¿Amistades peligrosas?
Basta acercarse cualquier día, en hora punta, a la zona infantil de cualquier parque o plaza para constatar las enormes diferencias entre los niños desde bien temprana edad. Los hay más lanzados, más tímidos, más atrevidos, más miedosos... Pero en cualquier caso, el parque, como la guardería, o más adelante el colegio, son escenarios donde los pequeños tienen ocasión de desarrollar sus habilidades sociales.
Por supuesto, interactuar con otros niños conlleva ciertos problemas. Seguro que más de una vez se os partido el alma viendo como otro niño pegaba o insultaba al vuestro, o como no le dejaban jugar o no le hacían ningún caso por ser más pequeño que los demás... son todas situaciones habituales que forman parte del desarrollo normal de los niños. Pero ¿cuándo deberíamos empezar a preocuparnos? Todos nacemos con una parte de nuestra personalidad ya definida. Desde bien chiquitines, el contacto con la familia o lo que vivimos en nuestro entorno más cercano, siguen configurando los que serán los rasgos de nuestro carácter, que continúa desarrollándose en cuanto comenzamos el proceso de socialización. Todo ésto hace, indudablemente, que haya niños especialmente tímidos, a los que les cueste más relacionarse con otros compañeros, pero también pequeños especialmente agresivos o nerviosos, que pueden complicarles mucho la vida a los más retraídos.

En los dos casos resulta muy importante el ejemplo que reciban en casa. En hogares en los que haya continuas discusiones y faltas de consideración entre sus miembros, los hijos aprenderán a no respetar a los demás. Si en la familia se reciben pocas visitas, se queda raramente con amigos, no se habla apenas con los vecinos del bloque o del barrio, ni con los tenderos que nos atienden habitualmente, a los niños les resultará más difícil entablar nuevas relaciones. Como siempre, la responsabilidad que tenemos los padres en ese aspecto del desarrollo de nuestros hijos es enorme.
Pero una vez que ya estamos haciendo todo cuanto podemos por favorecer la adquisición de habilidades sociales de nuestros pequeños, podemos tropezarnos con las habilidades, o falta de ellas, de los demás, ¿qué hacemos si nuestro hijo está jugando en el parque y vemos que está siendo acosado por otro niño? La tendencia natural de cualquier padre supongo que es proteger a su retoño, pero ¿hasta qué punto debemos hacerlo? ¿no es mejor dejar que sean ellos quienes resuelvan sus problemas? aquí lo fundamental es ser capaces de evaluar correctamente la situación. Días mejores y peores los tenemos todos, eso no cuenta. Pero si nuestro hijo, de normal, tiene un comportamiento social correcto, no suele tener problemas con otros niños, se relaciona bien con ellos, se muestra feliz en sus juegos y a la hora de ir al colegio, no depende excesivamente de los adultos, es capaz de expresar sus apetencias y necesidades y normalmente es aceptado en los grupos de juego o invitado a participar en ellos, creo que lo mejor es dejar que trate de resolver sus propios conflictos, lo que no dejará de fortalecer sus habilidades sociales, que como casi todo, mejoran con la práctica. Igualmente estaremos fortaleciendo su autoestima y confianza. Si al primer problema corremos a solucionarle la papeleta, lo primero que le estaremos comunicando a nuestro hijo es que no le creemos capaz de arreglarlo por sí mismo.
Por supuesto, hablamos de casos en que los niños tengan un desarrollo social dentro de lo normal, con sus particularidades, pero sin excesos ni en uno ni en otro sentido. Si tenemos un niño tremendamente agresivo o enfermizamente tímido, no está de más buscar ayuda profesional para ayudarle a establecer relaciones más satisfactorias con los demás. Igualmente, si nuestro hijo se ve en una situación realmente complicada, está claro que necesitará ayuda para salir de ella. Estoy de acuerdo en permitirles que aprendan a solucionar sus propios conflictos pero no hasta el punto de dejar que le den una paliza a ninguno de mis hijos sólo porque el contrario sea especialmente agresivo.
Lo que tampoco vale es la táctica del "no le hagas caso", o "pasa de él". En un primer momento puede servir para calmar una situación tensa, pero no enseña estrategias para hacer frente a este tipo de personas conflictivas, con las que por desgracia seguimos encontrándonos durante toda la vida. Hay que enseñarle a defender sus ideas, a no dejarse intimidar por nadie. Pero también, por supuesto, a respetar a los demás:
a no intentar imponer siempre sus preferencias, a turnarse para escoger juegos o disfrutar del columpio o de los juguetes disponibles, a prestárselos entre ellos, a compartir, a no quitarse nada por la fuerza. Se pueden utilizar ejemplos de nuestra propia vida, pero procurando que sean recientes y de los que haya sido testigo directo. Seguro que muchas veces nos han visto ceder ante nuestros padres o suegros cuando no nos poníamos de acuerdo en algo, o decidir con los amigos si optar por el plan que proponían ellos o por el nuestro. Tampoco es difícil que haya presenciado alguna situación complicada en la que hayamos tenido que defender nuestra postura ante algún energúmeno (seguro que se os ocurren un montón de anécdotas, hay tanto loco suelto por la calle...) Utilicemos esos ejemplos para que vea que también los adultos tenemos que resolver conflictos habitualmente y cómo lo hacemos.
Supongo que estáis pensando en algo más, y sí, por mi cabeza también ronda la palabra maldita: bullying, pero en principio no era el tema que quería tratar, aunque no me cabe duda de que dotar a los más pequeños de las herramientas correctas para aprender a gestionar sus pequeños conflictos, a la fuerza tiene que ayudarles de mayores a evitar problemas más graves. En cualquier caso, por si alguien se está enfrentando a algo mucho más serio que lo que yo he tratado hoy aquí, os dejo un link interesante sobre el bullying. ¡Espero que no lo necesitéis!
¿Cómo os enfrentáis vosotr@s a esos pequeños grandes conflictos de vuestros hijos? ¿interferís mucho en sus relaciones con otros niños? ¿les dejáis hacer a ellos? ¿vigiláis sin intervenir? no sé, contadme vuestras opiniones. En esto también es mucho más fácil decir que hacer, ¿verdad? Una cosa son las teorías y otra llevarlas a la práctica con tus propios hijos... Contadnos vuestras experiencias.
Lamamma