una vida propia, y quieren dirigir la vida ajena…