Enamorada del Guggenheim
Y yo que creía que me iba a gustar más el contenido que el continente... en serio, había visto el museo cantidad de veces en fotos, pero nada que ver con verlo al natural. ¡Todo un flechazo! Pero os lo cuento por partes...
Al final pude escaparme una horita antes del trabajo. Había llegado prontito después de comer para intentar quitarme trabajo de encima y, para mi sorpresa, mis chicos, tanto clientes como proveedores, se portaron bien y no me dieron mucha guerra. Así que a las cinco de la tarde salíamos rumbo a Bilbao (carísima autopista, por cierto) y a eso de las ocho llegábamos al hotel. Justo para dejar las cosas, descansar unos minutos, ponerme guapísima (más aún de lo normal... ejem...) y salir a cenar. Ooops, llueve... yo quería coger el tranvía para bajar al casco viejo pero mi costi es aún más cabezudico que yo y se empeñó en el metro y al metro fuimos (en estos casos siempre juega con ventaja, él siempre sabe por dónde hay que ir y yo me pierdo hasta en mi casa así que al final siempre se sale con la suya) De pintxos por la Plaza Nueva. Disfrutamos a tope de la novedad de no tener que andar mirando el reloj ni pendientes de los niños. A la salida había dejado de llover así que aprovechamos para volver al hotel dando un paseíto por la ría. Se había quedado una noche fantástica así que callejeamos un poco por el casco viejo. Me encantaron muchas de sus casas, tan arregladitas, con esas balconadas espectaculares, algunas de ellas tan llenas de plantas y flores. Precioso el teatro. También la estación de tren. Poco más pudimos ver, la verdad. La visita era fugaz, fugaz. Pero nos gustó mucho el paseo por la ría, cruzando y recruzando por distintos puentes. Es lo que tiene ir sin niños, sin prisas...
Nos acercábamos ya al Guggenheim y, apenas, adivinando los contornos de la famosa araña, ya empecé a sentir un cosquilleo. Llamadme tonta o lo que queráis, pero me hacía una ilusión loca. Todos mis sentidos anticipaban lo que iba a llegar. No pude evitar por supuesto meterme entre las estilizadas patas,
ir de una a otra, tocarlas... (en estos casos vuelvo a ser niña en tiempo record) Hasta le planté un besazo al costi de puro emocionada que estaba. Pero el summum fue llegar a las puertas del museo. ¡Adoro a Frank Gehry! no entiendo un pimiento de arquitectura, pero ¿acaso hace falta saber para enamorarse? Esas curvas sinuosas, esas texturas de titanio y piedra caliza, esas aristas tan de repente. Formas, perspectivas y volúmenes manejadas por obra y gracia de un mago caprichoso, empeñado en desafiar tantas leyes como se le pongan por delante. Con la ayuda de la informática, de acuerdo. En concreto del programa Catia, diseñado en origen para la industria aeronaútica con el fin de proyectar superficies curvas con control numérico finito (casi ná). Pero también he leído que al desarrollar las formas del museo, Gehry trabajó inicialmente con modelos de papel y madera a distintas escalas, y que se inspiró en las figuras recortadas de Matisse "esas formas grandes y cortadas de forma casual... lo que tienen de torpes y desgarbadas" Para mí, simplemente, amor a primera vista. Lo había visto cientos de veces en fotos, pero nada que ver con verlo al natural. De hecho, sí, lo había visto también desde el coche, buscando el hotel. La típica imagen frontal desde la calle, con el perrazo Puppy en primer plano. Pero decididamente, no es ésa la cara que más me gusta. El flechazo fue desde el lado de la ría.
Tan absorta estaba en su contemplación que me costó un poco enterarme de que empezaba de nuevo a llover. Mi marido me sacó de mi ensimismamiento para llevarme hacia el hotel. Y aquí abriremos un pudoroso paréntesis que nos llevará hasta la mañana siguiente, cuando ya desayunados y todo salíamos de nuevo hacia el museo, encontrándonos con toda una colección de ertzainas por sus alrededores (no sería hasta un par de horas más tarde cuando descubriríamos el por qué... la visita de los príncipes de Asturias)
Pero entremos en el Guggenheim. La estructura interior no me impactó tanto como la exterior pero tampoco le falta mérito. Nos lo pasamos como niños en la sala Arcelor Mittal,
entrando y saliendo de esas impresionantes esculturas de acero. Ni una sola perpendicular al suelo, elipses, curvas, recurvas... torsión elíptica, torsión espiral, la serpiente... escuchar el eco de tus pasos (curiosa la acústica entre las planchas) Hablamos por supuesto de "The matter of time", del escultor Richard Serra. La obra más grande mide unos 15 metros de largo y tienen unos cuatro o cinco metros de alto. Impresionante, ¿no? y todo esto en acero... se cumple el deseo de Frank Gehry para su museo, del que esperaba que "fuera capaz de alojar tanto un dibujo de Picasso como la escultura contemporánea más grande y pesada que existiera"
Y todavía ni me había acercado a los surrealistas... lo confieso, me sorprendió la exposición. Pocos cuadros y muchos objetos, vestidos, joyas... me moría de ganas por ver el famoso vestido esqueleto
de Elsa Schiaparelli. Me gustó descubrir a Isamu Noguchi y algunas de las joyas diseñadas por Dalí. El impacto de la colaboración de algunos surrealistas en el ballet, la incisiva frase del Dr. Agha, de Vogue "lo que hoy es un escándalo artístico snob será un estilo aceptado mañana y un estilo mercantilizado al día siguiente". Me fascinó la maqueta del túnel creado para la exposición "Art of this century", en 1942. Cuadros sacados de sus marcos e instalados sobre brazos extensibles, iluminados alternativamente durante tres segundos y medio para volver al final a la iluminación normal. Y de repente oscuridad absoluta y el ruido de un tren... surrealista total... Pero repito, la exposición estaba bien pero lo que de verdad me impactó fue el edificio, toda una obra de arte en sí mismo.
Pido disculpas por la profusión de fotos pero siempre he sido muy mala con las descripciones. No sé si es causa o efecto de mi afición a la fotografía pero supongo que algo tendrá que ver.
Y ahora os dejo con una frase de Gerard, un curioso personaje de la novela de Boris Izaguirre "Villa Diamante":
"La única verdad en la cultura, en todo lo que puedas observar en sus vastos confines, es disfrutar con la belleza que provoca"
¿Me contáis qué os inspira a vosotr@s el arte? ¿la arquitectura? ¿la pintura? ¿la fotografía? ¿Qué edificio, representación o exposición os dejó el más grato recuerdo?
Lamamma