¿Conoces a tus hijos?
Hace unos días nos llegó la carta del cole de Sofía con el formulario para la matrícula y un cuestionario para rellenar... ¡y vaya con el cuestionario! te preguntan hasta cómo fue el embarazo... Aparte de los datos identificativos clásicos, te piden toda una serie de datos médicos, de evolución motriz y del lenguaje, de conducta emocional y social, de hábitos alimentarios, de sueño, de higiene y limpieza, de juego, objetos de apego, relaciones familiares... y desde luego está muy bien. Para ellos tiene que ser una base muy buena a la hora de trabajar con niños tan pequeños, pero a los padres nos plantea un doble reto.
El primero es pensar si realmente conocemos a nuestros hijos. No es ninguna tontería. Cuando mi marido leyó el cuestionario me vino todo contento porque había visto que podía contestar a todas las preguntas, que sí que conoce a su hija. Sin embargo, no hace mucho alguien cercano me comentaba que en una reunión de trabajo se habían quedado todos un poco mustios a raíz de un comentario que les hizo darse cuenta de que sus hijos son unos completos desconocidos para ellos. Sí, ya sé, parece algo antiguo. Más propio de generaciones anteriores, en las que la mujer se quedaba al cargo del hogar y el hombre trabajaba todo lo que hiciera falta para garantizar el aporte económico. Y sin embargo, me sorprende ver hasta qué punto el tópico sigue siendo cierto.
El segundo es plantearnos ciertas mejoras. Preguntas como ¿juegan diariamente con el niño? reconozco que nos han hecho pupa. Porque me encantaría contestar que sí, por supuesto. Pero mentiría. En el ajetreo del día a día, justo nos viene para salir corriendo del trabajo, recoger a los niños, llevarlos a casa, como mucho dando un paseo, y si hace bueno parando un ratito en el parque, baños, cenas y a dormir. No es que no juguemos nunca con ellos, tampoco es eso, pero lo cierto es que deberíamos dedicarle mucho más tiempo a este aspecto. A cambio paseamos mucho juntos, todas las noches sin falta le leemos un cuento cada uno a Sofía...
Otra historia es ir rellenando el formulario de marras. En la mayoría de los apartados estamos de acuerdo pero siempre hay alguno en el que yo digo tan convencida que SÍ y él, igualmente seguro, suelta que NO. Pero también eso está bien. Genera una discusión que de otra manera probablemente no habríamos tenido. Y volvemos a la falta de tiempo. Si ya en general encuentro que tengo poco tiempo para simplemente charlar con mi marido, las conversaciones sobre los niños no son una excepción. ¿No echáis de menos las largas charlas sobre cualquier cosa? nosotros como mucho intercambiamos unas frases rápidas sobre el trabajo o sobre lo que hay que hacer esa tarde o al día siguiente, así que no está de más que un oportuno cuestionario nos haga hablar sobre nuestros niños.
Y el caso es que por ahora no es difícil conocerlos si se hace un pequeño esfuerzo. Sofía todavía no tiene la picardía de mentirte ni ocultarte cosas. Me hace gracia cuando le va a su padre llorando porque le he reñido o le he pegado y él le pregunta, ¿y tú qué le has hecho? y ella contesta con toda sinceridad: "darle patadas" o "tirarle del pelo". Ya llegará, y me temo que no tardará mucho, la época en que nos mientan con toda su caradura y traten de escondernos la mitad de las cosas que hagan. Supongo que el crear unas buenas bases desde la más tierna infancia ayudará a retrasar o minimizar ese problema, pero todos los hijos mienten a sus padres en cierta medida. Me conformaré con que sea en las chorradas en que engañaba yo a mis padres y la cosa no vaya a más...
¿Qué me decís? ¿conocéis vosotr@s a vuestr@s hij@s? ¿Estáis de acuerdo con vuestra pareja en este aspecto? ¿tenéis tiempo para charlar sobre su educación o las peculiaridades que encontraís en ell@s?
Lamamma