La importancia de escoger colegio
Tan importante, tan importante es que los ansiosos padres no dudamos en hacer cuantas trampas estén en nuestras manos con el fin de mejorar nuestras posibilidades en el temido sorteo.
Para quien no esté al tanto del procedimiento, os lo explico brevemente. El proceso varía algo según comunidades pero en esencia es el mismo en todas partes. Os cuento el de Aragón. Los sufridos papás nos comemos la cabeza durante un tiempo variable en función de las hipocondrias de cada uno. En mi caso más de un año pero lo mío es tirando a grave, gravísimo. Escogemos el cole que más nos gusta para nuestros niños. O los coles en su caso. Si el susodicho es privado, y se puede pagar, a seguir sus órdenes y esperar no quedar olvidados entre los cientos de solicitudes que reciben todos los años. Hay un par de coles en Zaragoza de los que se dice que hay que apuntar a los niños desde que nacen, o mejor aún desde el embarazo mismo. Si el cole es público o concertado, comienza la ronda de averiguaciones. Cuántas solicitudes suelen tener, si suele haber sorteo o baremación por puntos, si suelen entrar todos...
Porque el proceso es el siguiente. Rellenas el formulario de inscripción con los típicos datos personales y escoges un colegio en primera opción y hasta seis más por orden de prioridad. Los colegios están organizados por zonas. Vivir en la misma zona a la que pertenece el colegio escogido te otorga seis puntos (repito, esto en Aragón, esta es la parte que cambia mucho de unas comunidades a otras), trabajar en esa zona cinco puntos (no adicionables, se te aplica la mayor puntuación pero nunca la suma de las dos, aunque vivas y trabajes) Tener hermanos mayores en el centro te da ocho puntos por el primero y uno más por cada uno de los siguientes. Ser familia numerosa también te da puntos, igual que tener ciertas enfermedades crónicas digestivas, endocrinas o metabólicas o alguna minusvalía . Ah, y que alguno de los padres trabaje en el centro da cinco puntos. Total, que en los colegios muy solicitados ya te avisan que como no tengas por lo menos los seis puntos de zona de residencia te olvides porque sólo con las solicitudes con puntos suplementarios ya cubren una buena parte de las plazas y quedan unas pocas para repartirse entre los simples mortales que acudimos con nuestros seis puntitos.
Pero hecha la ley, hecha la trampa. El clásico siempre ha sido empadronarse en casa de alguno de los abuelos para obtener al menos esos seis puntos básicos. Pero claro, en cada comunidad la cosa cambia, y por lo visto en Andalucía, ser familia monoparental también da puntos. Así que ya venían observando un sospechoso aumento de los divorcios en estas fechas del año. Cuando decidieron investigarlo, descubrieron que se correspondía con familias con hijos en edad de escolarización que, desesperados por asegurar una plaza a su retoño en el colegio de sus sueños, eran capaces de recurrir hasta al divorcio exprés. Alucinante.
Nosotros teníamos los seis puntos de zona de residencia (por los pelos, la zona acaba en la calle perpendicular a la nuestra, pero entrábamos) Y punto pelota. Y nuestra primera opción en principio era un colegio concertado, de los muy solicitados. Teníamos una segunda opción que también nos gustaba. Un colegio público bilingüe en alemán. Lo habíamos estado viendo y nos había gustado mucho. Además encajaba bien con mi idea inicial: cole laico y bilingüe.
Pero ya os hablé de Marianistas en otro post. Salí enamorada de la visita. Y eso que lo de llevar a mis hijos a un cole católico nunca me ha hecho mucha gracia. Pero tampoco era mi criterio más importante, sobre todo habiendo podido comprobar por propia experiencia la apertura de miras de los marianistas (nos casamos allí, mi costi es exalumno y si no se casaba en su antiguo colegio le daba un patatús y como a mí me daba lo mismo un sitio que otro...) En fín, que después de mucho pensar y valorar el riesgo, porque la segunda opción era muchísimo más segura, mientras que con la primera calculamos que nos la jugábamos al cincuenta por ciento, tomamos nuestra decisión. Nos arriesgaríamos con nuestros seis puntitos a Marianistas. Cara o cruz.
Ya se sabe que el que no arriesga no gana. Y nosotros arriesgamos, y sin trampas además. Tampoco podíamos hacerlas, por otra parte... así que en realidad no tiene mérito. La semana pasada fue el sorteo. Mandamos a un emisario a enterarse bien de todo. Sabíamos el número que llevaba Sofía, sabíamos el número total de solicitudes, y sabíamos el número que había salido. Pero nos quedamos con la duda. Cabía dentro de lo posible, sí, pero andábamos demasiado lejos. Se avecinaba una semana de cábalas. Nos faltaban datos. No sabíamos cuántas de las casi 300 solitudes eran para primero de infantil y cuántas para otros cursos, no sabíamos cuántos solicitantes tenían asegurada su plaza por tener más de seis puntos... intentamos no pensar demasiado en ello pero la idea volvía siempre a nuestra mente. Sobre todo porque el colegio bilingüe que finalmente habíamos puesto en segunda opción también se había llenado en la primera ronda, con lo que ya no teníamos posibilidades de que nos lo asignaran en caso de no entrar en Marianistas. Es lo malo de las segundas opciones. Casi todos los colegios que nos puedan parecer interesantes tienen más solicitudes que plazas así que se llenan en la primera vuelta. Si en el sorteo no tienes suerte quedas a merced de quién sabe quién que decide, entre los colegios que aún tienen plazas libres, a cuál va a mandar a tus criaturas. Intento transmitiros la sensación pero sé que no lo estoy consiguiendo. El año pasado yo misma veía a algunas amigas pasar por lo mismo y sí, escuchaba lo que me contaban... pero hasta este año no me he dado cuenta de lo lejos que estaba de entenderlas realmente.
Por fin este viernes salieron ya las listas provisionales. Habíamos rellenado la casilla sombreada en la que podías indicar tu número de móvil y tu email para que te avisaran del resultado. Había avisado a mis compañeros de trabajo de que el viernes procuraran no cruzarse mucho conmigo (ya me habían sufrido bastante el viernes anterior con todo el rollo del sorteo). Por suerte las noticias no tardaron nada en llegar. Aún no eran ni las nueve de la mañana cuando la pantalla de mi móvil se iluminaba y el conocido pitidito me hacía saltar el corazón. Lo cogí a la velocidad del rayo y casi sin mirar abrí el mensaje. Lo tuve que leer dos veces para enterarme pero sí: Sofía había sido admitida (provisionalmente claro) en Santa María del Pilar (Marianistas) Reenvié el mensaje al móvil de mi costi y aún no había terminado de dejar el mío en el bolso y ya me estaba llamando... uff... lo habíamos conseguido. La palabrita "provisional" todavía nos molestaba un poco pero sabíamos que una vez dentro, si no has hecho trampas, ya no sales.
El sábado se empeñó en subir al colegio a ver las listas. Quería comprobarlo con sus propios ojos y de paso fijarse en algunos detalles como cuántos se habían quedado fuera por fin... yo no sentía esa curiosidad, pero me quedé helada al mirar las listas. De 92 plazas asignadas ¡Sofía había conseguido la 91! ¡por los pelos!
En fin, que lo de los coles es un rollo, una agonía, un sinvivir... pero ¡ya lo hemos pasado! y con Guille todo será mucho más fácil. Con los ocho puntos de hermana mayor en el centro ya no deberíamos tener nada que temer, aunque como sigamos así vete a saber... pudimos comprobar que de las 92 plazas, 66 se habían ocupado con niños con más de seis puntos. El primero de ellos tenía 19 nada menos... y eso que no vivía en la zona y sólo tenía los cinco puntos de zona de trabajo. Pero tenía familia numerosa y, según mis cálculos, ¡cinco hermanos en el centro! Así cualquiera...
¿Qué os parece lo de las trampas? ¿las haríais si tuvieráis la ocasión? ¿aún sabiendo que si te pillan te invalidan la solitud? ¿hasta ese punto son tan diferentes unos colegios de otros? ¿como para volverse loco y divorciarse para conseguir el que deseas? no sé... ¿qué pensáis?