Gabriel Sánchez-Tembleque Cano

 

Autorretrato de Gabriel

Se cumple el quinto aniversario del asesinato de Gabriel, el hijo de Adela, una joven promesa en el mundo de la pintura, en el arte.

Gabriel Sánchez- Tembleque cano era un estudiante de la facultad de Bellas Artes de la Universidad de Valencia y encontró la muerte en un bar. De manos de alguien a quien no conocía. Con el que no tuvo ninguna discusión ni relación. Y Adela perdió a su hijo, y no sé cómo no la cordura.

Querida amiga, no te puedo desear fuerza porque de las madres que conozco eres una de las que más tiene. Porque las demás perdimos a nuestros hijos pero tú heredaste un dardo envenenado. Algo que, madres, jamás recibáis en compensación por la muerte de vuestros hijos, por mucho que os aconsejen vuestros abogados. Adela recibió como compensación, las deudas del que mató a su hijo.

Adela, sé que por tu cabeza, a veces, pasan negros nubarrones. No te unas a ellos, no dejes que te absorban con su humedad. Contempla el cuadro más luminoso que pintara Gabriel y métete en él. Te necesitamos.

Obra de Gabriel. Sin título, 2006

Un fuerte abrazo.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena.

Los besos del día de la madre

Helena pidiendo besos

Hay una joven italiana que tiene un chiringuito donde, a veces, vamos a comer unas pizzas que están divinas.

Es una chica encantadora y hace poco que se ha casado. No la habíamos vuelto a ver desde hace muchos meses, poco antes de casarse.

Quería tener con ella un pequeño detalle, por su boda y por lo amable y cariñosa que es. Hoy, le he regalado un ojo turco. Es algo que no tiene valor económico, pero para mí tiene mucha historia.

Cuando visitamos la isla griega de Rodas, compramos uno de esos ojos para Helena, porque nos contaron que las jóvenes que se casaban lo llevaba y lo colgaban detrás de la puerta de su casa, asegurándose así que su nueva casa, el hogar que formaban con su marido, quedaba así protegido de los males.

Ese regalo para Helena lo compramos más o menos un año antes de su muerte. El ojo de Helena sigue guardado. No sé si algún día se lo daré a alguien importante que forme un nuevo hogar.

Cuando le he dado a esta joven el ojo turco que le había comprado, le he contado la historia que nos contaron pero no he mencionado para nada a Helena.

Pero ella, encantada con su regalo, que nos ha agradecido enormemente, y del que no conocía la historia, me ha preguntado: ¿Es Ud. madre? Supongo quería felicitarme. Entonces, se me ha hecho un nudo en la garganta y le he contestado: Sí, soy madre, pero ahora soy una madre sin hijos. Yo tenía una hija… Y ella me ha abrazado y besado diciéndome, “usted es una gran madre”.

Yo solo quería regalarle algo para que le diese suerte en su nueva vida y ella me ha regalado el beso que Helena, hoy,  no me podía dar.

¡Que cosas tiene la vida!

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, muerta por la acción de un conductor con alcohol.

Primer aniversario de Bárbara Marca Almendros

 

Se cumple el primer aniversario de la pérdida de Bárbara Marca Almendros. Una bellísima joven que, como Helena, perdió su vida por el alcohol que otro tomó.

 Conocí a María Ángeles el día de las víctimas de accidentes de tráfico del pasado 2011, en El Retiro y su historia quedó unida a la mía.

 Solo nos hemos visto una vez más, pero no la olvido.

 Qerida Madre de Bárbara, me siento impotente de no poder ayudarte en este calvario.

 Me viene a la memoria una estrofa del nuevo disco de Chambao:

 “Que me duele verte así, ya no sé ni cómo ayudarte, que quiero lo mejor pa ti y quisiera volver a besarte”…

 Y Bárbara siempre va a estar contigo, siempre, siempre…

 Un fuerte abrazo, en un día como hoy.

 Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, muerta, también, por la acción de un conductor con alcohol.

Nacer el Uno de Mayo

Nacer el Uno de Mayo

Hoy es el cumple sin velas de mi madre.

Nació un uno de mayo, y su amiga María Engracia, le decía que esa era la explicación de porqué era tan trabajadora. Y a ella eso le gustó.

Pero la explicación no era tan sencilla, estaba cargada de historia.

Nacida pobre, de padre minero, niña de la guerra, adolescente de la postguerra, tercera de cinco hermanos, la vida le enseñó a trabajar para tener algo y para ayudar a los suyos.

Los tiempos le enseñaron a vivir con poco, a aprovecharlo todo, a luchar por lo que se quiere, a defender a los suyos, a ser generosa con los demás,  servicial y cariñosa.

Alegre en los momentos felices, pesimista en los malos, pero siempre, siempre, trabajadora incansable.

La única mujer que he conocido que en un mismo día era capaz de lavar, secar, y planchar la ropa, aún en pleno invierno, todo ello aderezado con las demás tareas de la casa: limpieza, comida, sin olvidar del cuidado de las flores.

Felicidades, mamá. Yo sé dónde estas. Tengo la certeza. Porque te tuve en mis manos. Porque sé que el viento te llevó muy lejos. A donde tú quisiste.

Mi amada mamá…

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena. Hija de María.

Las visiones

 

Ayer me pareció verte. Estaba tendiendo ropa en la terraza, y tú estabas a mi espalda, en la ventana de tu habitación. Me sonreíste, enseñándome los dientes, como cuando me sonreías sabiendo lo que yo estaba pensado, sí, sí tú sonriendo, sin ayudarme y yo trabajando.

¡Cuántas broncas por la falta de ayuda o la poca ayuda, por la habitación revuelta, o por cualquier otra cosa!

Nos pasamos la vida ejerciendo de padres y madres para educar a nuestros hijos. Pensamos que ya nos relajaremos cuando seamos abuelos. ¡Qué maravilla! Entonces, solo disfrutar. Ya están sus padres para educar.

Pero, entonces, llega algo o alguien y cambia todos tus planes. Se acaban las broncas para educar, pero también los besos, los abrazos, las caricias, el amor de los hijos.

Una vez, muy al principio, alguien me dijo: estará siempre a tu lado, le hablarás, le pedirás consejo, la verás. Entonces no pude creerlo.

Hoy, te he visto. Me sonreías igual que siempre, con cara pillina, con tus gestos de gusto, con tus palabras de "te quiero mamá", pero solo sonaba el silencio.

El cielo se vistió de rosa

de azul y brisa de mar,

veinte calas tan hermosas

como su dulce mirar…

esperaban su llegada

al reino de nunca jamás

“Amanecer”. Julia Zapata, para Helena.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena.

Enterrar a los hijos

 

Durante mucho tiempo, el día 18 me era más doloroso que el propio día 17, día que mataron a Helena. Porque hasta el   día 18 no pude ver a Helena y no tuve la certeza de que estaba muerta. 

Y al fin, el accidente inesperado,

el golpe oscuro de la desventura,

el ciego encontronazo, la segura,

clara certeza de que te han matado.

"Accidente" Rafael Alberti.

 

Cuando escuchamos el mensaje en el contestador telefónico y fuimos a la guardia civil de tráfico de Colmenar, el tanatorio ya estaba cerrado. Lo abrieron para acogernos durante un tiempo pero Helena estaba ya en la sala del forense y hasta el día siguiente, después de la autopsia, no podíamos verla.

Y esa noche del 17  creo que, hasta dormí. Estaba convencida de que al día siguiente, cuando la viera, diría que esa no era mi hija. ¡Qué cosas!

Primero negamos que nuestro hijo esté muerto: Mi hijo no puede ser. Después, comienzas a llamar a la familia y los amigos: dicen que Helena se ha matado, decía yo. Luego, comienzan a venir personas y sigues sin creerlo. No, no eres tú quien está contando que tu hijo está al lado, metido en una caja, con una cara sería, de disgusto, decía yo.

Y cada vez vienen más personas, amigos, compañeros. Algunos lloran contigo o más que tú porque tú aún no te enteras o buscas cómo evadirte porque no puedes soportar ese dolor tan inmenso: Pensaremos que sigue en Holanda, eso, que no ha venido que sigue allí, me decía yo una y otra vez. Pero llega el momento. Te dicen que si quieres darle el úlñtimo beso. Un beso de hielo. Nada que ver con los besos que dan los hijos.

Alguien quiere que te tomes una tila que acaban de traer.

No, no, yo no quiero tomar nada, quiero estar despierta, quiero enterarme de cómo la bajan, cómo golpea la tierra sobre la madera, yo quiero verlo para creerlo, porque si no lo veo nunca creeré que mi hija está muerta.

Y ese 18 de abril de 2005,  la tierra se abrió y se tragó mis entrañas.

Helena, Helena... repetía yo una y otra vez. Con una voz de conformidad que no era mía. Al final, me habían introducido ese bebedizo que atontaba mi voluntad y me impedía tirarme para seguir a la caja.

Conozco padres que no han sido capaces de estar en ese momento, o que se han desmallado. Yo, que no iba a los entierros, que siempre fui sobreprotegida, cuidada, de no verme en momentos tan dolorosos porque era muy frágil y propensa a las depresiones. Yo, que hacía tres días había recibido el alta de mi médico psiquiatra de la última depesión, yo deseaba estar presente, quería verlo con mis ojos, para poder creerlo.

Porque nadie puede esperar la muerte de un hijo. Nadie está preparado para ver morir a un hijo. Nadie puede superar la muerte de un hijo. Pero sucede y seguimos vivos. Porque estar vivo es comer, dormir, seguir trabajando, llorar, reir, o seguir educando a los otros hijos que quedan.

Lo malo es que Helena era mi hija preferida. La única que tenía.

A pesar del verde manto que la cubre a mi me sigue resonando la caida de los ramos de flores en el agujero. Eran tantos que hubo que echar algunos dentro.

...Tierra sobre el cadáver insepulto
antes que empiece a corromperse…, ¡tierra!
Ya el hoyo se ha cubierto, sosegaos,
bien pronto en los terrones removidos
verde y pujante crecerá la hierba.

¿Qué andáis buscando en torno de las tumbas,
torvo el mirar, nublado el pensamiento?
¡No os ocupéis de lo que al polvo vuelve!
Jamás el que descansa en el sepulcro
ha de tornar a amaros ni a ofenderos.

¡Jamás! ¿Es verdad que todo
para siempre acabó ya?
No, no puede acabar lo que es eterno,
ni puede tener fin la inmensidad.

Tú te fuiste por siempre; mas mi alma
te espera aún con amorosa afán,
y vendrás o iré yo, bien de mi vida,
allí donde nos hemos de encontrar.

Algo ha quedado tuyo en mis entrañas
que no morirá jamás,...

Rosalía de Castro.

Hoy, he encontrado una de las cartas de Helena, de su primer viaje a Irlanda (que obsesión con que aprendiera inglés). Tenía solo 13 años, y escribía unas cartas cariñosas, como era ella, llena de besos y corazones.

Gracias, de corazón, a todos los que habéis tenido palabras de consuelo, flores, abrazos, para este nuevo aniversario. Máxime, cuando la mayoría de vosotros, con mi dolor, renováis el vuestro. Gracias, por vuestros comentarios, aquí y en Facebook. Os quiero.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, muerta por un conductor borracho.

 

Siete años sin Helena

 

Siete años sin Helena. Sin su presencia, sin su sonrisa, sin su alegría, sin besos y caricias.

Siete años de tristeza, pena, melancolía.

Siete años que pesan como siete siglos. Nunca el tiempo fue tan largo, tan denso, tan eterno.

Siete, siete, mi número preferido, antes, ahora maldecido.

Querida hija, Nieves, mi compañera de taller de escritura, nos ha hecho un poema, ya sabes que los versos son palabras mayores, y aunque desde que te apartaron de mi vera me he vuelto muy atrevida, los versos se me resisten, por eso siempre acudo a las palabras que juntan los demás, para expresar mis sentimientos.

Pero ni con los versos soy capaz de decir todo lo que siento, porque no hay palabras suficientes para arrancar de lo más profundo del corazón este dolor inmenso.

Gracias, por tus regalos, esos que dicen las madres que nos vais poniendo. Hoy he encontrado en la caja de costura de la abuela María, una de tus tarjetas monedero de Holanda, ese monedero electrónico, tan moderno, que tu recargabas para tantas cosas. Se ve que se la diste a ella porque estaba gastada, para que la tuviera de recuerdo. Como os echo en falta a las dos, mi pasado y mi futuro.

Lo tuve todo, ahora no tengo nada, que dice el poema de Manuel Juliá.

Quiero pensar que lo que dice Nieves es verdad:

MI VIDA

Dicen que has muerto,

pero yo, te siento tan viva…

En la soledad de la noche

escucho tu silencio, y

me miras, me sonríes,

tus risas son mis alegría.

Dicen que has muerto,

pero yo, te siento tan viva…

Cuándo amanece  y

el sol acaricia mi cara.

Es tu mano la que siento,

tu piel la que me abraza.

Dicen que has muerto,

pero  yo, te siento tan viva…

Son tus ojos, tu pelo,

tu aroma el que me embriaga,

cuándo contemplo tus fotos

y  me abrazas por la espalda.

Dicen que has muerto,

pero  yo, te siento tan viva…

Qué sabrán ellos si

tú, no eres su hija.

Si nadie te parió salvo yo,

si nadie te dio la vida.

Dicen que has muerto

¡Mentira, todo mentira!

 Puesto que a mi lado andas,

junto a mí siempre caminas.

En tus hombros yo me apoyo

y  en tu recuerdo, mi niña,

vivo más que cualquier ser

ya que tú, eres mi vida.

 Nieves Gallardo Cañaveras (Dedicado a Helena y a su madre Flor Zapata)

 Mi querida hija, mi hija preferida, como cuando me pedias que te dijera que te quería y yo te decía que eras mi hija preferida, y tú te enfadabas, eres mi vida. Antes, mi vida alegre. Ahora, mi triste vida.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, muerta por la acción de un conductor con alcohol.

Abril y las calas de Helena

Lo único bueno que tiene abril, este mes aciago para mí, es que florecen las calas de Helena.

Helena llegó de Ámsterdam el 8 de abril de 2005, venía a pasar 15 días, y en casa había abierto la primera cala. Cuando lo vió dijo: "¡Ay, mi cala!". Después, mi casa comenzó a llenarse de calas. Aparecieron donde yo no las había sembrado. Mi terraza se llenó de ellas, repartí a mis amigas, me encontré otras madres que habían perdido también a sus hijos a los que les gustaban o ellas mismas tenían calas.

 (En el jardín de Manuela, en recuerdo de su hijo Edu. Al fondo aparecen las calas que plantó su hijo) 

Comencé a encontrar calas en los lugares donde iba. Me comenzaron a enviar calas para Helena. Y en decoración, las calas se pusieron de moda.

Ayer recibía las fotos de las calas de mi amiga Maribel, que también se las regalé yo:

 

 (Las calas de Maribel)

Helena tiene en su morada la primera maceta que este año tuvo flor, y mi terraza está hoy llena de flores.

Esas flores de cala que iban a ser el ramo de novia de Helena, si un conductor borracho no hubiera acabado con su vida.

Gracias, Maribel, amiga, por tus fotos, son preciosas. Helena está por todos los rincones de nuestras casas y en nuestros corazones, y yo os lo agradezco.

(Azulejo de la artista pacense Victoria Navarro) 

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena.

Un trocito de Diego va conmigo

Ando en tantas cosas, intentando que no se vengan abajo, por los recuerdos, en tantas mudanzas, que mi escritura está abandonada, pero no las fechas. Y no podía dejar de pasar este día, 30 de marzo, sin un recuerdo especial para mi duende, mi guardián, Diego. Hoy se cumple tres años de su pérdida, por mi repetida frase:

Por la acción de otros,
Por la omisión de tantos,
Por la culpa de todos.

Querido Diego, hoy no te voy a hacer un cuento, porque no estoy contenta, tampoco un poema, porque confundo pata con pato y hago garabatos, hoy quiero dejarlo en manos de quien sí saben, de alguien que le salía de corrido, y que habla de patas, no de palo, pero que seguro te gusta:

Las calas de Helena están abriendo, cada día hay más. También son para él, porque surgen en esta fecha, para despedirle y para recordarle.

Querido Diego, hoy no te voy a hacer un cuento, porque no estoy contenta, tampoco un poema, porque confundo pata con pato y hago garabatos, hoy quiero dejarlo en manos de quien sí saben, de alguien que le salía de corrido, y que habla de patas, no de palo, pero que seguro te gustará:

Tanta pata y ningún brazo.

¿Qué bromazo!

Se me dobla el espinazo,

se me enredan al bailar.

¡Qué crueldad!

Por delante y por detrás,

solo patas nada más.

Grandes sumas me ofrecieron

si futbolista prefiero

 ser,

pero quiero ser cantor

y tocar el saxofón

con la pata treinta y dos

en medio de la función.

"El ciempiés ye-ye", Gloria Fuertes. De su cuento Querer es poder.

Mi querido Diego, te queremos.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena.

"Pornografía del dolor"

El título de este post es el título de una crítica de cine, escrita por Javier Ocaña, en la sección “vida y artes”, cultura,  de El País del pasado día 16 de marzo de 2012, sobre la película “Tan Fuerte, Tan Cerca”. Una película del mismo director de “Billy Elliot” y “Las Horas”, y en esta ocasión basada en la tragedia del 11-S.

Ese título, y el contenido de la crítica,  enseguida me trajo a la memoria una carta que publicó el suplemento también de El País, allá por el año 2007, escrita por José Manuel Díaz Alonso y titulada “culpable por sufrir”, con la que me sentí muy identificada.

Aún no he visto esta película, luego no puedo opinar si J.O. está acertado con la crítica, solo he visto el trailer y no me ha parecido tan irresistible. No sé si, en palabras de J.O., el tratamiento del 11-S será rastrero, ni si Daldry juega sucio, ni si es “una apoteosis del sentimentalismo y de la abyección que convierte su obra en pornografía del dolor”, pero me pregunto ¿esta crítica no estará escrita desde ese punto de “no me manches con tu dolor”?

La vida está llena de tragedias, de dolor y de muerte. Lo uno conlleva a lo otro, y quizás el dolor es más punzante porque no estamos preparados para él.  No lo queremos ni en cine. Ni hablar de él, ni que nos lo cuenten, ni pensarlo, ni sentirlo, lagarto, lagarto.

De hecho, muchos amigos, conocidos, los perdemos una vez que nos fundimos en el dolor. Algunos dicen que es porque no saben qué decir, cómo actuar. Otros, simplemente se cambian de acera para no tener que saludarnos.

El título de esta crítica me ha parecido excesivo, desbordado. Una comparación de mal gusto.

Creo que a nadie le gusta regodearse en el dolor, que lo que parece un gusto malsano, especialmente para los que no han sufrido tamaña tragedia, puede que sea la forma de sobrevivir durante algún tiempo.  Por supuesto, todos tenemos una dosis de tragedia que se cumplirá más tarde o temprano, y a cada uno le quedarán secuelas, y los primeros interesados en que éstas  sean las menos posibles somos los afectados, pero también es entendible enloquecer de dolor.

 Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, muerta por la acción de un conductor con alcohol.

<p><a href="http://www.youtube.com/watch?v=YEDBGPT45Rk">http://www.youtube.com/watch?v=YEDBGPT45Rk</a></p>

Fiesta. Día del padre

En las agendas de Helena, en un día como hoy, siempre hay escrito estas palabras "Fiesta. Día del padres", y a partir de un determinado año, un número. Con el tiempo, el título del día del padre pasó a ser más pequeño y el número más grande, acompañado de un corazón, y   el número de años y meses que llevaba enamorada de Álvaro.

Pero nunca dejó de tener importancia para ella, el día del padre.

(Agenda de Helena. Año 2004)

Y nosotros hemos tenido que ir abandonándolo, como el día de la madre, como los cumpleaños, las navidades... Esas fechas con número que se clavan como puñales porque la vida la medimos en números y la vivimos llena de fechas para recordar.

Hoy, 19 de marzo de 2012, no será fecha de celebración en el corazón de muchos, especialmente en las casas de de Naira y Garazi, dos amigas que vivieron y murieron juntas, siguiendo una vía.

Elena, madre de Naira, Gracia, madre de Garazi, somos muchos los que no estamos de fiesta.

…He guardado en el costurero del dolor

Todos los hilos que mis lágrimas

Han derramado a través del largo trecho

Recorrido desde tu ausencia,

Esperando tejer algún día la malla

Que alivie mi tristeza

Y reconforte los caminos

Que aún me quedan por pasar

En esta maldita tierra.

Solo tu recuerdo mueve mi corazón cansado,

Mientras mi vida se agrieta,

A pasos agigantados….

La espera. Javier Torres Reymundo. Padre de Carolina, muerta en siniestro de tráfico.

Un fuerte abrazo.

Querido José María, padre de Helena, esposo mío, felicitarte en este día no suena igual, ha perdido su contenido, nunca será igual, porque nada ya es igual, aunque intentemos una y otra vez revertirlo de normalidad, aunque sigamos un camino, pasito a paso, hacia un final, que en tus palabras, no importa cuando llegue. Pero ella te habría mandado "mil felicidades papy".

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena.

 

A mi madre

 

Querida madre:

Siempre estarás en mí, siempre irás conmigo, ahora mucho más, porque estás en el viento, en el aire que respiro.

Ya eres libre, dijo Pilar.

Ya estás en el viento, en el agua, en las flores, esas que tanto te gustaban, las que recogías hasta en las calles y volvías a sembrar porque, para ti, eran un ser vivo.

Ya estás en el lugar que más te gustaba, donde más disfrutabas, a donde no pudiste ir los últimos años.

Ya eres libre...

Cada día me siento

 más huérfana,

cada día más sola,

cada día más perdida.

No tengo tu regazo,

para consolar mis penas.

Y el mío está seco,

solo y frio.

Hasta el día en que,

loca de tanto vivir,

pueda ir a reposar en otro,

a ella

que salió de mí.

“Tu regazo”. Flor Zapata Ruiz, madre de Helena..

Te quiero, mamá.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena.

Morir sin hijos

Hace casi seis años, lo recuerdo bien porque al día siguiente, en los desayunos de televisión española se iba a tratar el tema de los accidentes de tráfico, y me llamaron desde una asociación de víctimas para decirme que iban a sacar la esquela de aniversario de mi hija, y hablaría de ella si les daba permiso, pues, como decía, hace seis años, acompañaba a un hombre, primo de mi padre, que acababa de perder a su mujer, después de una larga enfermedad.

En ese momento, mi acompañamiento en nombre de mis padres que ya no estaban en situación de hacerlo, no era tanto para suplirles, sino como solidaridad hacia alguien que, en su momento, también fue un padre sin hijo, porque lo perdió también en un accidente de tráfico.

Eso había ocurrido muchos años antes, cuando yo casi no sabía lo que era ser padre y cuando no reparaba en los accidentes de tráfico.

Para este matrimonio también era su único hijo. Y allí, en el tanatorio de un hospital, rodeado de tan solo unos vecinos, me impactó el comentario de este hombre sobre su mujer que acababa de fallecer: "se pasó cinco años llorando y besando la foto del hijo".

El tono era de reproche, de queja. Me llamó mucho la atención, pero allí también aprendí que el dolor dura mucho, él hablaba de cinco años, yo en ese momento llevaba solo uno.

Ayer, nuevamente, acompañaba a este hombre, pero él ya no me podía ver. Por fin se reúnen los tres.

Tanto ayer como hace seis años, lo que predominaba era la soledad. Este hombre, parece ser, tiene muchos sobrinos, pero allí solo había una.

Cuando el dolor es reciente y aún no te ha dado tiempo a pensar en lo que perdieron los que se fueron, porque solo piensas en lo que has perdido tú, reflexionas sobre quién recogerá tus cosas, quién derramará unas lágrimas por ti, quién llevará flores a tu tumba, ahora que ya no tienes hijos.

No hay nada más desolador que pensar que tras de ti no habrá nada, que tu recuerdo se borrará porque tus hijos se marcharon antes que tú.

Vivir sin hijos puede ser una opción, morir sin hijos una desesperación.

Descansa en paz, Jesús Zapata. Tus cinco años de lágrimas, Julia, eran algo normal.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena.

 

Veinticuatro horas

Hay días que parece que tienen 24 horas. Sí, 24 horas de un solo pensamiento, un solo recuerdo que martillea una y otra vez.

Pero diréis que eso no es posible porque el día tiene 24 horas y algunas las pasamos durmiendo. Claro. Pero es que hay días que tampoco se duerme, o el sueño es una continuación de la vigilia.

Hay días que se pasan entre salto y salto. Unas veces saltos más grandes, más largos, de más duración: ¿unas cuantas horas sin pensar, sin recordar?

¡Qué locura! Todo el día pensando en ti.

Hay veces que...
mi alma baila tangos con la soledad,
y necesito de tabla tu amor,
para asirme a ella en mi tempestad.
Pensando en ti,
paso el dia pensando en ti.
Enseñame...
a escuchar tus labios, a leer el sol,
llevame a donde los sueños fabrican tu voz.
Pensando en ti,
duermo el odio pensando en ti.
Donde estas?...
tengo miedo ayudame a caminar
pues solo nunca yo podre encontrar
la forma de ser libre, quiero despertar.
Pensando en ti,
acuno mi alma pensando en ti, (paso el dia pensando en ti)
paso el dia pensando en ti, (paso el dia pensando en ti)

(Pensando en ti. Mago de Oz)

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena.

http://youtu.be/YdZ3FXHdKuU

La vida sigue igual

Ayer, cuando me dirigía a mi clase de escritura, en mi cabeza comenzó a sonar esta canción

Unos que nacen otros moriran
Unos que rien otros lloran
Agua sin cauce rio sin mar
Penas y glorias, guerras y paz

Siempre hay porque vivir
Porque luchar
Siempre hay por quien sufrir
Y a quien amar

Al final las obras quedan
Las gentes se van
Otros que vienen las continuaran
La vida sigue igual

Nunca fui demasiado fan de Julio Iglesias. Al principio, porque me parecía soso, y después, porque me parecía que tenía demasiada pose. El recordatorio de esta letra fue porque  la calle estaba tan llena de vida: madres con niños, personas paseando, gente con prisa, niños en los parques, perros haciendo sus necesidades en las aceras... en definitiva, había vida en la calle y yo iba llena de pena y muerte.

La vida sigue, la de los demás y la propia, porque no hay forma de pararla, aunque ese sea el deseo de muchos a los que les cambio, perdón, nos cambio, la vida, en un segundo.

Después, en clase, donde no se entendió mi relato (tengo que dejar de intentar ser escritora, no lo consigo, no se me entiende, sigo siendo muy aprendiza), hubo un relato de una compañera que me zarandeó internamente. Decía así, y tened en cuenta que está sacado totalmente de contexto, pero sirve como frase de reflexión:

"Tu vida ha expirado en el momento previsto, cuando así estaba dispuesto. Pero yo ¿cómo debo afrontar ahora tu partida? ¿Acaso debo inmolarme en inútil sacrificio para dar sentido a la sinrazón? Me rebelo".

Magnifico, compañera Nieves.

No era nuestro caso, el tema era una relación de amistad, pero me trajo el recuerdo de algunas madres que se culpan de que, pasado muchos años, quieran volver a la vida, que se compren,  nuevamente, porque después de tantos años se echo a perder,  pintura para pintarse los ojos, nueva ropa, que quieran impregnarse de vida. Y después de lo que llevamos pasado, se sienten culpables.

¿Qué culpa tuvimos nosotras? ¡Ninguna! ¿Dónde están los culpables? ¡Viviendo, mientras nuestros hijos están dos metros bajo tierra, o esparcidos por el aire!

Ayer, era uno de esos días de cal (lloro), hay otros de arena (risa), con lo que seguimos construyendo nuestro día a día. El que nos tocó vivir. Lo que nos adjudicaron. Un día de cal porque, cuanto más tiempo pasa, menos momentos encuentras para llorar o peor visto está. Ya pasó el tiempo de duelo.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, muerta por la acción de un conductor con alcohol.

 

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