Escuelas de padres
Algo ha cambiado demasiado deprisa en nuestra sociedad. O mejor dicho, muchas cosas han cambiado demasiado deprisa. Las familias han dejado de ser exclusivamente papá, mamá e hijos para ofrecernos toda una variedad de composiciones. Familias monoparentales, homosexuales, divorciad@s que vuelven a casarse (o juntarse, para el caso lo mismo da); las mujeres hemos dejado de ser el pilar afectivo del hogar y los hombres ya no son los únicos que aportan dinero a casa. El cambio ha sido demasiado brusco y todavía estamos intentando adaptarnos a él. Para muchos supone un choque con la educación recibida a lo largo de muchos años, los hay que no consiguen hacerse a la idea de que su familia no dependa en exclusiva de sus aportaciones económicas, a veces hasta es la mujer la que gana más dinero que el hombre; muchas mamás trabajadoras se sienten mal porque piensan que no están cuidando de su hogar como deberían...
¿Qué efectos tiene todo esto en los niños? es un hecho que los menores pasan cada vez más tiempo sólos en casa. No es fácil compaginar trabajo y hogar, lo sabemos todos, y tampoco se puede llenar el tiempo de los críos con miles de actividades extraescolares que les mantengan ocupados (y vigilados) mientras nosotros trabajamos. Es también un hecho que cada vez hay más niños descontrolados. Falla la educación (y eso no es cuestión de cantidad de tiempo sino de calidad) Los remordimientos de conciencia de muchos padres por no poder pasar más tiempo con sus hijos se traducen demasiado a menudo en caprichos y consentimientos de todo tipo que acaban por formar auténticos pequeños tiranos.
Todo esto ha dado lugar a una proliferación de los cursos para entender y aprender a comportarse de forma adecuada con los hijos.
Antes éso se aprendía en casa, supongo. Quizás las relaciones familiares eran más fuertes, no lo sé. Y desde luego los roles estaban mucho más claros. Ahora parece ser que necesitamos tanta ayuda como puedan darnos, y las escuelas de padres acuden al rescate. Además de la orientación profesional de un experto, estas escuelas ofrecen un lugar de encuentro para distintas familias, que disfrutan de un enriquecedor intercambio de experiencias.
Otro problema de nuestro tiempo es la polarización de la educación. Los padres de repente parecemos querer delegar todo el trabajo de educar a nuestros hijos en la guardería primero y en el colegio después. Y desde luego, la escolarización es clave en el proceso educativo del niño, pero no puede trabajar sóla. Es fundamental que exista una perfecta coordinación entre la familia y los profesores o lo único que conseguiremos es despistar cada vez más a nuestros hijos. De hecho, es mayoritariamente en los colegios donde podemos encontrar las llamadas escuelas de padres, estructuradas de una u otra forma. Los contenidos varían enormemente en función de la edad de los niños a cuyos padres se dirigen. No son los mismos problemas los que nos encontramos con un niño de ocho años que con un preadolescente descontrolado. En cualquier caso, las escuelas de padres sí tienen unos objetivos comunes, tal y como se recoge en los escritos de su fundadora Sra. Vérine:
—«Que los padres tengan una mayor seguridad y confianza en el desempeño de su función educativa». —«Que logren conciliar los antiguos principios de la autoridad paterna con las ideas de la autonomía de la persona del niño». —«Que cada niño sea atendido por sus padres no sólo como un caso singular y distinto sino además como un ser libre». —«Que los padres, además de una instrucción psicológica adecuada, se entreguen a una labor personal de aplicación y observación de lo aprendido en el campo de relación con sus hijos».
A lo largo del tiempo estos objetivos fundamentales se han mantenido aunque, lógicamente con diversas adaptaciones y variaciones en función de la orientación de las escuelas. Algunas son más académicas, otras más relacionales. Las primeras buscarán fundamentalmente la transmisión de conocimientos teóricos a los padres, las segundas se esforzarán más en fomentar su intercambio de impresiones, sentimientos y experiencias. Realmente a ser padre no se aprende de golpe. Hay una parte puramente instintiva, por supuesto, pero la complejidad de la tarea de educar a un niño es demasiado grande como para no aceptar la necesidad de estar en formación continua. Es curioso, cualquier profesional admitirá fácilmente que en su trabajo es importante estar reciclándose continuamente, no quedarse obsoleto. Y sin embargo, ¿a cuántos padres se oye decir algo parecido? Yo no es que sea muy partidaria de las grandes teorías. No digo que no estén bien como base, pero los modelos teóricos son una cosa y la realidad otra bien distinta. Sin embargo la idea de compartir experiencias con otros padres sí me gusta. Sea en una escuela de padres o en un foro de internet, donde os puedo asegurar por experiencia propia que se aprende lo inimaginable (y de paso se forjan grandes amistades)
¿Qué pensáis? ¿os consideráis suficientemente formados como padres? ¿os parecería interesante participar en una escuela de padres?