Conciliación de vida laboral y familiar...
a veces me la creo... a veces me parece sólo un chiste malo, pero la mayor parte del tiempo creo que vivo en una especie de limbo en el que "ni sí ni no, ni blanco ni negro"...
Y el tema es complejo de narices, porque sí, vale, a todos nos gustaría contar con un horario flexible... las maravillas del trabajo por objetivos. Y de hecho en algunos casos existe. He conocido a gente que tiene libertad absoluta para entrar y salir de la empresa a su aire, o trabajar desde casa si lo prefiere, siempre y cuando el proyecto que tiene encomendado esté listo para la fecha acordada. Maravilloso, ¿no? bueno, depende... también hay que tener una gran capacidad de autoorganización para trabajar así, pero sí, a grandes rasgos es un chollo.
Pero no todos podemos optar a eso, o al menos no en nuestro actual trabajo. Una parte importante de mis funciones es la atención a mis clientes, por fax, por email... pero también por teléfono. Y eso me supone la obligación de estar presente en la oficina durante un horario laboral razonable. Imposible para mí la flexibilidad de horarios. Y eso que no me quejo, que tengo un horario relativamente bueno. Los hay mucho peores, desde luego.
Por eso digo que a veces hasta me la creo. O me creo la ilusión de que la he conseguido. Pero no es cierto, lo que he conseguido es que mis padres y suegros creen una relación muy especial con sus nietos a base de pasar un montón de horas con ellos. Bueno, en realidad, ésto ya ha cambiado para Sofía, que ya va ocho horas al día a la guardería, y cambiará para Guille en cuanto haga lo mismo, y por supuesto en cuanto los dos vayan al colegio espero que todo sea mucho más sencillo para todos, aunque no tengo la menor duda de que pronto descubriré lo equivocada que estoy, pero en fin.
Y ¿a qué viene todo ésto? pues viene por dos cosas. Lo que acabo de comentar ahí arriba viene de que el otro día curioseando la página web de un cole que nos llamó la atención (público, bilingüe en alemán) estaba mirando las actividades extraescolares y para los pequeñitos de primer curso de infantil, por razones de adaptación, horario, siesta y tal, sólo ofertaban la posibilidad de clases de natación. Obligatorio que los niños fueran acompañados. Y yo encantada de acompañar a mi hija a aprender a nadar, vamos, pero si es el único deporte que me gusta a mí... peeeerooo, problema, las susodichas clases eran una tarde a la semana, por supuesto en horario perfectamente incompatible con el mío o el de mi marido.
¿Y qué hago? ¿pedirme una tarde libre todas las semanas? mal camino... ¿acordarme de las maravillas del horario flexible y tratar de modificar mi horario para poder tener esa tarde libre? ¿todas las semanas? no lo veo... En fín, es sólo detalle, no es ningún problemón, desde luego, pero ¿cuántos más como ese me iré encontrando durante los primeros años de escolarización de mis hijos?
El otro motivo de este post es más general. Hace unos días una amiga me envió una petición de firma por la conciliación. Os dejo el link por si os interesa. Veréis que aboga por la incentivación a las empresas por parte del gobierno para que adopten políticas de flexibilización. Y yo aquí me tropiezo con mi ambigüedad de siempre. Tengo la desgracia (que lo es) de ser una obrera con mentalidad de patronal. Hace falta ser tonta, sí, lo sé... pero qué queréis, es lo que hay... y veo estas cosas y como madre me parecen bien; claro que me gustaría tener mayor flexibilidad, poder llevar yo misma a mis hijos al cole, comer con ellos, llevarlos a sus actividades extraescolares. Y todo esto desde luego sin renunciar a mi trabajo, incluso sin renunciar a seguir desarrollando mi carrera laboral hacia metas mayores. Pero como trabajadora responsable, que también lo soy, lo que veo es que todo no se puede.
Sí se puede, y se debe, luchar por ir consiguiendo pequeños logros. Ya os he comentado alguna vez que para mí la opción de la baja laboral a media jornada es un invento maravilloso. Medidas como ésa me parecen geniales. Y no deja de ser una flexibilización, aunque por un período corto de tiempo. Y para mí era buena, pero para otras madres, para otros puestos de trabajo, será seguramente imposible de plantear. Pero que existan opciones es bueno. Que se luche por educar a los empresarios y directivos en la necesidad de buscar soluciones conjuntamente con sus empleados para mejorar esa conciliación, me parece fundamental. Pero no creo que todo se arregle con incentivos económicos. De hecho creo que pocas cosas se solucionan de verdad así. El problema de que yo de repente pidiera un cambio en mi horario que lo hiciera más acorde con mis obligaciones familiares no se soluciona con dinero. El problema sería que durante ciertas horas alguien tiene que haber en la oficina realizando mi trabajo, y si no soy yo, tendrían que contratar a otra persona. Y coincidiréis conmigo en que resultaría bastante estúpido tenernos a dos personas para hacer el trabajo de una. Y de paso sería un lío continuo con lo que ha hablado una y otra con unos y otros clientes. Lío para nosotros y para ellos. Un desastre, vamos.
Sin embargo, me pierde mi vena optimista, y en el fondo sigo pensando que la conciliación es posible. Pero es posible en el marco de una empresa flexible por sí misma, que sea capaz de plantearse como prioridad el hablar con sus trabajadores para buscar conjuntamente las soluciones necesarias. Por supuesto con la misma actitud por parte del trabajador. Tampoco vale eso de "me corresponden tres días y aunque no me hacen ninguna falta, yo me los cojo igual"
No sé, ¿qué pensáis? ¿es una utopía? ¿creéis que algún día alcanzaremos esa difícil meta? y, fundamental, ¿creéis que algún día será una meta tan importante para ellos como para nosotras? ¿que en las empresas se verá igual al padre que a la madre? o mejor aún, ¿que algún día dejaremos de ser padres o madres, hombres o mujeres, para ser simplemente trabajadores, con nuestra problemática, pero también con nuestras ventajas competitivas propias e individuales, independientemente de nuestro género o situación civil? espero con ansia vuestras opiniones.