Casas pequeñas, juguetes grandes...
La paradoja de nuestro tiempo. Las casas son cada vez más pequeñas, pero los juguetes los hacen cada vez más grandes. ¿Cómo se come eso? Lo pensaba el otro día pensando en qué regalarle a Sofía por su cumpleaños. Vi en el catálogo de imaginarium una cocina muy completa y me gustó. Pero me pareció demasiado grande. Bueno, no es problema, pensé, como Guille ya no usa apenas el parque, y para el cumpleños de Sofía es de suponer que ya camine sólo, quitamos el parque y en ese hueco me cabe muy bien la cocina...
También quería haberle comprado hace tiempo una mesita para que dibuje y haga sus cosas, pero ¡es que ya no puedo meter más trastos en casa!
Porque esa es otra... estos críos tienen ya tantos juguetes que una ya no sabe qué regalarles. Y si encima tienen que regalar también abuelos, tíos y demás cohorte... al final es una locura. Total, para nada... esta tarde la estaba viendo jugar tan contenta con sus plastilinas a cocinar y me he dado cuenta de que sería una memez regalarle la dichosa cocina. ¿Para qué? ¿para dárselo todo hecho una vez más? afortunadamente los niños tienen una gran imaginación, pero nosotros a veces, por querer darles lo mejor, no nos damos cuenta de que lo mejor ya lo tienen y que nuestros regalos lo único que hacen es robarles ese maravilloso don. Mi hija esta tarde nos ha preparado con su plastilina tortilla, croquetas, pizza... la tapa del cubo era la sartén (¡cuidado, quema! nos decía) Estaba jugando en la mesita de centro del salón (tampoco necesita más mesas, esa le encanta... si es que es todo tontería nuestra) en la parte de arriba preparaba la pizza y luego la metía al horno (la parte de abajo de la propia mesa). Con éso también había que tener cuidado, también quemaba.
De verdad, hoy observándola jugar he desechado totalmente la idea de la cocinita. No la necesita para nada. Es todo mucho más sencillo de lo que nos empeñamos en hacerlo. He recordado también la casita de madera que hay en la zona infantil cerca de casa. Y decir casita es hacerle un favor, porque es lo más sencillito que hay. Pero tan sencillo que sirve para todo. La mayoría de los niños pequeños la convierten en cocina o tienda, y te sirven lo que les pidas, chocolate, helados... los más mayores trepan por ella, la convierten en los más insospechados lugares donde correr sus aventuras. ¿Quién necesita completas cocinas o supermercados diseñados hasta el más mínimo detalle? sólo una mente adulta, aburrida, falta de la más mínima imaginación, podría necesitar algo así. Un niño también puede divertirse con esos juguetes, por supuesto, pero no le hace ninguna falta tanto detalle. Al final lo único que hacemos es matar poco a poco su capacidad creativa mientras llenamos de trastos los escasos huecos libres de nuestras, cada vez más pequeñas, viviendas.
Cuanto más lo pienso más difícil me resulta elegir el mejor regalo de cumpleaños para mi hija. La ropa queda descartada, ya lo he comentado alguna vez, no me parece un regalo para un niño. Y no es que no agradezca que me regalen ropa para mis hijos, pero siempre me parece un regalo para mí, no para ellos.
Tampoco digo que no haya que comprarles ningún juguete. No es eso, en el equilibrio está la virtud. Pero sí que es cierto que, en nuestro loco intento por hacerlos felices, se nos olvida pensar en lo que de verdad les gusta a ellos. Siempre me sorprende cuando voy a visitar a alguna familia con hijos la cantidad desmesurada de juguetes que se ven por todas partes. ¿De verdad es eso lo mejor para ellos? lo dudo... cierto que de más mayorcitos son ellos quienes lo demandan. Pero ¿por qué? ¿no será porque les hemos acostumbrado a ello? ¿porque les parece lo normal? ¿porque a fuerza de insistir acabamos matando de verdad su creatividad para convertir cualquier sencillo objeto en el mejor de los juguetes?